Faltó Manel Navarro


Manel Navarro, que hizo un ridículo histórico en el festival de Eurovisión, se hubiera llevado de calle el debate de ayer. Porque el que se celebró en Ferraz adoleció de viveza y espectáculo y fue incapaz de sorprender a quienes lo siguieron. Si la mayoría de los mortales quedamos como estábamos, con las mismas dudas y las mismas certezas, a los socialistas que votarán el próximo domingo no les debió de aportar gran cosa; entre otros motivos porque, como buenos militantes, saben desde hace tiempo a quién apoyarán.

Cada participante cumplió con lo esperado. Sánchez afeando la conducta de Díaz y los suyos por el apoyo a Rajoy. Susana, también afeando los malos resultados de Sánchez y lanzando dardos envenenados como el «no mientas, cariño». Y el tranquilo de Patxi López tratando de superar el papel de invitado molesto e intentando poner paz y sosiego con los mismos argumentos con los que lo hacíamos en el patio de los maristas. No nos peleemos entre nosotros que los enemigos son los de los escolapios, decíamos.

El encuentro dejó, al menos, un par de conclusiones claras. La primera, la existencia de dos relatos diferentes y contrapuestos del pasado. Y, segunda, los dos proyectos de futuro se antojan irreconciliables. Y entre uno y otro tuvimos que escuchar perlas como que el PSOE es un partido de izquierdas, los socialistas hacemos lo que decimos, tenemos que caminar juntos y quiero un PSOE más unido donde se respete el debate. Que, bien mirado, no deja de ser una antología de trolas.

Lo bien que habría quedado Manel Navarro en el debate socialista. Porque lo habría ganado de calle. Con gallo y todo.

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