madrid / colpisa

El primer macroproceso por el caso Gürtel, epicentro del rifirrafe político desde hace más de un lustro, comienza mañana en la Audiencia Nacional. Francisco Correa, el cabecilla de la trama Gürtel, los trabajadores de su grupo empresarial, dos extesoreros nacionales del PP, un exviceconsejero regional, constructores y hasta una exministra, responsable civil por lucrarse con la red, se sentarán en el banquillo acusados de hasta una docena de delitos de corrupción. Son 37 acusados (otros dos fallecieron y al extesorero Álvaro Lapuerta le archivaron la causa por demencia) cuya petición de penas suman 446 años de cárcel y multas de 822 millones de euros. La vista oral escrutará las actividades de la primera época de la trama, de 1999 al 2005, coincidiendo con las mayorías absolutas de los gobiernos de José María Aznar y de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid.

La evolución laboral de Correa explica los orígenes de la trama. Pasó de trabajar como botones a ser el jefe de una tupida red de empresas dedicadas a saquear las arcas públicas. En el año 2000 funda Special Events, con la red ya medita en el PP, que se unen a otras compañías diseñadas para dar servicio a los populares. Al frente de este conglomerado Correa situó a peones de confianza. También se dotó de sociedades patrimoniales dedicadas a la compraventa de inmuebles y creó mercantiles en el exterior situando como administradores a los imputados Luis de Miguel (arquitecto fiscal), José Luis Izquierdo (contable), Pablo Crespo (ejecutor) y Carmen Rodríguez, su segunda mujer. El entramado llegó a sumar 27 empresas.

La figura de Pablo Crespo es capital para explicar el desembarco de Correa en Génova 13. Su primer trabajo fue la preparación y ejecución de las elecciones gallegas de 1999. Después llegaron otras campañas nacionales, gracias a su amistad con los jefes nacionales de las áreas electoral, tesorería y gerencia y organización. Sus nombres son conocidos: Luis Bárcenas, Jesús Sepúlveda (exmarido de Ana Mato) y Jesús Merino (exconsejero de la Junta de Castilla y León). Mientras que a nivel regional captó a Alberto López Viejo, que entre 1999 y 2009 fue concejal en el Ayuntamiento de Madrid y viceconsejero en la Comunidad. Esta influencia resulta determinante para que las empresas de Correa se hagan de forma irregular con adjudicaciones públicas. 

Dinero y regalos de lujo

A cambio, sus intermediarios políticos y los funcionarios corrompidos recibían dinero y regalos de lujo. También llegaron a participar en negocios conjuntos a través de sociedades pantalla, mediante las cuales cobraban las comisiones que les entregaban las constructoras adjudicatarias. Solo durante la etapa de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid se trocearon 657 contratos valorados en 8,7 millones a favor de cuatro empresas vinculadas a la red Gürtel, con los que obtuvieron 4,9 millones.

Pero tras perder el PP el gobierno en marzo del 2004 se produjeron cambios internos. Uno fue desvincularse de las empresas de Correa, si bien este continuaría relacionándose con determinados cargos populares, al tiempo que se adaptó a la nueva coyuntura con el traslado de su actividad a Valencia, donde su delegado Álvaro Pérez, El Bigotes, tenía buena relación con administraciones populares. Pero este es otro capítulo que se investiga en otras causas.

El PP considera el caso amortizado electoralmente 

Mariano Rajoy ha resistido el temporal Gürtel desde que en el año 2009 la Audiencia Nacional abrió la investigación que más ha dañado los cimientos del PP. Durante los siete años de instrucción sobre la trama corrupta, el partido ha pasado por una montaña rusa anímica que ha llevado a los populares a sentir, primero, que su proyecto se desmoronaba y a concluir, tiempo después, que, pagada de algún modo la factura en las urnas, el asunto está «amortizado». El presidente se vanagloria de haber dejado fuera de su organización a todos los implicados, pero a nadie se le escapa que las 32 sesiones programadas del primer juicio que comienza mañana sentarán en el banquillo a los fantasmas que han atormentado a los dirigentes de la formación. 

Aunque también se juzga si el partido se benefició de la red corrupta, en el análisis de la dirección del PP todo forma parte ya del pasado. Según pronostican, la vista pondrá de nuevo bajo los focos hechos conocidos y por los que la formación ya tuvo que dar cuenta en anteriores convocatorias electorales. Es más, en la cúpula no esperan que surjan conductas criminales nuevas. Y aunque algunas voces admiten que la agenda política estará marcada por la revisión de los acontecimientos y que eso no beneficia a los populares, creen que apenas tendrá incidencia en el respaldo del electorado, que podría ser convocado a unas terceras elecciones. Las mismas fuentes se muestran escépticas sobre la posibilidad de que se revierta la tendencia al alza del PP, aunque reconocen que la atención mediática sí podría frenar la recuperación de votos que comenzó el 26J. 

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Los 37 acusados en el primer juicio de la Gürtel se enfrentan a penas de 446 años