El Gobierno de Rajoy ignora a Puigdemont y explica el artículo 155 a los embajadores en España

El apoyo de los socios europeos resulta fundamental en un momento en el que Puigdemont y sus consejeros destituidos buscan internacionalizar el conflicto


madrid / colpisa

«Desde que la ópera pasó de trágica a bufa», señalan fuentes gubernamentales, el Gobierno ha optado por no valorar el contenido de las comparecencias de Carles Puigdemont. Un «serial de declaraciones insólitas», reprochó el delegado en Cataluña, Enric Millo. De ahí que el Ejecutivo, que el martes siguió con estupor la rueda de prensa del expresidente de la Generalitat en Bruselas, resolviera no replicar desde la Moncloa.

Sí se realizaron esfuerzos diplomáticos por informar a terceros países de las razones de la intervención de la autonomía y explicar el procedimiento al amparo del artículo 155 de la Constitución. El secretario de Estado de Asuntos Europeos, Jorge Toledo, y el de Asuntos Exteriores, Ildefonso Castro, se citaron el martes con los embajadores acreditados en España para trasladarles la posición oficial. Hasta ahora el Ejecutivo ha contado con el respaldo de sus socios europeos y ese apoyo resulta fundamental en un momento en el que Puigdemont y sus consejeros destituidos buscan internacionalizar más el conflicto.

Sin apoyos

Fuentes del Gobierno no contemplan que el independentismo vaya a encontrar en el marco de la UE el paraguas internacional que persigue. Especialmente, consideran, tras intervenciones como la del martes del expresidente catalán en la capital belga. Un comparecencia en la que solo vieron «victimismo» y en la que Puigdemont condicionó su retorno a Cataluña a la existencia de «garantías de un juicio justo».

El Ministerio del Interior dejó constancia de su malestar por que se pusiera en duda el funcionamiento del Estado de derecho. Fuentes del departamento de Juan Ignacio Zoido alegaron que a nadie se persigue por sus ideas políticas, sino solo por su actuación «al margen de la ley». La dirección nacional de los populares llegó a describir a Puigdemont como un «personaje penoso» que podría haber formado parte del imaginario de Ramón María del Valle-Inclán. «El esperpento que estamos viendo desde Bélgica daría risa si no diera tanta pena», declaró el vicesecretario de comunicación, Pablo Casado. En todo caso, algunos de sus compañeros de filas creen que las últimas maniobras del independentismo solo facilitan los trámites de la intervención catalana ante la opinión pública.

Nadie compareció el martse en la Moncloa, ni tan siquiera después de que el Consejo de Ministros se reuniera de manera extraordinaria para aprobar las normas complementarias que garantizan la organización de las elecciones del 21D. De manera totalmente inusual, el Gobierno encomendó a su delegado en Cataluña, Enric Millo, la tarea de explicar desde Barcelona el detalle de lo abordado en el encuentro de Madrid, en el que no estuvo presente. La decisión responde al interés de desplazar el foco de la Moncloa, bajar el perfil de la intervención y no alimentar la imagen de los ministerios tomando las riendas de las consejerías.

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