El debate sobre la investidura de Mas lleva a la CUP al borde de la ruptura

Solo un sector próximo a la izquierda «abertzale» quiere apoyar al presidente


Barcelona / Colpisa

El tiempo apremia, la campaña de las generales está a la vuelta de la esquina y a Artur Mas le han entrado las prisas para cerrar cuanto antes su investidura, consciente de que si lo deja para después de las elecciones, un mal resultado de Convergència puede complicar aún más las cosas. Pero la CUP, la guardiana de la llave de la investidura, no solo no se decide sino que ahonda cada día una división que amenaza con fracturar al partido.

Por ello, el presidente de la Generalitat, que tiene previsto echar esta semana el resto para sellar el pacto, presionó ayer una vez más a la CUP, a la que pidió que resuelva el sudoku de «una vez». «Haré todo lo posible, dentro de la razonabilidad, para que no haya elecciones en marzo», dijo. Pero no a «cualquier precio», advirtió a los anticapitalistas, que además de dividirse, se hacen de rogar para rentabilizar al máximo el acuerdo si es que se materializa, ya sea en el proceso constituyente, en el plan de choque social o en los pasos inequívocos hacia la ruptura.

Artur Mas, que dio por liquidada la autonomía catalana por culpa del Gobierno central, dejó caer asimismo que en los próximos días explicará públicamente el modelo de gobierno que le propone a la CUP y que supone que el presidente pierda poderes.

Treinta años de historia

La izquierda independentista, entretanto, está dedicada a celebrar asambleas locales por toda Cataluña, en las que la dirección toma el pulso de las bases antes de la jornada de debate del domingo. El debate es vivo y como ya les ha pasado a otras formaciones -como el PSC, CiU, Unió e Iniciativa- el proceso, en este caso la investidura de Mas, puede acabar partiendo a la izquierda radical después de 30 años de unidad.

La CUP es una confluencia de pequeñas organizaciones independentistas y anticapitalistas que nació en 1986 en el ámbito municipalista y tiene dos sectores que marcan la línea ideológica: Endavant y Poble Lliure. El 80 % de los 1.500 militantes con carné de la CUP, que obtuvo más de 300.000 votos el 27S, no pertenecen a ninguno de ellos, pero ambas corrientes tienen mucha influencia, de ahí que las asambleas locales se hayan centrado en sus planteamientos.

Endavant, de raíz marxista, podría decirse que es la corriente que pone más el acento en las luchas populares y es, por simplificar, el sector duro. Es el grupo que más se ha significado en contra de la investidura de Mas. Apuestan por «resistir» a las presiones porque sostiene que «solo apartando» a Mas de la presidencia de la Generalitat «será posible avanzar en la ruptura con el Estado». Temen que el «verdadero objetivo» de Mas y Convergència sea pactar en Madrid. Incluso critican la declaración independentista del 9N porque se olvidó de los Països Catalans, renunció a la desconexión de la UE, la OTAN y el FMI y «no garantiza medidas que aseguren una vida digna» de la gente.

El otro sector, el más pragmático, es el que se agrupa en torno a Poble Lliure, que es heredero del Movimiento de Defensa de la Tierra, que era el brazo político de la desaparecida organización terrorista Terra Lliure. Un exdirigente de Esquerra y exdiputado en el Congreso asegura que esta es la corriente del partido que mantiene hilo directo y que está casi «tutelada» por la izquierda abertzale, que presiona para que el proceso catalán no encalle. Es el sector más partidario de facilitar la investidura del presidente de Convergència. «No posibilitar la ruptura independentista en el momento actual representa ponerse al lado del Estado español y la oligarquía», afirman en el documento que publicaron el martes.

Impunidad ante la corrupción

Hay un tercer sector, denominado Arran, que podría calificarse como las juventudes de la CUP, que insiste en el no a Mas: «Bajo ningún concepto cederemos a las presiones de la burguesía. Hasta nunca, Mas», señalan en un comunicado al que acompaña un cartel en el que se hacen eco del tópico «pressingCUP», en alusión a la campaña de Junts pel Sí para que los radicales apoyen a Mas, para darle la vuelta. En su nota, cargan contra el candidato a la reelección, del que dicen que «no es sinónimo de independencia», ya que, argumenta «Artur Mas quiere decir impunidad ante la corrupción y los corruptos, quiere decir interés del capital y de la banca, quiere decir austeridad y recortes en sanidad y educación, quiere decir injusticia de clase, mordaza y represión, quiere decir pájaro en mano y obediencia al régimen».

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