El separatismo se quiebra tres meses después de la investidura

CDC y ERC se miran con recelo, mientras Junts pel Sí y la CUP se preparan para la prueba de fuego de los presupuestos

Colpisa
Barcelona

Por primera vez hay en Cataluña un Gobierno inequívocamente secesionista, que se sustenta en una mayoría absoluta de 72 diputados (sobre 135). Tras la renuncia de Artur Mas, Junts pel Sí y la CUP dejaron atrás sus enormes diferencias y sellaron un pacto de legislatura, que permitió la investidura de Carles Puigdemont y puso en marcha una carrera de 18 meses hacia la independencia. Sin embargo, a la primera de cambio, esa unidad tantas veces invocada como el gran activo del proceso, está hoy en peligro tres meses después de la investidura del presidente de la Generalitat.

La victoria del independentismo en el 27-S no fue tan holgada como vendieron sus dirigentes en un primer momento y como consecuencia de ese resultado, que no da ni de lejos para aprobar, por ejemplo, una reforma estatutaria, Junts pel Sí y la CUP se han enfrascado en una lucha sin cuartel, que ha hecho aflorar serias discrepancias. No solo en la hoja de ruta para la independencia, también en el ritmo que debe seguir el proceso. La CUP quiere acciones concretas de ruptura y exige a Puigdemont que lo haga antes del 10 de enero, mientras que Junts pel Sí prefiere ir paso a paso: quiere hacer una tortilla sin romper los huevos, según señala gráficamente un diputado de la oposición de izquierdas. Fuentes de la CUP acusan a CDC y ERC de no tenerlo claro y de conducir con el freno de mano echado, de ahí que los anticapitalistas hayan decidido tensar la alianza: han lanzado un ultimátum para que haya pasos de ruptura antes de nueve meses y han impulsado una moción de desconexión para mantener la vigencia de la declaración independentista aprobada por la Cámara catalana el pasado 9-N y que fue anulada por el Constitucional. La moción se aprobó el jueves. Junts pel Sí pidió a la CUP que modificara el texto para adaptarla a la legalidad. Los anticapitalistas no querían y buscaban acelerar el proceso y que CDC y ERC quedaran retratados. Al final, la CUP accedió a rebajar el contenido y Junts pel Sí aprobó la declaración, por el bien de la unidad. Pero fue un primer choque, que supone un mero aperitivo del que se espera en julio, que es cuando la Generalitat pretende aprobar los presupuestos que llevará a la Cámara a finales de año.

Junqueras y Puigdemont no se fían el uno del otro

CDC y ERC se miran de reojo sin fiarse del todo el uno del otro. Un ejemplo fue la reciente reunión que Oriol Junqueras tuvo con Pedro Sánchez, horas después de que este se entrevistara con Puigdemont. Junqueras no informó a Puigdemont y el jefe del Ejecutivo se lo reprochó. Esos recelos evitarán que CDC y ERC vayan juntos en una coalición en caso de elecciones generales.

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