Sáenz de Santamaría habla entre Urkullu y Puigdemont de «lealtad y entendimiento»

El presidente catalán se desmarca del pactismo vasco: «Ya recorrimos ese camino»


La localidad vizcaína de Guernica fue este sábado el escenario de lo que el Gobierno pretende que sea una nueva etapa en el frente territorial. Y para que se visualizara bien, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría asistió a la toma de posesión de Iñigo Urkullu como lendakari. Un acto en el que también estuvieron presentes los presidentes catalán, Carles Puigdemont; canario, Fernando Clavijo; y de Navarra, Uxue Barkos. Era, de hecho, el primer encuentro de Puigdemont con Sáenz de Santamaría, a quien Mariano Rajoy ha hecho el encargo expreso de encarrilar el problema territorial, y muy especialmente el catalán. Y la vicepresidenta aprovechó la ocasión para hacer una declaración de intenciones: «Tenemos mucho que hablar y empezaremos» a hacerlo desde «la máxima lealtad y voluntad de entendimiento».

Un ofrecimiento que tuvo distinta respuesta de sus dos principales destinatarios, Urkullu y Puigdemont, una muestra más del distinto camino que han escogido los nacionalistas vascos y los catalanes. El lendakari, tras jurar su cargo bajo el árbol de Guernica, expresó su intención de «trabajar por una Euskadi para todos y mejor». Lo que, a su juicio, conlleva un nuevo marco estatutario para la comunidad autónoma. Aunque, según se ha encargado de reiterar a lo largo de los últimos días, lo hará buscando el acuerdo en el Parlamento vasco y respetando la legalidad constitucional.

Un compromiso que contrasta con el abierto desafío a la legalidad en que se encuentran inmersos los nacionalistas catalanes. Puigdemont mostró su respeto a la vía vasca, pero manifestó que «nosotros recorrimos un camino en ese sentido, de reforma del Estatuto, de pacto por el derecho a decidir, de un pacto de amplio espectro y propuesta mayoritaria, y conocen muy bien cuál fue el final de este recorrido; no por decisión de Cataluña, como no lo va a ser del País Vasco, sino por decisión de un tercero que cuando se le apela a los grandes pactos de Estado en estos casos siempre acostumbra a desaparecer», en referencia al Gobierno.

Si las posibilidades de entendimiento con los catalanes son más bien escasas, ya que su deriva secesionista hace prácticamente imposible una vía de encuentro a corto plazo, con los nacionalistas vascos se pondrán a prueba de forma inmediata. El Gobierno de Rajoy confía en llegar a un acuerdo con el PNV para que apoye los Presupuestos del Estado. A cambio, los nacionalistas vascos exigirán compromisos del Gobierno para desbloquear la disputa sobre el cálculo del cupo vasco, la cantidad que la comunidad debe abonar anualmente a Hacienda en aplicación del Concierto Económico por los servicios que presta el Estado. Sobre la cuantía del cupo hay unas discrepancias entre ambas administraciones de unos 1.400 millones. Y demandarán, además, garantías en relación con el debate de reforma del Estatuto.

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