Roberto Blanco Valdés: «La actual crisis no se resuelve con reformas constitucionales»

El profesor analiza en un nuevo lanzamiento editorial el valor de la Carta Magna de 1978 y sus antecedentes


Redacción / La voz

La editorial Teófilo Comunicación acaba de publicar, en pleno debate sobre la reforma constitucional, la segunda edición de su colección de las constituciones españolas. La principal novedad es que incorpora un ensayo introductorio del catedrático de Derecho Constitucional y colaborador de La Voz Roberto Blanco Valdés. El profesor explica en qué consiste su aportación a esta novedad editorial.

-¿Cuál es el valor de las constituciones?

-La constitución es un producto revolucionario y de una importancia extraordinaria en la historia de la humanidad, porque no hubo nada antes parecido a las constituciones, que regulan el funcionamiento del poder ejecutivo y las relaciones entre el poder y el pueblo. Tienen una importancia extraordinaria porque configuran una forma de entender la política que se ha consolidado en la historia: la separación de los poderes y la regulación de los derechos.

-¿Y en el caso español?

-Hemos tenido hasta siete constituciones; en realidad más, porque la de 1854 no se promulgó, el Estatuto Real de 1874 es una carta otorgada, y la de la primera República se quedó en proyecto. El constitucionalismo español tiene una peculiaridad, su carácter pendular, que oscila a izquierda o derecha. Pero aparte de ese movimiento de péndulo, que es bastante aparente, hay otra realidad, y es que poco a poco se van consolidando unos aparatos de poder muy impermeables a la reforma democrática. Son oligárquicos, como lo demuestra el número de años que vivimos bajo constituciones conservadoras, o sin constitución, y los que vivimos bajo constituciones avanzadas.

-Ya vamos sumando años de constitución avanzada, ¿no?

-Sí. La Constitución del 78 superó las tensiones que se venían manifestando desde principios del siglo XIX. ¿Cuáles son esas tensiones? Entre monarquía y república; entre Estado confesional y laico; entre la defensa de los derechos y libertades, frente a los que los negaban; resuelve el problema militar, el de su sometimiento al poder civil; el de democracia frente a no democracia; y finalmente, el gran problema, el que no hemos sido capaces de resolver, el territorial, los intentos de configurar un Estado descentralizado. El único problema de verdad cuya resolución depende de la reforma de la Constitución es ese.

-¿Podrá eliminar ese dilema una reforma constitucional?

-Es bastante ingenuo pensar que una reforma constitucional, tal y como están ahora las cosas, va a resolver el problema, porque hay unas fuerzas que se quieren ir, y esa crisis no se resuelve con reformas constitucionales. No es que quieran más cosas, es que quieren romper. El problema que plantea el PNV se puede resolver de una manera o de otra con una reforma, pero el que presentan ERC y la antigua Convergència no se puede solucionar de esa manera.

-La Constitución del 78 habla de «nacionalidades y regiones». Luego esa distinción se diluyó en la generalización autonómica. ¿Fue esa una oportunidad perdida para resolver el problema territorial?

-Esa cuestión es muy interesante. ¿Debe generalizarse la autonomía o, como inicialmente pensó el constituyente, centrarla en Cataluña, el País Vasco y Galicia? Cuando los constituyentes discuten buscan una fórmula que pueda integrar la inquietud autonomista en Cataluña y el País Vasco y no en los demás territorios. Es la idea de la transitoria segunda, que es una de las palancas sobre las que pivota todo el texto constitucional. Se piensa en conceder autonomía política a los territorios que en el pasado hubieran plebiscitado su estatuto. Pero esa fórmula tiene un problema adicional: si la República, en lugar de caer en el 39, hubiera caído en el 43, hubiera habido más estatutos, porque en el momento del golpe de Estado hay otros en elaboración. Si no hubiera habido generalización autonómica, ¿los catalanes y los vascos se hubieran quedado satisfechos con un régimen de autonomía política y no hubieran llegado más allá? Tengo colegas que sostienen que fue un error, y que si no hubiéramos generalizado el mapa, posiblemente hubiera triunfado el esfuerzo del 78 para resolver el problema. Yo tengo dudas. El planteamiento fue conceder una autonomía de primera para el País Vasco y Cataluña; de segunda para Galicia (la del aldraxe) y descentralización administrativa, no autonomía política, para los demás. Por circunstancias que tienen que ver con la posición del PSOE, de manera especial en Andalucía, esa fórmula fracasa y se impone la generalización autonómica. Creo que no fue posible el sistema; se intentó, pero al final estalló, como ocurrió en la República. No es casual que el Estatuto catalán se hiciese tan temprano como en el año 32. Muy probablemente también en la República hubiera habido generalización autonómica. Es una duda relevante.

