¿Puede marcar la CUP la agenda política?

Barones populares y socialistas temen que Rajoy o Sánchez traten de solucionar el caos que ha generado Mas dando privilegios a los catalanes, lo que augura un conflicto en el PP y el PSOE


Madrid / La Voz

Como era previsible, las elecciones catalanas no han servido para solucionar nada. Se mire por donde se mire, la situación es ahora mucho más confusa y compleja de lo que lo era el 26 de septiembre, que ya era mucho. La huida hacia adelante de Artur Mas solo ha servido para constatar que su debilidad va en aumento. Si hace solo cinco años era un presidente respetado que gobernaba cómodamente con los 62 escaños de CiU una comunidad políticamente estable, hoy es un político desprestigiado y cuyo partido CDC tiene solo 30 diputados en el Parlamento catalán. En coalición con ERC y las plataformas independentistas suma solo 62. Y su futuro está en manos de un partido radical y antisistema como la CUP, que se niega a apoyarlo.

Y esa es la principal y preocupante consecuencia de la escapada de Mas. El hecho de que no solo su futuro político, sino el de toda Cataluña, haya quedado en manos de una fuerza que plantea sin inmutarse cosas como la salida de la Unión Europea y del euro o que Cataluña tenga una presidencia primero coral y luego rotatoria. Y que, además, sean los diez diputados de la CUP los que vayan a marcar con la decisión que tomen la agenda política no solo de Cataluña, sino de España entera desde aquí a las generales. A ese esperpento ha llevado Artur Mas a los catalanes y al resto de españoles.

Y no es de extrañar porque, por mucho que se revista de pompa y gravedad el discurso, y más allá de que se comparta o no, lo que los independentistas llaman «el procés» es en realidad un plan lleno de lagunas e incoherente en muchos aspectos. Y cuyas carencias y contradicciones han sido defendidas, además, con argumentos casi infantiles por sus principales impulsores. Algunos de eso argumentos disparatados los han aportado figuras con cierta preparación, lo que lleva a pensar que, en realidad, no pensaban seriamente en que Cataluña acabara separándose por completo de España. Días antes de esos comicios, el presidente de la Assemblea Nacional Catalana, Jordi Sánchez, trataba de minimizar la gravedad de una separación de España explicándole a La Voz de Galicia en Barcelona que la independencia puede ser reversible, porque si después de la secesión una mayoría de los catalanes decidiera en otra consulta que quieren volver a formar parte de España, se retrocedería a la situación anterior. Como si Cataluña fuera una pieza de quita y pon.

Con argumentos como ese, teniendo en cuenta que Sánchez es una de las personas más preparadas entre quienes defienden el procés, y que es mucho más coherente que la CUP, se tiene una idea del lío en el que están metidas Cataluña y España.

En muchas comunidades se percibe que, para solucionar este caos, la tentación del futuro Gobierno, sea del signo que sea, puede ser la de ofrecer privilegios económicos y políticos a Cataluña a cambio de olvidar su plan secesionista. Y, por eso, presidentes autonómicos del PP, incluido Feijoo, y también del PSOE, se han puesto en guardia y se muestran dispuestos a enfrentarse a cualquier Gobierno que haga eso. Aunque sea de los suyos. Algo que, sin duda, va a provocar pronto fuertes divisiones en el PP y en el PSOE.

Ciudadanos puede ser decisivo también en Galicia

Ciudadanos es a día de hoy una anécdota en Galicia, pero también lo era hace muy poco en el resto de España. Y, teniendo en cuenta que las elecciones gallegas se celebrarán después de que, previsiblemente, el partido de Albert Rivera se convierta en el protagonista principal de la política española y el que decidirá si gobierna Rajoy o si lo hace Sánchez, resulta imposible hacer cálculos sobre lo que va a ocurrir en Galicia sin contar con que Ciudadanos tendrá una representación en el Parlamento gallego. Una irrupción que, unida al derrumbe de Podemos que se ha constatado en Cataluña, puede hacer cambiar mucho las previsiones, de manera que Ciudadanos sea también decisivo en Galicia.

El futuro político de Feijoo ya no aparece ligado a Rajoy

En el mar de rumores sobre si Feijoo dará o no el salto a Madrid, la veleta se ha parado en los últimos días en que finalmente repetirá como candidato a la Xunta. Los mismos que hasta hace dos días defendían lo contrario, aseguran ahora que Feijoo repetirá. Su sorpresivo movimiento de ayer apunta en esa dirección. Lo cierto es que el debate ha girado por un hecho fundamental. Se diga lo que se diga, Rajoy sondeó hace poco a Feijoo para que diera el salto a Madrid. Y Feijoo le respondió que «ahora, no». El líder del PP plegó velas y aquí no ha pasado nada. Pero Rajoy no olvida. Será ya muy difícil que con Rajoy en la Moncloa Feijoo vaya ya a Madrid. Lo que no impide que lo haga si al final cae Rajoy.

Tensión política ante una investigación sobre regalos

Se percibe un silencio espeso en los despachos de muchos presidentes autonómicos, alcaldes y otros cargos públicos, no solo de Galicia, sino de muchos otros lugares de España, en torno a las últimas imputaciones decididas por la jueza de la operación Patos. Y muy concretamente, por las que, como la del alcalde de Vigo, Abel Caballero, se basan en el hecho de haber recibido, supuestamente, un caro regalo. En su caso, un reloj de 1.750 euros. Argumentan algunos que si se aplica de manera retroactiva la justificadamente rigurosa exigencia ética que los ciudadanos exigen ahora a los políticos tras los últimos escándalos, muy pocos saldrán limpios de esa investigación sobre los obsequios recibidos. Atentos.

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