Bescansa acentúa la crisis de Podemos al dimitir por la guerra Iglesias-Errejón

En su carta de renuncia, los acusa de vulnerar la voluntad de acuerdo de la militancia

Carolina Bescansa dimite de la Ejecutiva de Podemos La secretaria de Estudios y Programas retira su ponencia y no irá en ninguna de las listas de la formación morada

Madrid / Colpisa

Carolina Bescansa y Nacho Álvarez se bajan del barco. La cofundadora de Podemos y el responsable económico de la formación anunciaron ayer que renuncian a sus cargos en el partido para no verse involucrados en la guerra entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Lo hacen, según explicaron en una carta pública, porque Podemos ha llegado a Vistalegre II «atrapado en un eje de confrontación entre dos compañeros». No los citan por su nombre, pero tampoco es necesario. Los dos exdirigentes de Podemos dejan claro que no quieren ser partícipes de una lucha entre las dos principales figuras del partido que «ha provocado una maraña de ruido que nos dificulta comunicarnos con quienes nos han ofrecido su apoyo».

Al comienzo de la batalla interna, Bescansa se inclinó por apoyar a Iglesias. Poco después, sin embargo, se fue distanciando del secretario general a causa de campañas como la que los pablistas lanzaron contra Errejón en las redes sociales el día de Nochebuena. Una vez constatado el divorcio, el siguiente paso de la cofundadora del partido fue construir una corriente propia junto a Álvarez que sirviese como nexo de unión entre las diferentes sensibilidades de Podemos. Pero el empeño de Iglesias y Errejón por enfrentarse el uno al otro ha terminado por rendir a dos de los dirigentes más respetados por la militancia. «Pensamos que son los equipos más fuertes los que están actuando de espaldas a la voluntad de diálogo y acuerdo, voluntad que es compartida por la gran mayoría de las personas inscritas en Podemos», lamentan en su carta. Ambos, además, apuntan que no se presentarán en ninguna lista al consejo ciudadano. Según las propuestas organizativas de Iglesias y Errejón, formar parte de este órgano es requisito para ser miembro del consejo de coordinación, por lo que ninguno de los dos podrá participar en la ejecutiva que se forme tras la asamblea de Vistalegre II.

Consumada la ruptura

Bescansa y Álvarez hicieron pública su renuncia tres horas antes de que se confirmase que las posiciones de Iglesias y Errejón son irreconciliables. A lo largo de las últimas semanas, el secretario general y el número dos no solo han sido incapaces de acercas posturas, sino que se han distanciado aún más. Tanto que, a juzgar por su discusión del martes en el pleno del Congreso, su relación parece haber llegado a un punto de no retorno. El entendimiento ha sido imposible incluso en aspectos en los que los planteamientos de pablistas, errejonistas y anticapitalistas parecían más próximos, como los documentos éticos y de género.

Una vez concluido el plazo para presentar las candidaturas se inicia un proceso electoral que se prolongará hasta el sábado de la próxima semana. Hasta entonces, cada candidato hará campaña para arañar unos votos que pueden resultar decisivos. En la última consulta, Iglesias apenas pudo imponerse sobre la propuesta de Errejón por tan solo 2.000 votos de los casi 100.000 que se emitieron. Con unos márgenes tan estrechos y el precedente de la escalada de tensión de las últimas semanas, la batalla se adivina encarnizada. El primero en mover ficha ha sido Errejón. El secretario político ha estrenado página web y ha convocado un gran acto este sábado en Madrid para presentar su proyecto. Iglesias también dio ayer un golpe de mano. Además de a la secretaría general optará a un puesto en el consejo ciudadano. El gesto no es baladí ya que si renuncia al liderazgo de Podemos -con lo que ha amenazado si sus propuestas son derrotadas- seguirá teniendo voz y voto en su máximo órgano de gobierno.

Una semana de votaciones de cara a la asamblea

La incapacidad de las corrientes de Podemos para alcanzar un acuerdo de cara a Vistalegre II desemboca en un proceso electoral del que Pablo Iglesias o Íñigo Errejón saldrán derrotados. Las bases votarán entre los días 4 y 11. El día 12 se anunciarán los resultados. Están llamados a las urnas más de 457.000 inscritos.

Secretaría general. Una de las votaciones tendrá como objetivo elegir al próximo líder del partido. Errejón no ha dado el paso de presentarse y señala que Iglesias es quien debe seguir al frente del partido, algo en lo que también coinciden los anticapitalistas. El secretario general, sin embargo, ha avanzado que renunciará si sus tesis no son apoyadas.

Consejo ciudadano. El control del máximo órgano del partido entre asambleas ciudadanas será una de las principales batallas de Vistalegre II. Aquí, la lista de Iglesias sí se medirá a una afín a Errejón y a otra del sector anticapitalista. Si prosperan las propuestas de estas dos últimas corrientes de vaciar de poderes la secretaría general, el consejo ciudadano se convertiría en el órgano principal.

Comisión de garantías. Se trata del órgano que vela por el cumplimiento interno de Podemos y el que debe dar respuesta a las disputas dentro del partido. Sus miembros se elegirán en la asamblea.

Documento político. Junto al control del consejo ciudadano marcará la línea que separe a ganadores de perdedores. Aquí las posiciones son irreconciliables. Errejón apuesta por la transversalidad frente a los anticapitalistas, que abogan por dar un giro hacia posiciones radicales. Iglesias se ha situado en medio. Otra de las diferencias está en el trabajo en las instituciones. Errejón defiende que Podemos se muestre útil desde ya en el Congreso, mientras los anticapitalistas y en parte también Iglesias desdeñan la posibilidad de lograr avances sociales en unas instituciones que, según ellos, dominan los viejos partidos.

Documento organizativo. Uno de los escollos para el acuerdo ha sido el de las competencias del secretario general. Todos los sectores están de acuerdo en reducirlas. La cuestión es hasta dónde. Errejón y los anticapitalistas proponen, por ejemplo, despojar le de la facultad de convocar consultas, algo que Iglesias rechaza de plano. Otro punto de fricción es la descentralización interna. Todos la apoyan, aunque en diferente grado. Los anticapitalistas proponen un modelo en el que las organizaciones regionales no estén sujetas a la dirección nacional.

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