Ciudadanos mantiene su veto a Rajoy y devuelve toda la presión al PSOE

El presidente en funciones se reúne hoy con Rivera e Iglesias y mañana con Sánchez

 El presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (i), y portavoz del PSOE en el Congreso, Antonio Hernando.
El presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (i), y portavoz del PSOE en el Congreso, Antonio Hernando.

Madrid / Colpisa

La patata caliente sigue corriendo de mano en mano. Nadie en todo el Congreso está dispuesto a asumir el coste de ser la fuerza política que, con su sí o su abstención, permita la continuidad de Mariano Rajoy al frente del Gobierno. De poco ha servido al PSOE su intento de desentenderse del asunto para trasladar la presión a otras formaciones ideológicamente más cercanas al PP. La víspera del encuentro que hoy mantendrán Albert Rivera y el jefe del Ejecutivo en funciones, para sondear un posible apoyo a la investidura, Ciudadanos advirtió ayer de que no se moverá de su no al presidente. Y lo mismo le dirá Pedro Sánchez en la reunión que mantendrán mañana en el Congreso.

En el PSOE son muchos los que admiten que si Rajoy fuera capaz de sumar 170 síes -es decir, los de sus 137 diputados, más los 32 de C’s y el de Coalición Canaria- tendrían muy difícil justificar su bloqueo. Más aún cuando se han pasado los últimos meses criticando al PP y a Podemos por haber preferido unas segundas elecciones a un Ejecutivo del PSOE y Ciudadanos con solo 132 diputados. Es la tesis de líderes territoriales como el extremeño Guillermo Fernández Vara o el castellano-manchego, Emiliano García-Page, pero también, aunque no lo digan en público, de dirigentes cercanos a Sánchez.

Gobierno en minoría

Los socialistas creían que, tras el comité federal del pasado sábado, del que salió un no rotundo a la investidura de Rajoy, forzarían al líder del PP a explorar ese camino. Pero se han topado contra un muro. «La vía 169 o la vía 170 -advirtieron ayer desde Ciudadanos- no se va a producir». El vice secretario general, José Manuel Villegas, fue claro. «Nuestra posición es no facilitar un Gobierno, si es de Mariano Rajoy, ni por activa ni por pasiva; van a tener que llegar a algún tipo de acuerdo con el PSOE y, si no, no se desbloqueará la situación», reiteró.

En realidad, sí hay un escenario en el que Ciudadanos estaría dispuesto a votar con el PP o incluso a incorporarse al Ejecutivo: un pacto a tres, en el que entren también los socialistas, para modernizar el país y acometer grandes reformas. Pero asumen ya que eso es imposible. De modo que Villegas apuntó a otra opción: un Gobierno en minoría. En ese caso, las reformas se pactarían en el Congreso entre todas las fuerzas políticas y Ciudadanos se prestaría a negociar los Presupuestos y el techo de gasto.

El problema, como subrayó el vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez-Maíllo, es que para que haya Ejecutivo, en minoría o no, alguien tiene que moverse. Y los populares vuelven a dirigir su mirada al PSOE. Maíllo advirtió a Sánchez de que va a tener que «desdecirse» de uno de sus dos noes, el no a la investidura de Rajoy o el no a unos terceros comicios. «Porque no existe una alternativa», adujo. Rechazó así el empeño de los socialistas en que el PP hable con sus supuestos «afines ideológicos». La respuesta de Maíllo fue que «algunas de esas sumas son incompatibles entre sí». Lo decía fundamentalmente por Ciudadanos respecto a Convergència, con quien Rajoy solo mantendrá un contacto discreto, y el PNV.

Pero lo cierto es que tras los primeros contactos que ya ha tenido el jefe del Ejecutivo en funciones con otros partidos, solo da por imposible el entendimiento con Esquerra. En cambio, aún ve margen para negociar, en una segunda fase, a un nivel más técnico, con los nacionalistas vascos. Rajoy quiere abrir, según Maíllo, mesas de diálogo con los partidos pero todo dependerá de lo que le digan hoy Rivera y mañana Sánchez. Y, de momento, todo apunta a una vía muerta.

