La gestora del PSOE gana terreno en su defensa de una abstención global

Considera que una parcial haría que «algunos salven la cara mientras otros se queman»


Madrid / Colpisa

No hay ya, entre los cuadros del PSOE, ni la más mínima duda de qué deparará el comité federal de mañana. El interrogante ha dejado de estar en si se impondrá o no, como «mal menor», la abstención en la investidura de Mariano Rajoy. La duda (bien es cierto que mínima) está ahora en cómo se materializa esa posición. Si prosperan las tesis de la gestora -o por decirlo de otro modo, de Javier Fernández y de la presidenta de Andalucía, Susana Díaz- será una abstención colectiva. Si lo hacen las de algunos barones, como el castellano-manchego Emiliano García Page, se reducirá a un sacrificio de once diputados, los mínimos necesarios para no bloquear la formación del Gobierno.

La segunda opción tiene, para sus defensores, una doble virtud: evitaría escenificar la fractura que, a todas luces, se producirá con la dirección del PSC -que ya ha adelantado su determinación de votar no independientemente de cuál sea la postura que adopte el máximo órgano de decisión socialista- y, además, aducen, podría ser más fácil de entender por una militancia sublevada ante la idea de que su partido facilite la continuidad de un Ejecutivo popular. Pero tiene pocos visos de prosperar.

En la dirección interina del partido argumentan que ha llegado el momento de dejar de ser ambiguos y de dar la cara. «Existen unas razones políticas para permitir que arranque la legislatura y no ir a unas terceras elecciones y tenemos que saber explicarlas sin tapujos y sin vergüenza», dicen fuentes de la gestora. «Algunos lo que pretenden es simplemente salvar la cara frente a las bases mientras otros se queman, y eso no es justo», añade otro dirigente.

Quienes querrían que la mácula quede reducida al mínimo apuntan incluso a quiénes serían los once penitentes: los siete integrantes de la dirección parlamentaria, con su portavoz, Antonio Hernando, a la cabeza; los dos miembros de la Mesa del Congreso, Micaela Navarro y Juan Luis Gordo, y los dos que forman parte de la gestora, Ricardo Cortés y María Jesús Serrano. En la gestora, sin embargo, insisten con contundencia: «Lo que determine el comité será de obligado cumplimiento para todos». 

El coste de la abstención

La abstención mínima es la salida de consuelo para los sanchistas, que siempre han defendido el no (y que mantendrán su posición, ahora minoritaria, en el cónclave de mañana), pero también para aquellos dirigentes territoriales que, pese a contribuir a la caída del ex secretario general aún albergan dudas sobre el coste de la abstención. Es el caso de aquellos que gobiernan en minoría gracias al apoyo externo de Podemos, García-Page, el valenciano Ximo Puig e incluso el aragonés Javier Lambán.

Muchos diputados temen la reacción de unas bases que han expresado sus recelos con contundencia. «Yo estoy seguro de que tras la investidura miles de militantes nos van a abandonar», admite incluso un miembro de la gestora. La iniciativa del alcalde de Jun, que lleva varias semanas recogiendo firmas a favor de un congreso extraordinario inmediato, da buena pauta de cómo están los ánimos. Él asegura haber recabado más de 80.000 e, independientemente de que todas sean válidas -cosa que en la dirección cuestionan, dados los precedentes del regidor granadino en campañas similares-, su éxito refleja un claro malestar.

Aun así, o precisamente por eso, la actual cúpula del partido entiende que hay que evitar posiciones «vergonzantes». Además, perciben que hacer componendas carece de sentido una vez que la mayor parte de los secretarios regionales que apoyaban a Sánchez han dejado claro que los diputados de su federación cumplirán la decisión que adopte el comité federal. Incluso pesos pesados de la anterior ejecutiva como el secretario de organización, César Luena; la de política municipal, Adriana Lastra, o la de participación, María González Veracruz, han asegurado que mantendrán la disciplina de voto, como exigen los estatutos, más allá de que cuestionen la legitimidad de una posición no avalada en una consulta a las bases.

La cuestión del PSC parece más difícil de encauzar, pero Javier Fernández es partidario de seguir intentándolo hasta el final. La crítica que se hace a los socialistas catalanes desde algunos territorios es clara: «Si van a participar en la votación del máximo órgano de dirección tendrán que asumir lo que decida. Eso es democracia. ¿O van a hacer como Donald Trump, que asume el resultado solo si gana?». Si finalmente se produce el choque, varios dirigentes abogan por revisar el protocolo entre ambos partidos y estudiar una escisión.

El alcalde de Jun llevará las actas de asambleas locales contra la abstención

El alcalde de Jun (Granada), José Antonio Rodríguez, llevará mañana al comité federal del PSOE las actas de las asambleas locales que se están celebrando en toda España, a raíz de su propuesta, para posicionarse a favor o en contra de una abstención en la sesión de investidura. El regidor ha expresado su intención de que se pueda convocar un congreso para que sean las bases las que decidan la postura del partido. «Donde se ha votado estamos ganando», ha señalado. Sobre la recogida de firmas necesarias para la convocatoria de un congreso extraordinario, ha manifestado que el jueves faltaban unas 7.000, aunque considera que se alcanzarán las 93.720 necesarias.

Guerra pide a su partido que piense en el interés del país y no en la «dignidad ultrajada»

El exdirigente socialista Alfonso Guerra cree que su partido debe abordar la investidura pensando en «lo que afecta a la colectividad» y no solo en «la dignidad ultrajada de cada persona». Así lo aseguró el exvicepresidente del Gobierno en un artículo publicado esta semana. En su texto, eso sí, elude hablar de la abstención que centrará mañana el comité federal del PSOE, aunque cuestiona el argumento de aquellos que aseguran preferir ir a unas terceras elecciones.

Guerra apunta que quienes «se sienten incómodos con la formación de un Gobierno del partido que ganó las elecciones tienen razones» para sostener lo contrario, y, como ejemplo, habla de los «recortes» del PP y «la vergonzosa trama de corrupción» que les ha afectado, pero recalca que «tener razones no siempre significa tener razón». Además, acusa a Podemos de ser el culpable de que hoy no haya un Gobierno de centroizquierda en España.

En cuanto al partido, el exvicepresidente cuestiona el sistema de primarias y las consultas a la militancia como fórmula de funcionamiento. Argumenta que las primarias reducen «la marcha de la organización a la conexión del líder y las bases, eliminando de hecho la estructura partidaria» y añade que, aunque la posibilidad de acudir a las bases de modo «permanente» es «un aliciente para los militantes en la edad de las redes sociales», no considera «muy compatible aspirar a dirigir un colectivo y preferir que las decisiones las tomen otros».

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