Los secesionistas usan la polémica por las esteladas para reforzar su desafío

Pretenden presentar la semana entrante la ley para crear una seguridad social catalana

Colpisa
Barcelona

«Hemos ganado 100.000 independentistas más». Lluís Llach esbozaba el jueves pasado una sonrisa de oreja a oreja, un día después de que la Delegación del Gobierno en Madrid vetara las esteladas en la final de la Copa del Rey. El cantante y parlamentario de Junts pel Sí se felicitaba porque en un escaso plazo de 24 horas, el independentismo había recibido dos buenos pases de gol desde Madrid: la prohibición de las esteladas y la imputación de Francesc Homs. La decisión de Concepción Dancausa ha movilizado a la alicaída parroquia soberanista, que cree en el proyecto independentista pero no acaba de ver que la tan prometida desconexión esté a la vuelta de la esquina de 14 meses. Por ello, el independentismo ha aprovechado el episodio para tratar de reforzar su argumentario.

«Queremos escapar»

La polémica de las esteladas es un ejemplo de «la España de la que queremos escapar», afirma el presidente catalán, Carles Puigdemont, en declaraciones publicadas el sábado por el diario francés Le Figaro. Durante esta semana, los independentistas se han despachado a gusto y han descrito a España como un Estado antidemocrático, en el que se vulneran los derechos más elementales, un relato que presenta la vía independentista como la única solución. La jugada, en cualquier caso, no ha sido totalmente redonda para los intereses de los secesionistas, en la medida en que ha habido un juez que ha impedido la prohibición de las esteladas, que estarán presentes de manera masiva este domingo en el Calderón en una nueva demostración de fuerza. Y, por tanto, ya hay quien les ha recordado que no todo en España es tan negro como lo pintan.

Pero la cuestión es que el mundo independentista buscaba un acicate, porque en los últimos tiempos no acababa de entender lo que ve a su alrededor. Empezando por la guerra interna que libran Convergència y Esquerra por la hegemonía del proceso independentista y que no han dudado en airear en público a cuenta de la polémica sobre si hay que subir los impuestos a las rentas más altas. Las viejas rencillas entre soberanistas, que afectan hasta a la Asamblea Nacional Catalana (ANC), están a la orden del día en la negociación de los presupuestos entre Junts pel Sí y la CUP y el independentismo de base no comprende que los partidos nacionalistas se peguen casi a diario. Tampoco acaban de asimilar cómo desde el propio Gobierno se alimenta la teoría de que puede haber un nuevo adelanto electoral y asisten descolocados a algunos movimientos del presidente de la Generalitat, que es capaz de decir en un mismo discurso que el año que viene Cataluña será independiente y a la vez se muestra dispuesto a negociar, junto a Baleares y la Comunidad Valenciana, un nuevo modelo de financiación.

Las encuestas reflejaban esa cierta desmoralización y apuntaban a una nueva derrota del soberanismo en las urnas por el empuje de En Comú Podem, el 26 de junio. El objetivo de la legislatura para Puigdemont, que es ampliar la base secesionista, pues, peligraba. En parte por algunos errores propios. Por ejemplo, sectores del centro derecha no comparten los honores que han tributado ERC y la CUP a Arnaldo Otegi y el secesionista castellanohablante toma distancias con la idea de la ruptura cuando se presentan manifiestos que cargan contra el bilingüismo y tratan a los emigrantes españoles como «colonos» del franquismo.

De momento, los soberanistas quieren aprovechar el tirón y la semana que viene ya presentarán la primera de las tres leyes de la desconexión, la creación de una Seguridad Social propia, para visualizar que sí que están avanzando.

Jordi Sánchez, reelegido al frente de la Asamblea Catalana sin los votos necesarios

El actual presidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sánchez, salió el sábado reelegido, en medio de una gran división interna y pese a no conseguir los votos necesarios, al frente de este grupo de presión independentista que organiza las manifestaciones del 11S. Sánchez, en la órbita de Convergència, seguirá pilotando la ANC, a pesar de que no fue el candidato más votado por las bases. Una circunstancia que le resta legitimidad y que ya le ocurrió el año pasado en su primera elección como presidente.

El sistema de elección de los cargos de la ANC es a doble vuelta: en la primera, las bases eligen a una cúpula de 77 miembros, que son los encargados de resolver en la segunda votación quién es el presidente. Así, en un clima de división interna, Sánchez volvió a derrotar a la editora norteamericana Liz Castro, la preferida por la militancia dos años seguidos, que lideraba el sector crítico y que denunció irregularidades en el proceso electoral de la entidad. En las votaciones celebradas el año pasado, Sánchez ocupó el cuarto puesto en el voto directo de los miembros de la asociación, pero en la elección interna de la cúpula logró imponerse como presidente. En la votación realizada el sábado ocupó el segundo lugar en la preferencia de los asociados.

Estatutos vulnerados

Además, fueron necesarias varias votaciones entre los miembros del secretariado de la asociación para proceder a la elección de Sánchez. En la penúltima, los 75 votantes se repartieron entre las 33 papeletas para la editora norteamericana y 42 para Sánchez. Los estatutos de la organización establecen que el presidente ha de recibir al menos dos tercios de los votos del secretariado, esto es 50 apoyos. Por eso, fue necesaria una nueva votación en la que Sánchez consiguió 40 votos frente a los 35 de Castro. Pese a que la distancia entre ambos se estrechó y a que seguía sin reunir los dos tercios de votos necesarios, el secretariado de la asociación acordó el nombramiento de Sánchez por ser el más votado.

Jordi Sánchez ha sido elegido para un mandato de dos años y se pone como objetivo que Cataluña proclame la independencia en ese período.

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