Pasiones


La primera sesión de esta nueva legislatura de futuro incierto ha servido para demostrar cuánto ha cambiado la Cámara. Hasta Rajoy se despertó de su letargo para recordar al buen parlamentario que es. Hubo algún intercambio de ideas, pocas, pero hubo intervenciones vibrantes, incluso brillantes, se recuperó la energía política y la vida de una cámara antes mortecina. Hubo pasiones. Para bien y para mal. No pasa nada porque haya algo de ruido, porque haya discursos algo subidos de tono, porque se haga trabajar al presidente del Congreso. Así es la vida, apasionada.

Pero vehemencia no es sinónimo de insulto, de ofensa, de injuria incluso. Es posible discrepar, hasta de forma arrebatada, sin faltar al respeto. Que es a lo que llegó en algún momento Pablo Iglesias, a quien su tendencia natural a dar lecciones de honestidad y democracia, a expedir carnés de representante genuino de la gente, le hace perder a menudo los papeles. Y ese personalismo es uno de los obstáculos para un pacto que hoy se antoja más lejano que hace dos días. La otra barrera es la indefinición del candidato. La ambigüedad es un camino natural para aunar voluntades muy distintas, pero en algún momento hay que optar. Porque no se puede estar a la espera permanente del santo advenimiento. Eso sí sería el fraude que denunció Rajoy. A quien la sesión demostró su soledad política y que no tiene ningún futuro en esta Cámara. Tapona las opciones de su partido como Iglesias las de un acuerdo de Gobierno. En estas manos queda la llave de la nueva etapa que se abrirá el viernes, con un Parlamento que saldrá de la sesión de investidura más polarizado que a su inicio. En dos meses se verá si los políticos son capaces de pactar o si se cumple el mal presagio y nos condenan a todos a unas nuevas elecciones.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
10 votos

Pasiones