Margallo: «Lo peor es que la gente piense que la recuperación no entra en su casa»

En respuesta a la idea de Méndez de Vigo de que España está de vuelta, le pide que diga cuándo y de dónde se había ido

A. Azpiroz
MADRID / Colpisa

José Manuel García-Margallo (Madrid, 1944), ministro de Exteriores en el primer Gobierno de Mariano Rajoy, acaba de presentar su libro Europa y el porvenir. Cómo preservar y fortalecer el modelo europeo del bienestar, escrito al alimón con Fernando Eguidazu.

-La Unión Europea pasa por su peor crisis. ¿Qué está en juego?

-En mi opinión, el diagnóstico que se ha hecho sobre la situación de la UE es erróneo. Se piensa que la salida del Reino Unido se ha producido porque hemos avanzado demasiado deprisa en el proceso de integración y que, por tanto, ha llegado la hora de frenar tanto en la ampliación a otros Estados como en el fortalecimiento de las competencias comunitarias. Yo creo que es exactamente lo contrario. Si se ha llegado al brexit y al auge de los populismos es porque no hemos avanzado suficientemente deprisa.

-¿Cómo puede influir la elección de Trump?

-El cambio de administración en EE. UU. no es más que la manifestación de una crisis global de la que forman parte también el brexit o el auge del Frente Nacional en Francia. La globalización ha creado el temor en buena parte de la población mundial a quedarse sin trabajo y a perder su identidad cultural.

-¿El futuro es del populismo?

-Hay un riesgo cierto de que el populismo cobre más auge. Esto ya pasó tras la Primera Guerra Mundial. Estos populismos, que es lo que pasa ahora en España, comienzan a perder fuerza cuando la economía tiende a mejorar. La percepción de que la globalización se ha traducido en un aumento de las desigualdades es algo que los partidos tradicionales debemos tomar muy en serio. Tenemos que atender ese ansia de seguridad y disipar los temores de la población. Hay que dar seguridad frente a la necesidad, el riesgo y la pobreza, y esto en tiempos de recuperación es lo más importante. Lo peor que puede pasar es que la gente piense que la recuperación no entra en el comedor de su casa. Los partidos tradicionales deben acentuar la compensación social. Que nadie se quede atrás porque los que se quedan atrás son los movimientos de los indignados en la Puerta del Sol, los que votan a Le Pen o los que votan a Trump. En el caso europeo, el auge de los populismos no tiene más solución que volcarse en política social y en la integración.

-Habla de un panorama oscuro para los sistemas de pensiones. ¿Vamos a tener que revisarlo?

-En España, en este momento trabajan 18 millones de españoles y hay nueve millones de pensionistas. En el año 2050 habrá 15 millones de pensionistas y para atender sus necesidades solo con cotizaciones tendrían que trabajar 27 millones de españoles, lo cual es absolutamente imposible dada la evolución demográfica. Hay que imaginar un escenario distinto porque lo que hemos hecho hasta ahora, las cotizaciones pagan las prestaciones, no va a funcionar. Hay que cambiar el chip y no confiar tanto en las cotizaciones, que son impuestos al empleo, sino en la imposición indirecta y en concreto en el IVA. O contemplamos el fenómeno con toda su gravedad y toda su crudeza, o esto tiene muy poca solución.

-¿Tendría que haberse hecho una reforma fiscal completa en la anterior legislatura?

-A eso no puedo contestar. Pero teníamos mayoría absoluta.

-¿Y habría que pensar en nuevos impuestos?

-Y en precios impositivos. La gran clave de la financiación autonómica es que se paguen los servicios esenciales, pero los que no lo sean que se lo busquen. Usted quiere tener televisiones autonómicas, pues ponga un canon.

-¿Cómo asumió no repetir en el Gobierno?

-Con absoluta normalidad. Soy partidario de los puestos de trabajo fijos y no precarios. Pero si hay un trabajo precario es el del Gobierno. Lo único seguro, aparte de los impuestos y la muerte, es que cuando eres ministro algún día dejas de serlo.

-¿Cómo se lo comunicó Rajoy?

-Me llamó a Moncloa y estuve una hora con él. Lo primero que le dije es que no tenía que darme ninguna explicación, no me la dio cuando me nombró y no se la pedí cuando decidió que no formase parte del siguiente Gobierno. A mi sucesor le dije que estoy a su servicio. Yo no le voy a llamar, porque no hay nada más pesado que el antecesor que intenta marcarle el rumbo al sucesor, pero me tiene a su absoluta disposición.

-Su sucesor afirmó que había que demostrar que España está de vuelta. ¿Se había perdido presencia?

-Sí, oí que el ministro de Educación, Íñigo Méndez Vigo, ha dicho que estamos de vuelta en Bruselas y la pregunta es adónde nos habíamos ido y cuándo, porque él era el secretario de Estado en la UE. Por tanto, estoy seguro de que se refería al año en funciones.

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