La reforma no será en esta legislatura

La caja en que se presenta la obra de Teófilo Comunicación reserva un espacio para una eventual nueva Constitución, o al menos para su reforma. El profesor Blanco Valdés cree que ese añadido va a tener que esperar. «No vamos a tener una Constitución nueva, en el sentido de las que teníamos antes. Es probable que se reforme, pero no en esta legislatura: las posiciones están muy alejadas. Aparte de que la legislatura, que ahora parece de concordia, puede irse a pique en cuanto el PSOE resuelva su problema interno. Habrá reforma, pero la Constitución seguirá siendo la misma. Su gran valor es que, por primera vez, es de todos. Habría que reformarla, en todo caso, para que fuera todavía más de todos».

«Constituciones españolas», una colección de interés histórico y social editada en Santiago

En noviembre del año pasado, Teófilo Comunicación lanzó a las librerías su producción Constituciones españolas, una caja que contiene las siete constituciones que se han promulgado en España, desde la famosa Pepa de 1812 hasta la de 1978, adornadas con ilustraciones de sus épocas y encuadernadas a todo lujo. Las acompañan reproducciones de los dos Estatutos de Autonomía de Galicia. Fueron 3.000 ejemplares, ya agotados.

La editorial compostelana renueva ahora la oferta, mejorada. Su responsable, José Luis Teófilo, ha estado estos días en Madrid para presentarla, coincidiendo con la fiesta de la Constitución y con el debate sobre la reforma del texto legal que acompaña cada año las celebraciones del 6 de diciembre. «No es, como podría pensarse -dice el editor-, un producto institucional. Es cierto que estos días hemos estado en el Tribunal Constitucional, en el Centro de Estudios Constitucionales, en el Congreso, en el Senado, y en todas esas instituciones nos han felicitado y están encantados con la colección. Pero el año pasado, solamente con la distribución por Internet, vendimos 750 ejemplares a clientes de muy distintas condiciones y procedencias. Por su contenido, debería estar en las escuelas y en las universidades; no solo tiene interés histórico, también tiene interés general, porque cada uno de los textos recoge un momento político y social preciso y diferente».

La nueva colección presenta una caja perfeccionada, con cierre por imanes y más ligera que la de la primera edición. «Mejoramos un poco más la edición -añade Teófilo-, sobre todo en el tema técnico, los papeles, las tintas, los hilos que utilizamos. La caja también está mejor. Y el contenido, que es lo más importante, gana con el ensayo de Roberto Blanco Valdés».

De esta segunda edición van a salir en principio 2.000 ejemplares, aunque la editorial cuenta con reservas del papel especial que ha empleado por si hubiera que hacer nuevas tiradas. Los libros no son facsímiles; se opta por la facilidad de lectura. La presentación es lujosa, como explica el editor: «Hicimos una tipografía distinta para cada una y también una tinta distinta, del mismo color que domina en la portada. Estas son, casi todas, las mismas que en la edición original. Van más ilustradas que las ediciones históricas, con reproducciones de cuadros que hacen referencia a las promulgaciones o a acontecimientos políticos significativos de cada época». A pesar de la crisis, que ha afectado gravemente a la venta de libros, la editora de Santiago confía en seguir adelante. «Hay que trabajar más para ganar menos, pero seguimos adelante», concluye José Luis Teófilo.

 

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