Urdangarin, al borde del precipicio por los pactos de los arrepentidos con la Fiscalía

Jaume Matas está dispuesto a admitir que cometió una prevaricación y un fraude por contratar al marido de la infanta Cristina, pero se niega a reconocer la malversación de dinero público


madrid / colpisa

La reanudación hoy del juicio del caso Nóos va a empezar muy mal para Iñaki Urdangarin. Hasta cuatro arrepentidos, cinco si se suma a Jaume Matas, cuya confesión aún no está cerrada del todo, van a colocar con sus confesiones contra las cuerdas al cuñado de Felipe VI y a su exsocio, Diego Torres. La Fiscalía ha cerrado en las últimas horas todos los detalles de la delación de la trama balear de Nóos, que incluye la aceptación íntegra de todo el escrito de acusación de Anticorrupción. Esto es, que los 2,5 millones que entregó el Gobierno balear a Urdangarin fueron fruto de un tremendo amaño en el que se soslayaron de forma consciente las normas fundamentales de la contratación pública.

Las declaraciones de estos imputados, si respetan los pactos alcanzados con el fiscal Pedro Horrach en busca de una reducción de petición de pena, serán cargas de profundidad en la línea de defensa del marido de la infanta Cristina. Serán las confesiones de José Luis Pepote Ballester, exdirector de Deportes balear; Gonzalo Bernal, gerente de la fundación Illesport; Juan Carlos Alia, director del Instituto Balear de Turismo; Miguel Ángel Bonet, jefe jurídico del Instituto Balear de Turismo; y Jaume Matas, expresidente de Baleares.

Los cuatro primeros van a tirar de la manta y confesaran que fue Matas quien, tras reunirse con Urdangarin durante un partido de pádel en septiembre del 2003 en un anejo de Zarzuela, ordenó a sus subordinados contratar con Nóos Consultoría y el Instituto Nóos el patrocinio del equipo ciclista Illes Balears y la celebración de las convenciones de los Illes Balears Forum del 2005 y el 2006. Todo a través de simples convenios y sin abrir un expediente administrativo como era preceptivo.

Dinero

Matas, aunque ha mantenido numerosos contactos con la Fiscalía en busca de un pacto durante los últimos días, todavía no ha accedido a hacer una confesión completa. El expresidente, que está acusado de penas que suman once años, está dispuesto a admitir que cometió una prevaricación y un fraude por contratar con Urdangarin, pero se niega a reconocer la malversación de dinero público, una de las condiciones de Anticorrupción para rebajar su petición a uno o dos años de cárcel. La otra es que entregue íntegramente los 3,5 millones de fianza civil que se le impuso en su día. El expresidente también sopesa escudarse en que fue el rey Juan Carlos el que le llamó para pedir un trato preferencial para su yerno.

A pesar de que la espada de Damocles pende sobre Urdangarin, lo cierto es que el cuñado de Felipe VI apenas ha hecho movimientos para intentar llegar a algún tipo de acuerdo con la Fiscalía, que pide para él 19 años y medio.

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