Dos jarrones chinos que estorban a sus partidos y ya no suman votos

Felipe González y Aznar han sufrido un gran desgaste en los últimos años


madrid / la voz

Felipe González definió así el papel de los expresidentes del Gobierno: «Son como grandes jarrones chinos en apartamentos pequeños. Se supone que tienen valor y nadie se atreve a tirarlos a la basura, pero en realidad estorban en todas partes». ¿Tanto él como José María Aznar son un estorbo que perjudica al PSOE y el PP respectivamente o un activo que se traduce en votos? ¿Sus apariciones, reconvenciones, advertencias y consejos perjudican o benefician? En el caso de Aznar, su desencuentro con Rajoy es total, mayor que nunca. Sus críticas son cada vez más frecuentes y explícitas. Hace solo diez días le echó en cara que la deuda se haya disparado por encima del 100 % del PIB, el incumplimiento del déficit y la paralización de las reformas. Además, le ha hecho responsable del avance de Ciudadanos. Ayer dio un paso más y le criticó que polarice la campaña. A pesar de esta enmienda a la totalidad de Aznar a Rajoy es dudoso que eso pueda tener un impacto electoral porque el expresidente representa al electorado más a la derecha del PP, que difícilmente cambiará de opción por ese flanco. Es cierto que si Aznar hubiera cerrado filas con su sucesor habría supuesto un valor añadido para los populares.

Ni suma ni resta

También es cierto que mucha de la corrupción que ha aflorado ahora se remonta a la era del expresidente y esos escándalos fueron una de las causas que llevaron al PP a perder 3,5 millones de votos el 20D. Por ahí se han escapado muchas papeletas a la formación naranja. Aznar no tiene autoridad para criticar la corrupción que afecta a su partido y, de hecho, nunca lo hace. En el balance, se podría decir que Aznar ya ni suma ni resta.

Por lo que se refiere a González, la paradoja es que mientras su gestión al frente del Gobierno es cada vez más apreciada, incluso lo han hecho dirigentes del PP aunque fuera para contraponerlo a Pedro Sánchez, su figura personal se ha desgastado mucho. Su relación con el multimillonario mexicano Carlos Slim o la recién revelada con el polémico hombre de negocios hispanoiraní Farshad Zandi han erosionado su imagen. Es cierto, al contrario de Aznar, que no ataca al actual líder de su partido, aunque es sabido que conecta mucho mejor con Susana Díaz. Su implicación en la crisis de Venezuela con una nítida toma de partido por la oposición puede ser contraproducente en un sector del electorado socialista. Eso sí, el expresidente es un valor en los electores de más edad, al igual que Aznar en el PP.

La conclusión es que González puede perjudicar más al PSOE que Aznar al PP, aunque ninguno de los dos suma ya un número importante de votos. Pero ambos dan argumentos a Podemos, que puede utilizarlos como ejemplos de la vieja política, las puertas giratorias o la corrupción.

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