Cospedal visita en el Líbano a los 620 militares españoles de la misión de pacificación

«La principal amenaza son las minas enterradas de guerras pasadas», afirma el jefe de la unidad de desactivación


marjayún / colpisa

«Estamos en alerta amarilla. Situación de calma tensa. La principal amenaza en el Líbano proviene de las minas enterradas heredadas de confictos pasados. Supervisar el terreno, verificar la seguridad, es fundamental para nuestra integridad». El sargento Francisco Javier Naranjo, natural de Cabra (Córdoba), se baja con diligencia del blindado Lince escoltado por su unidad. Su jornada ha concluido después de patrullar unas seis horas por la llamada Línea Azul, 55 kilómetros marcados por la ONU en el 2000 para garantizar el cese de hostilidades entre el Ejército de Israel y las milicias armadas de Hezbolá.

La niebla densa impide ver los imponentes Altos del Golán desde la base Miguel de Cervantes, en Marjayún, localidad en el sur del Líbano de unos 8.000 habitantes. El acuartelamiento español de 3,3 kilómetros cuadrados, uno de los más antiguos en el exterior, acoge a 620 militares y guardias civiles. Forman parte de la misión de pacificación de la ONU llamada Finul.

El mejor ejemplo de la buena marcha de la misión, cuyo coste fue de 137 millones el pasado año, lo explica el brigada Bujalance, jefe del equipo de desactivación de explosivos. «La evolución en estos diez años ha sido positiva. En el 2009, por ejemplo, efectuábamos dos intervenciones a la semana tras avisos de presencia de proyectiles, cohetes, artillería o minas anticarro. Hoy solo estamos aquí para dar protección a la fuerza española ya que el Ejército libanés es autónomo. No hemos salido hasta la fecha», asegura el suboficial destinado en la Brigada de Infantería Mecanizada Guzmán el Bueno X, con base en Cerro Muriano (Córdoba).

Este escenario fue visitado ayer por la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, dentro de su ronda por las misiones españolas en el exterior desde que juró su cargo en noviembre. 

Reunión con el primer ministro

Tras reunirse por la mañana con el primer ministro libanés, Saad Hariri, hijo de Rafik Hariri, el histórico dirigente suní asesinado en un atentado en Beirut en el 2005, y con su homólogo de Defensa, Cospedal se trasladó a Marjayún. En la copa con los militares y el jefe de la misión, Aroldo Lázaro, les transmitió su «reconocimiento, admiración y agradecimiento» por el mantenimiento de la paz. La ministra también recordó a los 15 militares muertos desde el 2006, el último el cabo Francisco Javier Soria, de 36 años, tras impactar un proyectil israelí en un puesto de vigilancia de la ONU en la Línea Azul, el 28 de enero del 2015. Cospedal estuvo acompañada en la visita por dos portavoces de la Comisión de Defensa del Congreso, Ricardo Tarno (PP) y Juan Antonio Delgado (Podemos).

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