El juicio de La Manada resucita el caso Nagore, el terrible crimen de los Sanfermines del 2008

La madre de la joven, asesinada durante las fiestas de hace 10 años por negarse a mantener relaciones con un médico, pide que haya justicia en el caso de La Manada


Asun Casasola ha sido muy clara. La madre de Nagore Laffage, una estudiante de enfermería asesinada en los Sanfermines del 2008, ha pedido que «haya justicia» en el juicio de La Manada y ruega que se «crea y no se cuestione» a la denunciante. «No podemos estar cuestionando todo por ser simplemente mujer», aseguraba Casasola, que estos días ha vuelto a revivir el tormento que su hija tuvo que soportar hace ya diez años.

El juicio a La Manada ha vuelto a colocar en el ojo de la actualidad el caso de Nagore Laffage, una joven enfermera asesinada en el 2008 durante la celebración grande de Pamplona. La joven de 20 años era estudiante de segundo curso de Enfermería y realizaba prácticas en el mismo centro sanitario que su asesino, José Diego Yllanes Vizcay, un hombre de 27 años que en el momento de los hechos se encontraba estudiando cuarto de medicina en la especialidad de Psiquiatría. 

A pesar de trabajar bajo el mismo techo, Nagore solo le conocía de vista y ninguno había cruzado una sola palabra antes de su encuentro en los Sanfermines. El reloj marcaba poco más de las seis de la mañana y Nagore y Diego se encontraban en la calle después de una larga noche de fiesta. La joven disfrutaba de la juerga con sus amigas, mientras que el asesino apuraba las últimas copas después de haberse despedido de su novia. Además de llevar más alcohol de la cuenta encima, el médico sumaba más de 36 horas sin dormir y, según las pruebas realizadas después del asesinato, alguna que otra anfetamina. 

Nagore y José Diego simpatizaron y pocos minutos antes de que llegaran las 8 de la mañana ambos se dirigieron hasta un piso propiedad del médico. Según declaró el propio sanitario en el juicio, Nagore y él «hablaron, se besaron y se acariciaron». En un principio la cosa parecía una relación consentida, hasta que la actitud de él asustó a Nagore. «Hubo un malentendido», aseguraba Yllanes. La realidad era que el médico comenzó a mostrar un comportamiento violento, intentando arrancarle la ropa de manera agresiva. Nagore Laffage se asustó, retrocedió y le advirtió de que lo denunciaría. 

Lo siguiente que recuerda José Diego es un violento forcejeo en varias zonas del piso. Acto seguido que Nagore estaba muerta. El asesino la había golpeado salvajemente y la había asfixiado. Antes de morir, Nagore consiguió coger el móvil de su agresor y advertir al 112 del calvario que estaba pasando. «Me va a matar», fueron las palabras que en un leve susurro consiguió decirle a la mujer que se encontraba al otro lado de la línea antes de morir.

Cuando Yllanes se dio cuenta de lo que había hecho decidió buscar soluciones. Cogió un cuchillo e intentó descuartizar el cuerpo para dificultar su reconocimiento. Lo primero que intentó fue seccionarle la yema del dedo índice. Descartó esta posibilidad al comprobar lo difícil que resultaba. Le quitó las joyas y los complementos que todavía llevaba y la tapó con tres grandes bolsas de basura. 

«He hecho algo muy malo. Tengo en mi casa a una chica muerta. Necesito que me ayudes a deshacerme del cadáver», fueron las palabras con las que José Diego Yllanes comunicó a uno de sus amigos por teléfono lo que acababa de suceder en su casa. Desconcertado y presa del terror, su amigo le pidió que se entregara a la policía. Él lo rechazó: «No puedo arruinar la vida de mi familia».

Consciente de que estaba solo en su terrible empeño, Yllanes bajó el cuerpo en el ascensor hasta el garaje; lo cargó en su coche y se dirigió a un monte a las afueras de Pamplona. Apartado de la civilización, depositó el cadáver en una zona boscosa y a unos 80 metros dejó la bolsa con los objetos de la víctima y el cuchillo que había utilizado para intentar cortarle el dedo.

Pero Yllanes ya estaba siendo buscado por la policía. Su amigo había levantado el teléfono para alertar a los agentes de la locura de su colega y pocas horas después una vecina de la zona daba la voz de alarma al descubrir una bolsa con un cuerpo mientras paseaba a su perro. 

Juan Diego, al que encontraron en un bosque asegurando querer morir allí mismo de inanición, confesó y se declaró culpable desde el primer momento. Eso, y el dinero de la indemnización para la familia que depositó desde el primer momento (120.000 euros para los padres y 80.000 para el hermano de Nagore) fueron puntos determinantes en el juicio. 

Durante el proceso, fueron muchos los detalles del juzgado popular los que crisparon a la familia de Nagore. En primer lugar, la única pregunta que estos realizaron a la madre de la víctima: «¿Nagore era muy ligona?». En segundo, la pena que se dictó. Juan Diego Yllanes fue condenado a 12 años y medio de prisión por homicidio. Este año, con tres cuartas partes de la condena ya cumplidas, el asesino disfruta del tercer grado y solo pasa en prisión las noches.

Ahora,casi diez años después de los terribles hechos, Asun Casasola, madre de Nagore, solo pide una cosa: justicia para que no haya más casos como el de su hija o como el de La Manada.

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