Urdangarin y Torres entierran el hacha de guerra y se alían para intentar exculpase

Ambos exsocios pactan señalar en el juicio a sus gestores como responsables de todos los pufos del Instituto Nóos


madrid / colpisa

La imagen de Iñaki Urdangarin y su exsocio y ahora enemigo íntimo Diego Torres, departiendo amistosamente el pasado 11 de enero durante las cuestiones previas del juicio del caso Nóos, ya levantó suspicacias. Incluso hubo gestos de complicidad. Aquel acercamiento tenía un por qué, y va a continuar a partir de mañana martes, cuando se reanude el juicio.

Según han revelado fuentes del caso, Torres ha decidido enterrar el hacha de guerra, tras cuatro años de escaramuzas procesales a cuenta de airear mails y atacar a la Casa Real, ante el convencimiento de que la estrategia de enfrentarse mutuamente solo producía un desgaste para ambos, pero poco, o más bien nada, mejoraba su situación procesal.

De acuerdo con estas fuentes, los letrados de ambos han pactado intentar llevar una estrategia común, «o casi común», durante sus declaraciones como imputados este mes. El cuñado del rey, que se enfrenta a una petición fiscal de 19,5 años; y Torres, sobre el que pende una solicitud de 16,5 años, han llegado al convencimiento de que la única posibilidad de defensa, al menos en la parte referida a la riada de irregularidades cometidas en la fundación sin ánimo de lucro, pasa por presentarse como «víctimas de terceros». Culparse uno a otro de haber urdido los planes para hacerse con más de 5 millones de euros de dinero público de las administraciones balear y valenciana no conduciría a nada.

En síntesis, Urdangarin y Torres van a sostener que solo se ocupaban de las «grandes líneas académicas» del instituto, pero que el día a día económico y financiero de la entidad lo «delegaban por completo» en sus asesores que, en última instancia, fueron los que idearon el entramado empresarial delictivo.

Ahí es donde los dos principales imputados del caso han vuelto su mirada, particularmente a los cuñados de Torres, Marco Antonio, Miguel y Luis Tejeiro, los dos primeros imputados y el tercero fuera de la causa.

El exsocio de Urdangarin incluso ha ganado para su causa a su mujer, que se ha alineado en el bando contrario a sus hermanos.

Esta guerra de trincheras entre imputados, según señalan abogados del proceso, tiene mucho que ver con el hecho de que los tres hermanos Tejeiro hayan decidido salvarse por su cuenta, convirtiéndose Marco Antonio y Miguel en arrepentidos, dispuestos a llevarse por delante a sus jefes en Nóos para evitar la cárcel.

Como una sociedad mercantil

Marco Antonio Tejeiro, el excontable del instituto, ya llegó en julio del 2014 a un acuerdo con Anticorrupción para que se le redujera la petición de cárcel a solo dos años a cambio de confesar que «pese a que el Instituto Nóos actuara bajo la forma jurídica de asociación sin ánimo de lucro, materialmente funcionaba como una mercantil, en tanto que su margen comercial no revertía en el objeto de la asociación sino en las mercantiles privativas de Torres y Urdangarin».

La confesión cava la tumba judicial de los dos exsocios, que precisamente soslayaron los concursos públicos porque supuestamente dirigían una fundación.

Ante la contundencia de Marco Antonio, que confirmará Miguel, asesor fiscal de la trama y que mantiene una excelente relación con sus hermanos, Torres y Urdangarin han visto que su única tabla de salvación pasa por remar juntos para enfrentarse al clan Tejeiro, intentando desacreditarles.

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