Rajoy evita confirmar a Cospedal hasta que el PP celebre su congreso en febrero

Malestar en el partido por el anuncio de la secretaria general de que seguirá en el cargo


Madrid / Colpisa

Puede que finalmente no haya renovación. Puede que el resultado del 18 congreso nacional del PP esté decidido de antemano y que Mariano Rajoy apueste por la continuidad para este último mandato. Pero que María Dolores de Cospedal dé por sentado en público que seguirá siendo la número dos del partido después del cónclave les parece una «falta de respeto» a algunos dirigentes territoriales. El malestar que en los últimos días se ha extendido por las filas populares ha llegado hasta el presidente, y fuentes de la formación enmarcan en ese contexto la llamada de Fernando Martínez-Maillo a aparcar el debate de los nombres hasta que en febrero se celebre el congreso.

El vicesecretario de Organización compareció ayer tras la reunión del comité de dirección del PP, en el que Rajoy acababa de dar vía libre a la celebración del postergado congreso. Será la junta directiva del próximo lunes la que fijará la fecha exacta y designará al comité organizador. Culminan así dos años de espera en los que el presidente se ha aferrado, primero, a las continuas convocatorias electorales y, después, a la inestabilidad política para retrasar la cita en la que, una vez instalado en la Moncloa, revalidará su liderazgo en el partido.

Será en ese marco en el que presentará a su equipo en la cúpula del PP antes de que el comité ejecutivo nacional lo ratifique. Y, por lo tanto, el momento en el que desvelará si Cospedal sigue siendo su mano derecha. Hasta entonces, Martínez-Maillo advierte que todo «es hablar por hablar». Un mensaje que muchos interpretaron que tenía como destinataria a la secretaria general.

Poco antes, el líder de los populares vascos había templado la impaciencia de la número dos del partido. «En el congreso se decidirá cuál será la suerte para la secretaria general, que nadie puede anticipar ahora», advirtió Alfonso Alonso desde Vitoria. Algunos cargos, amparados en el anonimato, llegaron incluso a tildar de «soberbia» la actitud de Cospedal.

No fue un órdago

En el entorno de la ahora ministra de Defensa, entienden que su anuncio no fue un órdago, y que su deseo de compaginar las responsabilidades en la cúpula del PP con sus tareas en el Gobierno cuenta con la aprobación del presidente. Pero la confesión ha irritado a sectores del partido que claman por un recambio.

El debate no es nuevo y evoca a otro momento político, el de la Semana Santa del 2015, cuando arreciaron las críticas a la gestión de Cospedal y los suyos se revolvieron contra quien creían que estaba tras los ataques, Javier Arenas. Desde luego, Cospedal nunca ha perdido la confianza de Rajoy. Cuando en junio del 2015 el líder de los populares entendió que los cambios en el partido eran obligados para afrontar las citas electorales, optó por una solución intermedia: «renovación por adición». Así llegaron los cuatro vicesecretarios más jóvenes, los «pipiolos», como bromea Martínez-Maillo, a reforzar la dirección.

Fuentes del PP señalan que ahora la prioridad vuelve a ser el Gobierno, y que en el congreso el partido simplemente tendrá que rearmar el proyecto. Ni tan siquiera se pisará el acelerador para aplicar ya la fórmula de «un militante, un voto» en la reelección del presidente. Todo apunta a que los estatutos se reformarán, pero que a nivel nacional será el sucesor de Rajoy el primero en ser designado de manera directa y sin delegados.

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