Puigdemont desliza que la consulta puede derivar en elecciones

El presidente de la Generalitat pide apoyo masivo para obligar a Mariano Rajoy a que acepte negociar el referendo secesionista

Colpisa
Barcelona

Dos días después de que el Gobierno catalán en bloque plasmara por escrito su compromiso con la consulta, el presidente de la Generalitat hizo una llamada a la ciudadanía para que respalde, a través de una recogida de firmas masiva, la celebración de un referendo sobre la independencia. El Pacto Nacional por el Referendo, plataforma impulsada desde el Gobierno catalán para implicar a la sociedad en el proceso, sacó a la calle con motivo de la Diada de Sant Jordi un millar de mesas para recabar apoyos a favor del derecho a decidir.

«La Diada del referendo», la calificaron los propios dirigentes soberanistas entre fuertes críticas de la oposición. Con una lista nutrida con centenares de miles de firmantes, el presidente de la Generalitat pretende obligar a Rajoy a negociar el referendo con los argumentos del masivo respaldo social y de que una consulta acordada evitaría males mayores. «Si negociamos las condiciones de votar, saldremos todos beneficiados», afirmó Puigdemont.

El independentismo se da poco más de un mes para agotar la vía negociada con el Gobierno central e insiste en que el 80 % de la sociedad catalana está de acuerdo con que se consulte sobre el futuro de Cataluña. Si el diálogo no fructifica, pues Mariano Rajoy ya ha reiterado hasta la saciedad que la soberanía nacional no puede negociarse, Puigdemont pondrá en marcha la vía unilateral. «Pero antes no nos cansaremos de explicar que la inmensa mayoría quiere un referendo acordado», dijo el jefe del Ejecutivo catalán.

La cuadratura del círculo

La Generalitat tiene ante sí un reto mayúsculo porque pretende la cuadratura del círculo. Quiere celebrar la consulta secesionista y al mismo tiempo evitar las inhabilitaciones que ordenaría el Tribunal Constitucional. El simulacro de referendo del 9-N dejó claro que ambas cosas son incompatibles. Aun así, el Gobierno catalán «no contempla otro escenario que no sea votar». Eso sí, esta afirmación admite matizaciones. Las introdujo el propio Puigdemont cuando admitió, en una entrevista al diario El Punt Avui, que «se puede votar de muchas maneras», lo que indirectamente abre la puerta a celebrar un nuevo 9-N o incluso a repetir la convocatoria de elecciones plebiscitarias como las del 27-S del 2015.

El arzobispo de Barcelona pide «tender puentes» para «evitar la división»

El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, aprovechó la tradicional misa de Sant Jordi, en la Generalitat, para hacer una llamada a que se «tiendan puentes» para evitar la «confrontación y la división». Una homilía de contenido político con la que la Iglesia parece abandonar su tradicional equidistancia en la cuestión catalana.

Omella, de origen aragonés, pero buen conocedor de la lengua catalana, fue nombrado en el 2005 y entonces se escucharon voces en el soberanismo criticando su designación.

En una misa pronunciada en presencia, entre otros, del presidente de la Generalitat, Omella dijo que «la imposición y la confrontación no es el modelo que nos enseñan Jesucristo ni san Jordi», en referencia a la leyenda de que el santo dijo que no hay que ir «con lanzas atacando a los otros», sino «al dragón» que significa «el padre de la división, el que quiere romper la comunión».

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