Los secesionistas usan el traslado del tesoro de Sigena como arma electoral

Los Mossos contuvieron con porras a 500 personas que protestaban por el cambio


redacción / la voz

La devolución de los bienes artísticos de un convento oscense que estaban ilegalmente en un museo de Lérida provocó ayer la enésima disputa entre los independentistas y el Gobierno. El traslado de las 44 piezas reunió ante el complejo museístico leridano a 500 personas que tuvieron que ser contenidas por decenas de mossos, que llegaron a sacar las porras, si bien no hubo heridos (una persona tuvo que ser atendida con una taquicardia tras el episodio). El resultado es que el Gobierno de Aragón está «muy satisfecho porque se ha hecho justicia», según la consejera de Cultura, Mayte Pérez, mientras los políticos catalanes muestran su disgusto, desde García Albiol -que recordó que su grupo había votado en contra del traslado, aunque acata la sentencia- hasta la CUP -«es un clásico de todas las ocupaciones coloniales: golpe de Estado, ocupación y saqueo», decía Carles Riera-. Las piezas salieron del museo después del mediodía, para llegar a Aragón a las cuatro de la tarde, aunque un lienzo se extravió.

La tensión fue la nota dominante durante toda la mañana, después de que Guardia Civil y Mossos d’Escuadra estuviesen en la zona desde la noche anterior, con una decena de furgones y las calles aledañas al museo cortadas, mientras un helicóptero vigilaba desde el aire la operación. La CUP había llamado a sus seguidores para que acudiesen al lugar a «defender» Cataluña del expolio: «Es un pequeño 1-O en Lérida, y tendremos muchos más, centenares, miles, en los próximos años, en los que se demostrará que la gente está dispuesta a hacer república y a defender las soberanía desde la calle», decía Carles Riera. Mientras, Puigdemont aseguraba que el Estado actuaba «con nocturnidad y usando una policía militarizada, como siempre, aprovechando un golpe de Estado para expoliar Cataluña con absoluta impunidad». El portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardà, por su parte, pidió que esta «humillación» sirva de advertencia sobre la aplicación del artículo 155.

Amenazas negadas después

Por haber, hubo hasta amenazas, aunque después fueron desmentidas. El director de los Servicios Territoriales de Cultura de la Generalitat en Lérida, Josep Borrell, dijo que «puede ser que a la gente de Aragón les pase factura, porque hay servicios que presta Cataluña a los aragoneses de forma desinteresada y generosa y que no se paga, como el servicio sanitario, pero podría ser que nos lo repensáramos». Por la tarde, el gerente de la región sanitaria de Lérida, Jordi Cortada, dijo que la Generalitat seguirá prestando asistencia sanitaria a los pacientes de la zona.

Miquel Iceta, del PSC-PSOE (que gobierna en Lérida ciudad y en Aragón), calificó de «error» el traslado, si bien lo desvinculó del 155. Él cree que «cuando se judicializan las cuestiones, los políticos pierden la capacidad de incidir». Para la presidenta del PP de Lérida, Marisa Xandri, lo ocurrido «es una consecuencia de la incapacidad negociadora de los Gobiernos separatistas».

Donde no hay una idea única es en Cataluña en Comú-Podem. El candidato catalán de la formación, Xavier Domènech, exigía que los que defendieron la aplicación del 155 como algo «quirúrgico» explicasen el traslado, mientras Irene Montero (Podemos en el Congreso) defendía que esos bienes «deberían estar ahí», por Aragón.

Una decisión de 1969 que lleva veinte años judicializada

Aragón reclamó en 1998 el tesoro de Sigena, pero la historia comenzó antes:

La salida de Aragón. Tras las desamortizaciones, el convento fue sufriendo un desmantelamiento que se paralizó en 1923 al declararlo monumento nacional, aunque un incendio en la Guerra Civil hizo que se trasladasen a Barcelona los frescos de la sala capitular. Fue en 1969 cuando el obispo ordenó a las monjas que se marchasen para reformar el cenobio y envió las piezas a Lérida y Barcelona.

¿Qué se recuperó? Se pedían un centenar de piezas, de las que 51 se devolvieron en julio del 2016 y 44, ayer. Falta un lienzo del siglo XVIII que «se extravió» en el museo leridano, pero este lo sustituyó por una pieza de alabastro sin inventariar ni reclamar.

Supuesta compra. La Generalitat adquirió la piezas entre 1983 y 1994 sin informar al Estado ni a Aragón. Teóricamente pagó unos 50 millones de pesetas: 10 millones en 1983, 25 en 1992 y 14,8 en 1994, pero no pudo acreditarlo en el juicio. El juez calificó la compraventa de simulada y por tanto ilegal, y la Audiencia lo ratificó.

Proceso pendiente. Hay recursos del Ayuntamiento y de la Diputación de Lérida, y del consorcio del museo. Además, el traslado es una medida cautelar, ya que será el Tribunal Supremo el que se pronuncie definitivamente.

¿Qué obras faltan? Son las pinturas de la sala capitular que el Museo Nacional de Cataluña tiene desde la Guerra Civil y que Aragón pide en otro proceso.

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