Lo que conlleva la mudanza

Un movimiento de enorme calado político y nulo impacto al cliente


redacción / la voz

La mudanza de dos entidades tan simbólicas como CaixaBank y Sabadell tiene nulas repercusiones operativas para empleados y clientes, que podrán seguir trabajando con normalidad desde sus rascacielos de Barcelona, los primeros, y desde las miles de oficinas los segundos, amparados por el BCE, el Fondo de Garantía y el Mecanismo Único de Supervisión. Herramientas de las que carece la hipotética república catalana. Un delirio jurídico.

Tiene, eso sí, una enorme trascendencia simbólica y carga de profundidad política con el procés. Es la segunda gran bofetada que se lleva Puigdemont después de los noes que ha recibido reiteradamente desde Europa. Porque una cosa es el goteo de empresas, de menor porte, que han ido anunciando su traslado y otra que las dos grandes enseñas de ese territorio, sus brazos financieros, lancen este mensaje: hay que irse por la inseguridad que ha creado el Gobierno autonómico. Es la única vía que les ha quedado tras constatar el enorme nerviosismo en las oficinas, el castigo en los mercados (premio cuando han anunciado su marcha) y las dudas entre los inversores extranjeros.

No serán los últimos. Todos los grandes grupos empresariales catalanes (Abertis, Gas Natural, Grifols, Colonial, Seat...) tienen planes de contingencia a la vista, aunque no les urge afrontar ese escenario como les ha pasado a los bancos, por su tipo de negocio. Salvo que los mercados los señalen en los próximos días. O que su rating caiga y les salga más cara la deuda. Ahí sí habrá urgencias.

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