Los vascos van a las urnas sin saber en quién se apoyará el PNV para gobernar

La campaña exenta de crispación confirma la normalización política en la comunidad

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Madrid / La Voz

El País Vasco afronta hoy unas elecciones atípicas en este territorio por la ausencia no solo de la violencia terrorista, afortunadamente inexistente desde hace cinco años, sino también de la crispación y la fuerte tensión política que han caracterizado los procesos electorales anteriores. No hay dudas de que el PNV ganará los comicios, como reflejan todos los sondeos, y tampoco de que, al contrario de lo que ocurre en España, Íñigo Urkullu, el candidato más votado, será el próximo lendakari. La incertidumbre se reduce a conocer con qué partido o partidos tendrá que pactar. Según el CIS, el PNV ganará con entre 27 y 28 escaños de los 75 que conforman la cámara vasca.

Disputada segunda plaza

Mucho más disputada estaría la segunda posición, a la que aspiran EH-Bildu, que obtendría 16 actas, y Elkarrekin Podemos, la gran novedad en estos comicios, al que el sondeo atribuye entre 15 y 16. Pero quizá la noticia más trascendente, si se confirman las previsiones, es el fuerte varapalo que sufriría el PSOE, partido que gobernaba en el País Vasco hace solo cuatro años, y que se dejaría la mitad de sus 16 escaños para quedarse en 8, idéntica cifra que el CIS atribuye al PP, que perdería dos. Ciudadanos no conseguiría entrar en el Parlamento vasco, según este estudio.

Esas previsiones dejan muy abierta la combinación para la formación de Gobierno. Al PNV no le bastaría pactar solo con el PSOE para alcanzar los 38 escaños que dan la mayoría absoluta, lo que dotaría de la mayor estabilidad a su Ejecutivo. Y un pacto a tres con socialistas y populares se antoja complicado en las actuales circunstancias. En todo caso, Urkullu necesita pactar con al menos uno de los dos para superar la investidura y tratar de gobernar en solitario, dado que un eventual candidato pactado ente EH Bildu y Podemos tendría más votos que él.

El sistema de investidura del País Vasco es distinto al del Congreso. Pueden concurrir a la vez varios candidatos y no existe el voto negativo. Aunque en primera vuelta es imprescindible la mayoría absoluta, en la segunda el que obtenga más votos es elegido lendakari. No hay posibilidad de un bloqueo como el que existe para el Gobierno de España.

Campaña moderada del PNV

El PNV ha protagonizado una campaña moderada, destacando su renuncia a una independencia que considera imposible. Eso le ha hecho ganar la centralidad y ha moderado las criticas de socialistas y populares. Pese a estar lejos de la mayoría, Urkullu está en una posición cómoda. Tiene capacidad para pactar con los dos grandes partidos nacionales y, al tiempo, coincide con Bildu y la franquicia de Podemos en el País Vasco en la reivindicación del derecho a decidir.

Tras la inhabilitación de Arnaldo Otegi como candidato, que marcó el inicio de la campaña, Bildu ha hecho un esfuerzo por recuperar votantes fugados a Podemos rechazando la violencia y poniendo el énfasis en el discurso más social. Podemos ha alternado los fuertes ataques al PNV de Pablo Iglesias con el discurso marcadamente nacionalista de su candidata, Pilar Zabala, hermana de un etarra asesinado por los GAL. El PSE ha tratado de frenar la sangría de votos reivindicando su papel de árbitro entre el nacionalismo y el centralismo del PP. Y los populares se han presentado como la única fuerza capaz de actuar como contrapeso del nacionalismo en Euskadi.

Urkullu rentabiliza su discurso moderado frente al rupturismo de CDC en Cataluña

El conflicto soberanista catalán ha tenido una influencia notable en la situación política en el País Vasco, de la que el PNV es el principal beneficiado. La estrategia de Íñigo Urkullu de desmarcarse del discurso tremendista de los independentistas catalanes y de sus órdagos al Gobierno, optando por el contrario por una vía exigente pero conciliadora, ha forzado a sus rivales políticos del PP y del PSOE a valorar su sentido de Estado por contraposición al reiterado incumplimiento de la ley por parte de la Generalitat y de los soberanistas catalanes. Urkullu ha combinado esa posición moderada con guiños constantes a la izquierda aberzale para aliarse en las reivindicaciones de mayor autogobierno, pero marcando distancias con los herederos e Batasuna al exigirles constantemente durante esta campaña que reconozcan que matar «estuvo mal». Un paso que sabe que resulta muy difícil de dar a una buena parte de la dirección y el electorado de EH Bildu, que por más que hayan renunciado a la violencia se resisten a condenar todo lo que hizo ETA y su brazo político, del que son herederos. Esa estrategia del PNV, unida a una pragmática política económica sin sobresaltos, le ha permitido situarse en el centro del tablero político vasco, sin que ninguno de sus rivales tenga en realidad demasiado que reprocharle. Al contario que CDC en Cataluña, para el PP y para el PSOE el PNV es más bien una garantía del respeto a la ley. Una situación que, de paso, laminó la progresión meteórica de UPyD en el País Vasco y ha dejado también prácticamente sin opciones a Ciudadanos.

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