El invento de la plurinacionalidad

Los constitucionalistas señalan que España no puede definirse como «nación de naciones» en términos jurídicos y creen que da munición a los independentistas


madrid / la voz

Definir a España como un país plurinacional sin concretar nada más es una frivolidad, da munición a los independentistas en pleno desafío al Estado, solo tiene parangón en algunos países como Bolivia y Ecuador, con sus propias características étnicas, y, además, no serviría para apaciguar a las fuerzas catalanas que quieren separar a Cataluña de España. Estas son las conclusiones de los constitucionalistas consultados por La Voz. 

¿Qué efectos políticos tiene la propuesta socialista de reformar la Constitución en sentido federal y perfeccionar el reconocimiento de la plurinacionalidad?

El catedrático de Derecho Constitucional de la Universidade de Santiago Roberto L. Blanco Valdés califica de «frivolidad» lo que se ha aprobado en el congreso del PSOE, «con la única intención de hacer un guiño a los nacionalistas y al PSC» y como si no tuviera consecuencias, aunque sí las tiene. En su opinión, «refuerza el discurso nacionalista, que se basa en que España está compuesta de naciones y que, por tanto, tienen derecho a ser Estados». Puntualiza que en el terreno académico el debate está abierto, pero en el ámbito político «solo hay una nación, la española, que es la que da soporte al Estado».

En opinión de Alberto López Basaguren, catedrático de Constitucional de la Universidad del País Vasco, la plurinacionalidad «es una cuestión que no se puede resolver de forma precipitada ni con infantilismo político, sino que exige un profundo debate para que quede claro de qué hablamos y qué queremos decir con ello». Y añade que «el mayor riesgo que corremos es que se pretenda adoptar esa terminología de forma precipitada y que sea usada por quienes sostienen que nación significa titularidad de la soberanía, para sostener que al aceptar esa terminología se acepta el significado que ellos pretenden». Concluye que «con ello solo se lograría reforzar a quienes pretenden atribuir al término nación un significado que se rechaza en Europa y que, en mi opinión, debe ser rechazado». 

¿España es una nación de naciones?

Blanco Valdés advierte de que «todos los que juegan a que hay más naciones están jugando a que quieren que haya más Estados». Lo que considera «absolutamente lógico desde la óptica nacionalista, pero absurdo en la socialista». «Solo hay una nación, la española, no hay más soberanía que esa, que, como dice la Constitución, reside en el pueblo español», concluye.

Eduardo Vírgala, catedrático de Constitucional en la Universidad del País Vasco, afirma que en la Constitución de 1978 «la nación es depositaria de la soberanía que ejerce el pueblo español y es la única existente frente a otras entidades que se mencionan y que no son naciones, las nacionalidades, regiones o comunidades autónomas». Lo anterior significa, al menos, dos cosas: «La inexistencia de naciones que no sean la española y, por ello, la imposibilidad constitucional de la fórmula nación de naciones para referirse a España, siempre hablando desde el punto de vista jurídico-constitucional». Y concluye categórico: «Cataluña no puede jurídicamente ser una nación en la Constitución española de 1978». Por otro lado, añade, «la utilización de la expresión nación de naciones es de una cierta frivolidad si no se identifica cuáles son esas naciones».

López Basaguren responde que «en España conviven diferentes sentimientos nacionales entre sus ciudadanos; en algunos casos, varios sentimientos compatibles entre sí y en otras casos un único sentimiento nacional, exclusivo, español o no». Explica que en Europa se ha normalizado el término minoría nacional, pero «está absolutamente desvinculado de la titularidad de la soberanía». La catedrática de Constitucional de la UNED Yolanda Gómez no cree que España, en sentido global, pueda denominarse nación de naciones, pero «aun así, si tal denominación tuviera el poder de disolver el llamado problema catalán podría valorarse su utilización, pero, dada la posición absolutamente intransigente de las fuerzas independentistas catalanas no parece que pudiera dar satisfacción a sus reivindicaciones».

¿Se puede defender a la vez jurídica y políticamente que Cataluña es una nación y que la soberanía nacional corresponde al conjunto del pueblo español?

Blanco Valdés es tajante, «no es compatible». «No tiene ninguna lógica constitucional ni política decir que Cataluña, el País Vasco o Galicia son una nación y la única soberanía es del pueblo español», sostiene. Gómez opina que «no es compatible si se utiliza el término nación como ente jurídico vinculado a un poder popular soberano». «En el concepto de nación vigente en Europa esa diferenciación es esencial», explica López Basaguren. «Una diferenciación que rechazan los nacionalistas y quienes consideran que el concepto solo es aplicable a lo que, en ese contexto, se denomina nación cívica, a diferencia de la nación cultural», añade. 

