Francisco Aguiar: «Aquí se creó odio y tardará en pasar, espero que en Galicia no pase lo mismo»

Este alcalde gallego en Cataluña, del PP, opina que una de las soluciones sería que en las elecciones «C's, PP y PSC lograsen la mayoría para un tripartito»


La Voz en Barcelona

Francisco Aguiar Pérez (1948, Santo Estevo, Aranga, en la provincia de A Coruña), alcalde de la localidad tarraconense de Godall, es uno de los dos únicos regidores del PP que hay en Cataluña. El otro es el de Pontons, en Barcelona. Aguiar llegó hace casi cuatro décadas a Tortosa (Tarragona) destinado como policía nacional. Después se afincó en el pueblo que ahora dirige, de poco más de 600 habitantes, próximo ya a Castellón. Su acento delata su origen. Visita Galicia, donde viven su madre y sus tres hermanos, «al menos una vez al año».

-¿Cómo fue su entrada en política?

-Tenía amigos que me insistieron en que tenía que entrar, unos eran del PP, y otros de otros partidos, porque no tengo enemigos en ninguno, pero tanto insistieron que me afilié al PP y llevo doce años de concejal y ahora estoy de alcalde.

-Su currículo las tiene todas: gallego, policía nacional y del PP.

-[Risas]. Sí, sí, la verdad es que sí.

-¿Qué siente cuando ve a compañeros policías sufriendo escraches, insultos...?

-Te molesta. ¡Cómo no te va a molestar! Nosotros los policías estamos al servicio del pueblo para todo lo que se necesite, no en contra. Pero aquí el pueblo actuó fuera de la ley. Aunque yo nunca tuve un problema, ni como policía nacional ni como alcalde. Lo que sucedió el 1-O es que los Mossos no actuaron y los malos pasaron a ser los que venían de fuera. Todos tienen que estar al servicio de la Constitución, lo que pasa es que aunque quien les paga es el Ministerio de Interior, a los mossos la Generalitat les da un plus para tenerlos contentos.

-¿Ni siquiera el 1-O tuvo problemas, por no ceder locales, por ejemplo?

-Teníamos la orden de la Delegación del Gobierno de no ceder ningún local municipal y lo normal era no cederlo. Yo no dejé ninguno del Ayuntamiento y no pasó nada. La gente votó en una vivienda particular.

-¿Qué opina de las presiones que tuvieron que soportar otros alcaldes no independentistas?

-Me solidarizo con ellos, pero el referendo fue un cachondeo, no había controles y se sabe que en algunos sitios algunas personas votaban en tres y en cuatro colegios.

-Gobierna gracias a un pacto con el PSC, con el que ha acordado estar un año de alcalde durante la legislatura ¿Cómo es esa relación?

-La relación con el PSC es buena, pero con los demás también. Lo único, que ahora hay reparos por parte de los independentistas. No tienen la misma confianza, pero no hay problemas. Aquí la convivencia es pacífica entre los partidos. Lo que pasa es que en política se complicaron las cosas, se ha creado odio y tardará en pasar. Espero que allá en Galicia no pase lo mismo.

-¿Los vecinos nunca le han recriminado su actitud antiindependentista, porque usted describe casi un paraíso de tranquilidad dentro de Cataluña?

-No, no, nunca he tenido problemas. Conoces a todo el pueblo y de qué pie cojea cada uno y procuras no entrar en discusiones. No es como en una ciudad grande, aquí nos conocemos todos y no puedes entrar al trapo.

-Tienen en Godall un centro cívico y colegio. ¿Aquí se adoctrina?

-Aquí tenemos un centro cívico municipal y en él no hay política ni adoctrinamiento, ni en el colegio, pero en otros a los niños desde pequeños les comen el coco.

-¿Qué espera de unas elecciones, las del 21 de diciembre, en las que el resultado puede dar otra ecuación difícil de resolver? ¿Un pacto entre los partidos constitucionalistas?

-Una solución sería que entre Ciudadanos, Partido Popular y el PSC sacaran mayoría suficiente para poder formar un tripartito. Es lo mejor que podría suceder. De todos modos, tranquilizar esto costará mucho, porque se ha liado todo demasiado.

«Esto no se arreglaba ya con buenas palabras»

Francisco Aguiar se muestra satisfecho con la masiva afluencia de personas a la manifestación del pasado domingo en Barcelona por la permanencia de Cataluña en España. «Antes solo salían a la calle los independentistas y ahora se ha demostrado que hay mucha gente que no está a favor de ellos», afirma. Y echa en cara a los secesionistas que solo defendieran a los suyos. «Los demás no contábamos para nada para ellos».

-¿Qué opina de la aplicación del artículo 155?

-Todo está muy liado y considero que de otra manera que no sea con el 155 no se podría resolver la situación. Esto no se arreglaba ya con buenas palabras. El Gobierno catalán ha tenido tiempo para retroceder y hacer elecciones legales, y no hubo manera. Con su aplicación espero que por lo menos se tranquilice la situación y se vuelva a la legalidad. Eso es importante porque esto iba a ser un desmadre.

-¿Qué pensó al aprobarse la declaración de independencia?

-Me sentí bastante mal porque se saltaron las leyes a la torera. No han respetado nada. A mí me gusta respetar la opinión de todo el mundo, pero esto era un despropósito con muchos alcaldes allí, leyes ilegales, un referendo ilegal... y aprobar la independencia ya fue lo último. Ahora, encima, el expresidente se marcha y deja solos a los que lo apoyaron.

-¿Cómo terminará esto?

-Espero que bien para todos, pero siempre quedará un odio que desde hace tiempo se cultiva y será difícil borrar. Yo no tengo hijos, pero sí compañeros que a los suyos les recriminan en el colegio que su padre sea policía o guardia civil y les hacen comentarios desagradables. Esto debe solucionarse cuanto antes.

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