Larga travesía del desierto


El rey mandó parar, decretó una tregua: no habrá más rondas de contactos oficiales hasta que los partidos lleguen a un acuerdo. Pero no puede, ni debe, suprimir el intercambio diario de fuegos artificiales y declaraciones más o menos amistosas entre los dirigentes que aspiran a gobernar el país. Y ahí seguimos, en el bucle. Solo con un Gobierno en funciones, sin más horizonte que el de las elecciones del 26 de junio, pero con unos cuantos escándalos para amenizar la larga travesía del desierto.

Estos días hemos aprendido que los políticos no se aplicaron la reforma laboral. Y que los diputados tienen derecho a una cuantiosa indemnización (30 días por año trabajado) si no encuentran empleo cuando dejan el Congreso. Le pagaremos 53.400 euros a la exministra Ana Mato, aquella incapaz de detectar la presencia de un Jaguar en su garaje. Puede pasarle a cualquiera. ¿O no?

Sí es habitual que alguna vez escribamos algo de lo que nos arrepentimos, sobre todo al usar servicios de mensajería instantánea. Lo saben hasta los reyes, protagonistas en las redes por mensajes de apoyo a un empresario «compi yogui» implicado en varios escándalos. Del regio «chat» los políticos podrían extraer un eslogan imbatible para justificar su falta de acuerdo: «España es un país muy difícil». Y tanto.

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