Las facturas del órdago independentista

Fuga de depósitos, éxodo de empresas, huida de inversores y riesgo de recesión, entre los efectos de la tensión soberanista

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madrid / la voz

El 1 de octubre, fecha del referendo ilegal que pretendía marcar el alumbramiento de una Cataluña independiente, supuso efectivamente un punto de inflexión en el calendario de la historia independentista, pero no en el sentido en el que los secesionistas -con el Gobierno catalán a la cabeza- esperaban. Y es que, en contra del discurso que aseguraba que Cataluña reforzaría su atractivo como polo económico y se convertiría en una suerte de tierra de la abundancia, la realidad mutó en pesadilla por el miedo a una declaración unilateral de independencia que volatilizara la seguridad jurídica, imprescindible para que la economía crezca. La factura del órdago de Puigdemont, que mañana deberá explicarlo por escrito al Gobierno central, está siendo indigesta. Sus principales efectos indeseados son los siguientes:

banca

Fuga de depósitos

La primera consecuencia fue el miedo de la ciudadanía a perder sus ahorros, el dinero depositado en los bancos catalanes, en caso de una inminente declaración unilateral de independencia. En los primeros días de la semana pasada, clientes de CaixaBank y Sabadell de todo el territorio español se apresuraron a trasladar a sus sucursales su inquietud y, en muchos casos, el mensaje oficial de tranquilidad no surtió efecto, por lo que se produjo una salida de depósitos, aunque aún no hay cifras y las entidades financieras han minimizado su alcance. La prioridad de la clientela era poner su dinero a salvo en caso de que la independencia acabara precipitando un corralito. El otro riesgo estaba vinculado a que, con la adopción de una nueva moneda y la salida del euro, los bancos catalanes quedarían fuera del paraguas del Banco Central Europeo (BCE), excluidos de sus líneas de financiación, y sus clientes (tanto de dentro como de fuera de Cataluña) sin la cobertura del Fondo de Garantía de Depósitos común. Asimismo, la sustitución del euro por una moneda propia empobrecería a los catalanes.

seguridad

Huida de empresas

Ante este escenario, el primero en reaccionar fue el Banco Sabadell. El jueves 5, después de tres días cayendo en bolsa y sufriendo la fuga de depósitos, el consejo acordó trasladar el domicilio social a Alicante. Se trataba de enviar un mensaje eficaz de tranquilidad: el banco recobraba la seguridad jurídica fuera de Cataluña. Apenas 24 horas más tarde, CaixaBank lo imitaba. La huida administrativa y fiscal de la banca tuvo un efecto arrastre arrollador en las grandes empresas, que comenzaron a anunciar cambios de sede social sin esperar a que se consumara la independencia unilateral. Gas Natural, Abertis, Colonial, Adeslas, Cellnex... hasta ahora más de medio centenar de sociedades, tanto cotizadas como no, han salido de la comunidad. De hecho, en menos de una semana Cataluña perdió su representación en el Ibex y, según el Colegio de Registradores de España, desde el 1-O al menos 540 firmas se han ido.

 miedo

Congelación de inversiones

Aunque el mercado inmobiliario estaba recuperándose con fuerza en ciudades como Madrid o Barcelona, la confianza ha descarrilado en el caso catalán, frenando las inversiones. Y no solo en el ladrillo, ya que las inyecciones de capital en toda la economía real se han congelado a la espera de que se resuelva el proceso independentista. Nada da más miedo que la incertidumbre.

 mercados

Desplome bursátil

La resaca del referendo fue especialmente violenta en la bolsa, donde la banca catalana sufrió una dura caída: CaixaBank y Sabadell perdieron en tres jornadas más de 3.500 millones de capitalización y el Ibex sufrió su peor bajada (-2,8 %) desde el brexit. Sin embargo, la volatilidad se corrigió a medida que las cotizadas fueron anunciando cambio de sede social. Por ejemplo, BlackRock, la mayor gestora mundial de fondos, rebasó el 3 % de Colonial.

