Tambores de campaña en Cataluña

Mas se enroca como candidato de Junts pel Sí y culpa a la CUP del fracaso del proceso, una carga que no quiere asumir ningún partido secesionista de cara a las elecciones

Colpisa
Barcelona

Suenan tambores de campaña. La undécima legislatura catalana ha entrado en el tiempo de descuento. Junts pel Sí no va a sacrificar a Artur Mas. La coalición lo ha confirmado como su único candidato a pesar del veto de la CUP y de que el partido anticapitalista acepte opciones alternativas tanto de Esquerra como de CDC. Las dos partes se dan un pequeño margen para llegar a un acuerdo antes del domingo y evitar unas elecciones anticipadas. No obstante, salvo quiebros de última hora, habrá nuevos comicios autonómicos. Mas compareció en el Palau de la Generalitat, donde anunció que el lunes firmará el decreto de convocatoria de nuevas elecciones, que con toda probabilidad se celebrarán el 6 de marzo. Aseguró que no renunciará porque «no habrá más concesiones a la CUP», a la que responsabiliza directamente del fracaso del proceso secesionista.

Las dos fuerzas independentistas, que suman 72 de los 135 diputados del Parlamento autonómico, chocan en el mismo punto que los separaba hace tres meses: Mas. Por tanto, o la CUP cambia su posición o Cataluña volverá a votar, como dan por seguro en el entorno del presidente de la Generalitat. La formación asamblearia envió ayer a Convergència y a Esquerra una invitación para seguir negociando, pero insistió en que Junts pel Sí debe proponer un nuevo candidato. Este bucle solo se entiende en clave electoral. Es un intento de cada una de las fuerzas soberanistas de presentarse como los que más han hecho para evitar el descarrilamiento del proceso. A partir de ahora habrá una pugna entre los tres partidos independentistas por construir el relato dominante que culpe a los otros dos del fracaso. La decepción en el mundo secesionista es enorme y quien cargue con ese lastre será castigado en las urnas. Por eso Mas se ensañó con la CUP. La presentó como un partido dividido que no representa a las clases medias y que pretende «una hiperrevolución de las superizquierdas». Y la acusó de poner «el quién» por encima de todo.

«No es una subasta de pescado»

Aseguró que «la presidencia de la Generalitat no es una subasta de pescado». Pero enumeró las concesiones realizadas ante la CUP. «Se hizo [en el Parlamento catalán] la declaración de inicio del proceso. Fue polémico pero se hizo», admitió. También aludió a las medidas del plan de choque social que propusieron a los cuperos, asegurando que las mantendrá y haciendo una clara apuesta electoralista.

Afirmó que si hubiera renunciado a la presidencia el proceso estaría ya «muerto», pero no quiso confirmar si se presentará como candidato en las elecciones, considera que sin él al frente del proyecto soberanista una buena parte del independentismo de centroderecha se bajaría del tren.

Admitió que cometió el error de confiar en el «sentido de país» de la CUP, a la que acusó de querer hacer la revolución con diez diputados, «de imponer su ley con unos pocos». Hurgó una y otra vez en la herida de la formación radical, en la que siguen surgiendo grietas, ya que varios alcaldes cuperos manifestaban ayer su malestar con el partido. Precisamente Mas salvó a los que apoyaban su investidura, como Antonio Baños, que renunció a su acta de diputado. «Ni yo ni nadie de la CUP queremos a Artur Mas de presidente, pero lo aceptábamos a cambio de la ruptura con el Estado español», afirmó Baños, que ha dado a entender que seguirá en política. Aunque añadió que esperará hasta «el último minuto» para que el dirigente de Convergència dé un «paso al lado».

ERC ofrece también versiones para todos los gustos independentistas. Su presidente, Oriol Junqueras, insistió en que lo responsable es apoyar a Mas. Pero de nuevo Joan Tardà, diputado por Esquerra en el Congreso, indicó que lo patriótico por parte del convergente sería apartarse. En un último intento por evitar los comicios, la ANC, la plataforma impulsora de Junts pel Sí, pide a Òmnium, la AMI y a los partidos soberanistas que se reúnan para llegar a un «acuerdo definitivo».

Pero también huele a elecciones en las filas de la oposición. Inés Arrimadas, líder de Ciudadanos en Cataluña, repitió que no formará parte de un frente unionista y acusó a Mas de querer «salvar su carrera a cualquier precio». El socialista Miquel Iceta compareció con eslogan incluido: «Ahora conviene un buen Gobierno». Y el popular Xavier García Albiol ve al líder convergente «amortizado y con fecha de caducidad» porque es «letal».

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