«Afecta a tus relaciones personales», «muchas familias se han roto»

Muchos catalanes denuncian la presión social a la que el nacionalismo somete a quienes no piensan igual

De izquierda a derecha, María Domingo, Carlos Mandianes, Mario Romeo, Maribel Fernández Alonso,  Joan Botella, Carmen Salgado, Ana Losada y Siscu Baiges
De izquierda a derecha, María Domingo, Carlos Mandianes, Mario Romeo, Maribel Fernández Alonso, Joan Botella, Carmen Salgado, Ana Losada y Siscu Baiges

Barcelona / E. La Voz

En un hipotético referendo sobre la independencia de Cataluña, el no superaría al sí en unos cuatro puntos, según el último barómetro del Centre d’Estudios d’Opinió (CEO). Gran parte de los medios de comunicación públicos catalanes, sin embargo, tienden a silenciar las voces contrarias al desafío independentista y dan una imagen de una Cataluña mayoritariamente a favor de la ruptura. Pero son muchos los ciudadanos que no se sienten representados por esa imagen homogénea y sin matices que se tiende a dar de la sociedad catalana, y que por ello han ido formando asociaciones de activismo alternativo al secesionismo.

«El nacionalismo ha secuestrado las instituciones»

«Yo nunca había militado en ningún partido político ni había tenido un compromiso claro y abierto hasta esta situación, pero cuando vi que se creaba Societat Civil Catalana (SCC) me acerqué porque tenía la sensación de que el nacionalismo, con el que nunca he comulgado, ha secuestrado las instituciones de Cataluña, que deberían ser neutrales», explica Maribel Fernández Alonso, de 47 años y profesora titular de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB). SCC es una asociación fundada en el 2014 que promueve, difunde y mantiene la cultura catalana como parte inseparable de la cultura española común.

Fernández, vocal de la junta directiva de SCC, afirma que «en Cataluña se está instrumentalizando todo en pro de una ideología» y rechaza las acusaciones de «fascistas» que algunos independentistas vierten sobre SCC. «Esta es la estrategia del nacionalismo: apartarte del debate público y aparcar el debate», explica, y recuerda que esta asociación fue galardonada con el Premio Ciudadano Europeo hace tres años.

«Muchos queremos acabar con el inmovilismo de la Generalitat, pero también con el de Madrid; nosotros creemos que lo mejor para los catalanes es continuar con el resto de España, juntos desde la diversidad», opina Mario Romeo, notario de 61 años y presidente de Tercera Vía, una asociación de talante catalanista nacida también en el 2014. Romeo reconoce que en Cataluña hay «cierta angustia» y «cierta incertidumbre» por la situación, pero duda de que un referendo sea la solución. «Es una cosa tremendamente seria, no se puede improvisar. Exige un tiempo de reflexión: desde que se convoca hasta que se celebra debe pasar un año, y Puigdemont dice que lo quiere en tres meses», critica. Mario Romeo también rechaza determinados «agravios que ha cometido el PP contra Cataluña», como cuando Esperanza Aguirre afirmó que prefería una «Endesa alemana antes que catalana». «Son actitudes minoritarias, pero hacen daño», concluye.

En la misma línea se pronuncia Siscu Baiges, periodista de 60 años. «Para un referendo se necesita un debate serio y riguroso; yo no participaría, sí lo haría si fuera en otro momento, hecho de otra manera más democrática y participativa», opina. Asegura que sí hay una «fractura social» en la sociedad catalana y dice que le afecta en su vida diaria. «Pero esto viene de lejos, del nacionalismo de Pujol; y a mí me molesta que, habiendo tantos problemas sociales, estemos discutiendo por esto».

«El ámbito educativo está muy tomado por el nacionalismo»

Baiges cuenta que lo echaron de la cadena pública COM Ràdio en el 2011 cuando la entonces CiU (ahora PDECat) entró en la Diputación de Barcelona. «Yo llevaba 15 años ahí, pero no era de la cuerda independentista», sostiene. También Maribel Fernández asegura que posicionarte contra el discurso dominante tiene un precio. «Afecta a tus relaciones personales, yo me he distanciado de personas muy próximas; el ámbito educativo está muy tomado por el nacionalismo y hay un pacto entre mucha gente de no hablar de esto».

María Domingo, de 21 años, estudiante de Ciencias Políticas de la UAB, certifica que «muchas familias se han roto por estos asuntos». Ella es miembro del grupo de Societat Civil Catalana en la universidad. «En los últimos años hemos montado siete carpas y los que dicen llamarse antifascistas nos las han destrozado todas; hemos sufrido boicots, amenazas, insultos, nos han escupido… Hay una frustración que se convierte en violencia, habría que llegar a acuerdos, pero no sé bien cuáles», dice. La joven cree que sí habrá referendo, pero que será ilegal, y apoya a la «mayoría silenciosa» contra la independencia.

«Si no estás a favor de romper con España, te arrinconan»

En opinión de Joan Botella, catedrático de Ciencia Política y presidente de la entidad Federalistes d’Esquerres, de 66 años, nadie sabe bien qué va a pasar. «Hay inquietud, los dos Gobiernos parece que van a chocar y existe preocupación; podría haber una suspensión de la autonomía o la intervención de algún servicio», argumenta.

«Veo el procés con sorpresa y decepción; de pronto no nos dan otra opción que ser independentista; la Generalitat habla en nombre de ti y, si no estás a favor de romper con España, te arrincona, te dice que eres minoría y que no eres demócrata». Lo dice Ana Losada, de 47 años, portavoz de la Asamblea por una Escuela Bilingüe. «El castellano como lengua vehicular ha desaparecido de las escuelas catalanas; esto sucede desde hace 30 años: para estudiar mitad en castellano y mitad en catalán hay que irse a la privada, que tiene unos precios desorbitados·, denuncia. Asegura que ese «pensamiento único» se ha cultivado desde la escuela y que los no independentistas se sienten «indefensos» y «solos».

Dice que participaría solamente si el referendo fuera legal y que, en ese caso, votaría no a separarse del resto de España. «La mayoría de los catalanes no queremos irnos», sostiene. ¿Y si finalmente hubiera independencia? «Me quedaría aquí porque esta es mi tierra y seguiría trabajando por ello», zanja. Losada concluye reivindicando que Cataluña siempre ha sido «abierta, plural y diversa».

El economista e ingeniero de telecomunicaciones Carlos Mandianes, de 37 años, lamenta la «falta de autocrítica» tanto de España como de Cataluña. «No se respetan entre ellas y la gente está cada vez más cansada de discutir sobre lo mismo y no llegar a ningún lado», opina Mandianes, quien además es presidente del Centro Galego de Barcelona. «Se utiliza el independentismo para justificar otros problemas, como el paro». Cree que, en caso de haber referendo, no será vinculante y opina que «el Gobierno central se equivocará» si no deja que se celebre.

Carmen Salgado es una gallega de 68 años, nacida en Xinzo de Limia (Ourense), que lleva 40 años en Cataluña. «Cuando hablan de independencia, no sé qué clase de independencia quieren; yo vería bien que los catalanes se administrasen su dinero, lo que no veo bien es que se quieran independizar del todo», sostiene.

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