Podemos busca acuerdos para que el PP no consiga la mayoría en la Mesa del Congreso

Podemos no afloja su presión sobre el PSOE para explorar la posibilidad de formar una coalición de izquierda. Pero, conscientes de que esta posibilidad es inviable, los dirigentes podemitas se plantean ya otras metas. La primera de ellas es la composición de la Mesa del Congreso. En la pasada legislatura, Podemos se quedó fuera de juego por el pacto entre PSOE y Ciudadanos que otorgó la presidencia al socialista Patxi López y mayoría en la Mesa al PP y la formación de Albert Rivera. El partido de Iglesias ha iniciado ya los contactos con otras formaciones para que esto no suceda de nuevo. El objetivo, según explicó ayer Íñigo Errejón, es evitar «un candado del PP» en el órgano de gobierno de la Cámara baja.

El número dos de Podemos hizo un llamamiento al resto de fuerzas para reflejar la pluralidad en la Mesa y evitar que una mayoría popular pueda bloquear las iniciativas del resto de formaciones. «Lo que ocurrió la pasada legislatura es un ejemplo de lo que no tiene que ocurrir, pero no depende solo de nosotros», apuntó Errejón. La composición de la Mesa es un asunto vital para Podemos, que mantiene aún sus aspiraciones de que sus confluencias puedan contar con grupos propios en la Cámara baja. Aun en el más que improbable caso de que el PSOE apoyase esa pretensión, una mayoría del PP y Ciudadanos en la Mesa daría al traste con ella.

Imponer reformas

Errejón miró más allá de la investidura y avanzó la forma en que se puede comportar el Congreso a lo largo de la próxima legislatura. El portavoz de Podemos apuntó que, aunque Rajoy logre la investidura gracias a alguna abstención socialista, contará con una exigua mayoría parlamentaria. Frente a PP y Ciudadanos, la oposición puede sacar adelante las propuestas que logre pactar, señaló. En opinión de Errejón, existen los apoyos suficientes para que prosperen «algunas de las transformaciones que necesita España». Esta situación ya se dio durante la pasada legislatura. Podemos y PSOE, apoyados en partidos como el PNV, Esquerra o Convergència, e incluso por Ciudadanos en muchas ocasiones, lograron imponer en la Cámara baja un gran número de iniciativas. Si como Errejón desea la oposición actúa unida, pondrá importantes límites al margen de maniobra de Rajoy y la legislatura, presumiblemente, no será duradera.

Barones críticos temen que Sánchez busque salvarse en unas elecciones

Si una cosa dejó preocupados a los principales líderes territoriales del PSOE el pasado sábado fue la contundencia mostrada por Pedro Sánchez en su rechazo a la investidura de Mariano Rajoy. El secretario general de los socialistas se pronunció en contra de unas terceras elecciones, pero no lo hizo, a juicio de los críticos, con la misma contundencia con la que negó el pan y la sal a los populares. Y ahora temen que esté dispuesto a llevar a España a unos nuevos comicios para evitar presentarse ante los militantes, en el congreso del próximo otoño en el que la formación renovará su liderazgo, como quien permitió gobernar al PP.

La intervención, ayer, de uno de sus principales colaboradores, Antonio Hernando, en la televisión pública solo sirvió para apuntalar ese miedo. El portavoz socialista en el Congreso advirtió de que ya no es posible que su grupo parlamentario se mueva del no. «Si el PSOE cambia de opinión después de haberle hecho esa pregunta a todos los dirigentes durante un mes y medio, vamos a perder absolutamente toda nuestra credibilidad. Y uno de los problemas que tiene el PSOE -argumentó- es de credibilidad».

Algunos socialistas sostienen que lo que de verdad significan esas palabras es que el PSOE hará pasar a Rajoy, al menos, por una investidura fallida y luego ya se verá. Pero lo cierto es que en el comité federal no faltaron las voces afines a Sánchez, aunque en general no primeras espadas, a favor de llevar su negativa a un Gobierno del PP hasta sus últimas consecuencias.

Hay, en todo caso, una solución de último recurso que también empieza a asomar en el PSOE y que, por primera vez, formuló ayer en voz alta el primer secretario del PSC, Miquel Iceta: una abstención colectiva de toda la oposición. La fórmula, pactada, permitiría diluir la culpa de que el PP siga al frente del Ejecutivo y condicionaría la acción de Gobierno hasta el punto de forzar, en algunos casos, la derogación de leyes polémicas ahora vigentes. No parece, sin embargo, que vaya a abrirse paso. Por lo pronto, el número dos de Podemos, Íñigo Errejón, ya la ha rechazado. Su líder, Pablo Iglesias, también se ve con Rajoy hoy. Pero será un mero trámite.

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