La UE presiona para que España no se convierta en otro Portugal

Jean-Claude Juncker urge a formar cuanto antes un Gobierno estable y matiza que no interferirá  en su composición exacta

Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea
Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea

bruselas / colpisa

La presión ha comenzado. En Bruselas, las casualidades no existen. Siempre hay un porqué. «Quiero que España esté a la altura», zanjó ayer el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. «Bruselas no quiere líos», confiesa un alto cargo comunitario, y España está siendo identificada como un potencial foco de preocupante inestabilidad cuando la cuarta potencia del euro comenzaba a sacar la cabeza. «Como miembro de la Eurozona, me gustaría que tuviera un Gobierno estable lo antes posible», recalca Juncker. Eso sí, rápidamente matizó que la decisión corresponde a la clase política española, que «no interferirá en la composición exacta del Gobierno».

Un mantra repetido por los primeros espadas comunitarios en cada proceso electoral, sobre todo en aquellos Estados más sacudidos por la crisis, como en Portugal, cuya alianza de izquierdas creada por socialistas, comunistas y el Bloco para desbancar al conservador Pedro Pasos Coelho (PSD) ha despertado inquietud sobre el futuro de un país que tuvo que ser rescatado en el 2011. «Veremos lo que dura», confiesan fuentes europeas con cierta preocupación.

Porque si algo no quiere Bruselas es otro pacto a la portuguesa en España, condicionado por partidos que ponen incluso en duda el euro. ¿El Ejecutivo de Lisboa liderado por el socialdemócrata Antònio Costa es sinónimo de la estabilidad que se pide a Madrid? «Eso está por demostrar», aseguró Juncker. ¿Y qué es un Gobierno estable? «Eso lo deben decidir los políticos españoles, pero normalmente uno sabe lo que es un gobierno estable», apostilló.

Los países se encuentran entre la espada de los partidos antiausteridad y la pared de las reglas comunitarias. Porque Europa es mucho más que decenas de miles de millones en infraestructuras o ayudas pesqueras. Es un club con derechos y obligaciones, y en lo económico, la hoja de ruta es nítida. Bruselas manda.

La preocupación de Bruselas no es tanto política como sí económica. Por ejemplo, el quebradero de cabeza no es que el futuro presidente se llame Mariano Rajoy o Pedro Sánchez, si es del PP o del PSOE, lo que realmente preocupa es la política económica del nuevo Ejecutivo, si se continuará con la agenda reformista pactada como consecuencia, sobre todo, del rescate financiero de 41.300 millones recibido en el 2012. Y por cierto, aún quedan por devolver más de 36.000. El aparato comunitario ya ha puesto en marcha su particular campaña de presión para recordar a todos los partidos que hay unas reglas y unos compromisos que hay que respetar. Y el primero será presentar una actualización del presupuesto para ajustarlo en más de 8.000 millones para cumplir este año con el déficit del 2,8 % fijado -según la Comisión se disparará al 3,6 %-.

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