La crisis catalana y la descentralización auguran un otoño caliente para Iglesias

Los debates internos en Podemos siguen vivos seis meses después de su asamblea

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Madrid / Colpisa

Vistalegre-II debía de ser el bálsamo de Fierabrás, la poción mágica para sanar las dolencias de una formación nacida en enero del 2014. El ascenso de Podemos hasta convertirse en la tercera fuerza nacional fue fulgurante. Pero las prisas conllevaron suspensos, a los que Pablo Iglesias deberá enfrentarse a partir de septiembre. La asamblea ciudadana del pasado febrero tenía que restañar heridas, muchas de ellas mal cicatrizadas y algunas otras aún sangrantes. Cuando se cumplen seis meses de aquel cónclave, el partido se muestra pacificado, al menos de puertas a fuera. Nada que ver con los meses en los que el pulso entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón estuvo al borde de llevar el proyecto al traste. No obstante, Podemos, controlado ahora sin cortapisas por Iglesias, aún tiene asignaturas pendientes.

La tensión entre la dirección nacional de Podemos y la de su marca catalana, Podem, ha puesto de manifiesto las dificultades de Iglesias para poner en práctica lo aprobado en Vistalegre-II. Las tres corrientes que se midieron en la asamblea ciudadana del pasado febrero -pablistas, errejonistas y anticapitalistas- estaban de acuerdo en que Madrid debía ceder poderes, pero discrepaban de hasta qué punto hacerlo, una diferencia que perdura en el tiempo. Los anticapitalistas abogan por un traspaso de poder a fondo que, en la práctica, vaciaría de funciones a la dirección nacional. Iglesias, en cambio, no renuncia a mantener el suficiente control sobre el partido para enviar un mensaje medianamente uniforme al conjunto del estado, imprescindible en su aspiración a la Moncloa

Crisis en Cataluña y Andalucía

Los principales puntos de conflicto están en Cataluña y Andalucía. En el primer caso, el divorcio es absoluto y apunta a irreversible. El choque de trenes se debe a dos asuntos concretos: la negativa de la ejecutiva regional que lidera Albano Dante Fachín a integrarse en el nuevo partido de Ada Colau y el referendo del 1 de octubre, en el que el líder catalán aboga por hacer campaña a favor de la participación. Andalucía es feudo anticapitalista. Y su líder, Teresa Rodríguez, aboga por llevar la descentralización a las últimas consecuencias, hasta el punto de que Podemos Andalucía se convertiría en un partido federado, al estilo de las confluencias, sobre las que Iglesias ejerce mínimo control. 

El problema del PSOE

Hoy por hoy, la única posibilidad de la izquierda para retornar al poder pasa por un acuerdo entre socialistas y Podemos. A pesar de los desencuentros pasados, la victoria de Pedro Sánchez ha abierto una ventana al entendimiento, pero aún existe mucho camino por recorrer. Uno de los principales escollos es el escaso crédito que genera Iglesias entre los socialistas, con los que ha mantenido sonoros enfrentamientos en el Congreso y fuera de él.

A nivel interno, el secretario general de Podemos también debe convencer a los reacios a pactar con un PSOE para los que hasta anteayer era la casta, y entre los que se encuentran los anticapitalistas o Pablo Echenique. La corriente crítica ya ha hecho causa del pacto en Castilla-La Mancha.

La incógnita de IU y las candidaturas municipales

Pablo Iglesias ha apostado de forma decidida por profundizar en la alianza con IU, para lo que cuenta con el apoyo de Alberto Garzón. Ambos se han comprometido a salvaguardar la independencia de sus organizaciones, pero quieren ir más allá en la alianza que les llevó a concurrir juntos el 26J. Lograrlo obliga a superar una serie de obstáculos. Entre estos, figuran los recelos que existen en ambas formaciones a este pacto, la deuda económica que arrastra la federación de izquierdas, el enfrentamiento de Iglesias con la vieja guardia de IU o la dificultad para mantener una misma estrategia política.

En las anteriores elecciones municipales, Podemos rehusó presentarse y se integró en unas candidaturas populares que le han llevado a formar parte de los gobiernos de algunas de las ciudades más importantes. Ahora, la formación morada se enfrenta al reto de presentarse bajo sus propias siglas. Para ello, deberá reclutar a aquellos con los que compartió lista en el 2015, pero bajo la condición de que Podemos sea quien lleve la voz cantante.

Miguel Urbán: «Gestionar las diferencias es un reto pendiente de Podemos»

A. A.
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El líder de Anticapitalistas, la principal corriente crítica, asegura que en la formación morada se está intentando conjugar la pluralidad, pero reconoce que no es fácil

Miguel Urbán (Madrid, 1980) reparte su tiempo entre las labores como eurodiputado, miembro de la ejecutiva nacional y uno de los portavoces de Anticapitalistas, la corriente más a la izquierda de Podemos

­-Se cumplen seis meses desde Vistalegre-II. ¿Qué ha cambiado en Podemos en este tiempo?

-Podemos ha tenido un cambio constante desde que nació, no solo desde el segundo Vistalegre. Evidentemente fue una asamblea compleja, complicada y dura, con un debate más vinculado a las personas que a los proyectos, una circunstancia que lo desvirtuó. Pero salimos con una premisa clara, que es la unidad. Vistalegre-II reconoció la pluralidad del partido. Todo el mundo entendió que hay diferentes opiniones dentro de Podemos que pueden convivir dentro de una discusión sana de ideas.

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