Podemos acumula crisis tras crisis en menos de dos años

Primero Teresa Rodríguez y Echenique. Después, Monedero y ahora, Errejón. Pablo Iglesias se va quedando aislado dentro de su partido


Madrid / Colpisa

Dos años de vida han resultado suficientes para descubrir que Podemos es un partido con demasiadas almas. El descontento por la crisis y los abusos del bipartidismo sirvió como amalgama de corrientes de pensamiento muy diferentes que van desde el radicalismo de Izquierda Anticapitalista hasta el pragmatismo de dirigentes como Íñigo Errejón o Carolina Bescansa. En medio de todos se sitúa Pablo Iglesias. El secretario general de la formación es el guardián de un equilibrio interno que no siempre ha sabido, podido o querido mantener.

La primera gran crisis del proyecto se produjo entre septiembre y noviembre del 2014. El desencadenante fue la aprobación de la organización interna del partido. Fue ahí cuando quedó dibujada la oposición por la izquierda de Teresa Rodríguez al frente de Anticapitalistas, por un lado, y Pablo Echenique, por el otro. Frente a las propuestas de diluir el liderazgo nacional y mantener el espíritu fundador de los círculos, Iglesias logró imponer su modelo de partido centralizado con él en la cúspide de la pirámide.

La batalla ideológica

Después remató a la oposición con unas primarias a los órganos de gobierno de la formación que copó con todos y cada uno de sus candidatos. Con la batalla perdida en Madrid, Rodríguez y Echenique se refugiaron en sus feudos de Andalucía y Aragón, donde ejercen el poder territorial con gran independencia respecto a la dirección nacional. En el caso de la secretaria general andaluza e Iglesias la guerra se mantiene, aunque larvada. La líder de la corriente Anticapitalistas nunca ha renunciado a que Podemos dé un giro a la izquierda y abandone la transversalidad que Iglesias ha pretendido otorgar al partido. Se demostró esta semana, cuando Anticapitalistas instó al secretario general a dar un portazo definitivo a los socialistas y preparar desde ya al partido para unas nuevas elecciones.

El encaje de Juan Carlos Monedero en Podemos es otro desafío constante para Iglesias. Los primeros problemas llegaron a cuenta de los cuantiosos ingresos del profesor de Ciencia Política por su asesoramiento a los países del eje bolivariano. El hecho de que además tributara a través de una sociedad para ahorrar en sus pagos a Hacienda añadió aún más leña al fuego. La dirección cerró filas en torno a su cofundador pero sus diferencias con Errejón y Bescansa terminaron por hacer insostenible su continuidad. Monedero dimitió de sus cargos en Podemos el 30 de abril del 2015 entre críticas a la moderación de Podemos y «los generales mediocres».

El último episodio de turbulencias internas se ha dado a cuenta de las relaciones con el PSOE y las desavenencias entre Iglesias y un sector encabezado por Errejón y Bescansa acerca de permitir o no la investidura de Pedro Sánchez. Los dos principales dirigentes del partido, amigos íntimos desde que coincidieron en la universidad, han negado su distanciamiento. No obstante, la crisis en la organización de la Comunidad de Madrid, la primera que se produce en las filas del sector oficialista, evidencia que algo se mueve en el núcleo duro de Podemos. Son muchas las voces que opinan que la calculadora electoral que Errejón guarda en su cabeza ha encontrado más pros que contras en un pacto con los socialistas. Pero ese posible acuerdo, o incluso el de un frente de izquierda, se aleja un poco más cada vez que Iglesias vuela con sus declaraciones otro de los pocos puentes que todavía unen a los dos partidos de izquierda.

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