Los días en los que Rivera era «la derecha de los copagos» y Sánchez «vieja política hundida»

Los líderes del PSOE y de Ciudadanos han conseguido llegar a un acuerdo a pesar de haberse dedicado durante la campaña toda clase de descalificativos 

El acuerdo entre PSOE y Ciudadanos deroga gran parte de las leyes del PP Pedro Sánchez se compromete a derogar la reforma laboral

«Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros», decía un sabio Groucho Marx en una frase que pasó a la historia y que este miércoles parece haber recobrado fuerza. Algo parecido achacan ahora a Pedro Sánchez y a Albert Rivera. Las frases despectivas y numerosas críticas que ambos vertieron durante la campaña les persiguen justamente hoy, el día en que ambos parecen haber rubricado un acuerdo con el que pretenden caminar juntos hacia Moncloa. Porque, «donde dije digo..., digo, ¿acuerdo?».

18 de diciembre. «No investiremos a PP, PSOE o Podemos». Solo dos días antes de la cita con las urnas, era el mismísimo Albert Rivera el que, a través de su cuenta de Twitter, prometía que su partido nunca investiría a ningún candidato de otras formaciones. «No investiremos a PP, PSOE ni a Podemos. O ganamos, o pasamos a la oposición», era la rotunda respuesta que el líder de Ciudadanos lanzaba a un votante que cuestionaba darle su apoyo si los de la formación naranja tenían en mente «alguna mínima posibilidad de apoyar al PP». Casi setenta días después las cosas han cambiado. Y vaya si lo han hecho. 

En la reunión que ambos han mantenido este miércoles, Rivera ya no hablaba el mismo idioma. El gobierno «de progreso y reformista» que ambos tienen en mente podría incluir al líder de Ciudadanos. Ya no solo acepta votar a favor, si no que ahora también se incluye la posibilidad de que él mismo entre dentro de un gobierno presidido por Pedro Sánchez.

5 de diciembre. «Sánchez es un líder roto y hundido». Tampoco se acuerdan ya los de Ciudadanos de aquellos «No, no y no» que tanto repetían Rivera y su equipo a las constantes preguntas sobre si formarían parte de un gobierno socialista o popular. Ni de la falta de confianza de la que hacía gala una y otra vez Rivera. «No confío en Sánchez porque es más de lo mismo», hablaba el de Ciudadanos sobre un líder al que él mismo calificaba de «hundido», «roto» o «vieja política».

7 de noviembre. «Ciudadanos es la derecha de los copagos». Si en algo han coincidido Sánchez y Rivera es precisamente en el cruce de acusaciones. El líder de los socialistas tampoco se ha mantenido callado en estos últimos meses. El pasado 7 de noviembre, en plena campaña pregonaba a los cuatro vientos los vicios de lo que él calificaba como «la derecha de los copagos sanitarios y del contrato único». No hablaba del PP, si no de un «Partido Popular con 20 años menos».

Casi tres meses después, Sánchez se ha olvidado de ese contrato único que tanta repulsa le causaba. El documento que ha firmado este miércoles no incluye la reforma laboral que le proponían los de Ciudadanos, pero sí que ha acercado posturas en lo que al tema de contratos se refiere.

2 de noviembre. «Las nuevas formaciones tienen mucho de viejos conocidos». «Los de naranja, peor que el PP», aseguraba Sánchez en un mitin en el que llegaba a calificar a los de Rivera de «machistas» y hasta de ser unas pseudo «Nuevas Generaciones del PP». 

3 de diciembre. «Un Rajoy en versión aumentada». No ha sido el único pecador dentro de las listas socialistas. Patxi López, actual presidente del Congreso gracias al apoyo de Ciudadanos, tampoco se deshizo precisamente en elogios. «Son una versión aumentada del PP. Rivera como Rajoy, son dos caras de la misma derecha». sentenciaba en un acto de campaña.

Un paso atrás en las reformas

Los dardos que se han enviado unos y otros son solo la punta del iceberg. Bajo las declaraciones se encuentra todo un programa electoral que ambos han limado en algunos puntos para intentar acercar posiciones. Aquellas diputaciones de Ciudadanos o las reformas en materia electoral del PSOE se han diluido en un vaso de agua. A cambio, una mezcla de ambos a medio camino entre los programas que tanto pregonaron durante el mes de diciembre.

La supresión de las diputaciones se convirtió en una exigencia vital para Ciudadanos y en un dolor de cabeza para el PSOE. Pedro Sánchez es quien ha dado un paso atrás en esta materia, agarrado a la posibilidad de crear lo que han bautizado como un Consejo de Alcaldes, un organismo a medio camino entre las diputaciones y la nada y que supondría un ahorro de unos 5.000 millones de euros. También se ha salvado el Senado. Entre la decisión de eliminarlo de raíz que defendía Rivera y el mantenimiento al que iba subido el PSOE, se ha encontrado un punto intermedio, el del recorte. Ciudadanos ha dejado de calificar a la Cámara Alta como un organismo «incapaz de articular la representación territorial en la gestión de los asuntos del Estado». Reduciendo el número de senadores, asunto areglado.

Eso sí, los de Ciudadanos ceden en la organización territorial a cambio de tender puentes en el tema del mercado laboral. Albert Rivera ha abandonado su estandarte del contrato único, esa exigencia que parecía impertérrita e inamovible. A cambio, acepta un contrato indefinido que se queda tal y como está a día de hoy un contrato temporal con algunos importantes cambios.

Las propuestas en materia de violencia de género que tantas críticas les granjearon a los de Ciudadanos también han sido abandonadas en algún punto del camino que iniciaron el 20 de diciembre. Aquella oposición que mostró Albert Rivera a las penas agravadas para los hombres que cometían delitos de violencia de género, han vuelto a quedar retratados en el acuerdo de este miércoles.

En el tema del aforamiento quien se ha llevado la victoria es Ciudadanos. Mientras el PSOE se posicionaba de manera templada con una simple revisión del aforamiento, Albert Rivera se ha llevado a Sánchez hasta su terreno con una firma que muestra su compromiso por limitar más de lo que pensaba el aforamiento de diputados y senadores. 

La reforma laboral de Rajoy merece una mención a parte. Sánchez se mostró categórico durante la campaña: sería derogada en cuanto pisara Moncloa. Este miércoles las cosas ya no son tan claras. Él asegura que lo hará, y sin embargo el compromiso no aparece escrito en el documento firmado por ambos.

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