deuda pública

Sube la prima de riesgo

La escalada de tensión disparó la prima de riesgo española, que alcanzó un máximo de 136 puntos básicos. Lo mismo pasó con la rentabilidad del bono a diez años, que se elevó al 1,8 %. Sin embargo, la suspensión anunciada por Puigdemont calmó los ánimos: la prima volvió casi al nivel de septiembre. El viernes cerró en 119,50.

desconfianza

Impacto en la calificación

Aunque estaba previsto que las agencias de calificación crediticia subieran la nota a España, el riesgo derivado de una potencial independencia de Cataluña lo ha frustrado. Aunque Standard & Poor’s (S&P) o Fitch no contemplan rebajarle la calificación, no descartan para la autonomía si se consuma la secesión.

 actividad

Amenaza de recesión en Cataluña y menor crecimiento en España

Las alertas se multiplican. S&P ha advertido de la posibilidad de una recesión en Cataluña, mientras que el FMI pone el foco sobre el coste que el independentismo tendría para el crecimiento de España, y lo mismo ha hecho el Gobierno. El ministro de Economía aseguró que esta crisis «no saldrá gratis» y que obligará a situar las previsiones de crecimiento del PIB para el 2018 «algo por debajo» del 2,6 %. Hay cálculos que cifran el menor crecimiento en hasta ocho décimas.

 imagen

Daño en la reputación.

La crisis soberanista ha golpeado severamente la imagen exterior de España como país serio, estable y con seguridad jurídica.

 ingresos

Caída del turismo

A la congelación de inversiones nuevas se suma el golpe que la inestabilidad ha propinado al turismo, uno de los motores económicos de Cataluña. La patronal calcula que las reservas se han reducido un 50 % respecto a su nivel habitual.

 reacción

Amenaza de boicot

«Tenemos el mejor producto de su gama en Europa y nos estamos muriendo porque no nos compran». Es el lamento de Roberto Ruiz, un pequeño empresario barcelonés que elabora artesanalmente paté de aceitunas y que ha visto cómo su facturación fuera de Cataluña (su principal mercado) ha caído un 70 %. Su ejemplo encarna el terror al boicot comercial de los consumidores del resto del país a la mercancía catalana, en respuesta a un separatismo que no comparten. Otros productos emblemáticos, como el cava, también temen el boicot en plena antesala de la campaña navideña, en la que concretan el grueso de sus ventas.

Madrid, la gran beneficiada de la fuga de grandes compañías de Cataluña

d. v.

Pocas cosas hay tan miedosas como el dinero. La incertidumbre derivada por el desafío independentista está provocando un éxodo empresarial con el cambio de sede social de al menos 540 empresas este mes. Todo un tsunami que amenaza con afectar al crecimiento económico de la comunidad y, por ende, de España. Con estas decisiones, las sociedades catalanas buscan garantizar la seguridad jurídica bajo el paraguas de la legislación europea y mandar un mensaje tranquilizador a los inversores y a los clientes. Un gesto más simbólico y político que fiscal, ya que su impacto para las arcas de la Generalitat, de momento, será prácticamente nulo.

Pero, ¿dónde han decidido trasladar su domicilio social estas compañías? Madrid se erige como el principal destino de las empresas que deciden abandonar Cataluña, sobre todo de las de mayor dimensión. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las grandes corporaciones catalanas ya tenían una importante infraestructura en la capital española, por lo que su traslado a esta ciudad les resulta más sencillo, además de ser un importante centro de negocio. Entre las compañías que han cogido ese particular puente aéreo se encuentran algunas del Ibex como Gas Natural, Abertis, Cellnex o Colonial. Pero también otras sociedades de mucho simbolismo como la aseguradora Catalana Occidente, el Grupo Planeta o Agbar (Sociedad General de Aguas de Barcelona).

Desde el 2013, Madrid tiene un balance positivo de 1.136 sociedades en el traslado de domicilio social.

Por su parte, los dos grandes bancos catalanes han optado por un destino más próximo a sus raíces. Sabadell eligió Alicante y CaixaBank hizo lo propio en Valencia.

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