¿Hay algún país en el mundo que reconozca su plurinacionalidad?

Los constitucionalistas apuntan los casos de Bolivia y Ecuador, «países cuya configuración social, cultural y jurídica está muy alejada del nuestro, pero son pésimos ejemplos ya que la existencia de grupos étnicos hace que no sean aplicables a España», según Gómez. Vírgala afirma que «son ejemplos peregrinos, teniendo en cuenta que, por ejemplo, en Bolivia hay 36 naciones que son más bien etnias, algunas con menos de mil ciudadanos». Además, añade, «allí la autonomía departamental es superior al autogobierno nacional indígena y la misma resulta a su vez bastante inferior a las autonomías españolas».

López Basaguren, considerado como la máxima autoridad española sobre los procesos soberanistas de Escocia y Quebec, señala el caso de Etiopía, que «en contra de lo que algunos opinan, no es utilizable en la comparación, pues reconoce la plurinacionalidad, pero, según distintas denuncias, persigue, hasta la eliminación, a sus integrantes». Pero apunta que «en determinados países, su uso está normalizado en el lenguaje político». Pone como ejemplo el caso de Canadá, «donde la Cámara baja del Parlamento federal reconoció en el 2006 que Quebec forma una nación dentro de un Canadá unido». Y recuerda que «en el Reino Unido, en el lenguaje político, se habla con naturalidad y de forma habitual, incluidos los últimos primeros ministros, de las cuatro naciones que lo integran».

Lo que opinan los expertos

Roberto L. Blanco

Refuerza a los independentistas. Considera una frivolidad la propuesta socialista, que refuerza a los independentistas, porque apoya su reclamación de que Cataluña, como nación, tendría derecho a un Estado. Rechaza, por tanto, que España sea una nación de naciones.

Alberto L. Basaguren

Clarificar de qué se habla. Pide un debate serio y profundo sobre la plurinacionalidad para que quede claro de qué se habla y qué se quiere decir, y advierte del riesgo de que los independentistas se apropien de esa terminología para decir que Cataluña es titular de soberanía.

Yolanda Gómez 

No a la nación de naciones. Sostiene que España no se puede denominar como nación de naciones, pero añade que las fuerzas independentistas catalanas no se conformarían ni siquiera con la aceptación del término «plurinacionalidad» en la Constitución española.

Eduardo Vírgala

No hay más nación que la española. Considera que, dado que la Constitución proclama que la soberanía nacional reside en el pueblo español, no existen más naciones que la española y no puede emplearse la fórmula «nación de naciones» desde le punto de vista jurídico-constitucional. 

Los socialistas ponen como ejemplo Bolivia e incluso Baviera y Australia

El 39.º congreso federal del PSOE aprobó el pasado fin de semana una resolución que defiende una reforma constitucional en sentido federal, en la que se mantiene que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español, pero se añade que se «debe perfeccionar el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado apuntado en el artículo 2 de la Constitución». Este proclama la «indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles» y «el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran».

La nueva número dos de Pedro Sánchez, la vicesecretaria general Adriana Lastra, ha puesto Bolivia como ejemplo de Estado plurinacional, de nación de naciones. También mencionó el caso de Baviera, alegando que «es un Estado libre asociado en Alemania», pero «nadie dice que los bávaros no sean alemanes».

Por su parte, el nuevo portavoz socialista en el Senado, Ander Gil, afirmó que hay estatutos de autonomía, como el andaluz y el valenciano, que ya recogen que son «realidades nacionales» y que Australia es un ejemplo de Estado plurinacional. En realidad, ni Baviera es un estado libre asociado, sino un land que forma parte de la República Federal de Alemania, ni el país oceánico reconoce la plurinacionalidad, sino que tiene un sistema federal, como recuerda uno de los mayores expertos en la materia, Roberto Blanco Valdés. 

Poco recorrido

«La posición del PSOE es absurda, porque cuando los nacionalistas se planteen sacar la consecuencia lógica del carácter nacional de Cataluña, que es la exigencia de un Estado, estará del otro lado, esa frivolidad y esa demagogia tiene poco recorrido político», señala el catedrático de la Universidade de Santiago. «No es razonable darles la razón en su teoría política para negársela luego en su reivindicación», concluye.

Vírgala apunta que en el caso de Bolivia, «a pesar de definirse como plurinacional, la Constitución declara al Estado como descentralizado y no como federal». Yolanda Gómez advierte de que «en derecho cada palabra es importante, cada término debe quedar bien definido en la Constitución y de ahí pasar a la ley de desarrollo». Por lo que, añade, «el uso de términos que posteriormente no permitirán un desarrollo armónico de la ley es siempre contraproducente».

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