Mar de «esteladas» ante el mausoleo del independentismo

Miles de soberanistas celebraron el triunfo en el Born, museo sobre el asedio de Barcelona


Una senyera gigantesca. Un mar de estelades. Y pinceladas de enseñas de Quebec, Cerdeña, la Bretaña francesa, Galicia y el País Vasco. La gran bandera catalana prácticamente no se movía en la plácida noche barcelonesa. Las otras se agitaban al grito de «independencia», que asomaba de forma intermitente desde las siete de la tarde y que explotó poco después de las diez, cuando comparecieron los líderes de la candidatura. Los independentistas eligieron un templo identitario para su liturgia. Junts pel Sí instaló su cuartel general en un enorme mausoleo del soberanismo. El mercado del Born. El edificio iba a convertirse en una biblioteca, pero al realizar las excavaciones descubrieron restos arqueológicos. El edificio pasó a ser un museo en homenaje a la Barcelona de 1714, un parque temático nacionalista que propone un viaje al asedio, a la «ciudad mutilada». No muy lejos está el pebetero con la llama en memoria de los defensores de la ciudad y de los muertos. Allí todavía se marchitan las flores colocadas en la celebración de la última Diada. Más cerca está una de las tiendas de Johan Cruyff. Todo encajaba.

Miles de simpatizantes del frente secesionista siguieron el escrutinio por las pantallas gigantes instaladas delante del Born, que emitían el programa especial de TV3. Acompañaron con abucheos las informaciones sobre Ciutadans, PP y Catalunya Sí que es Pot. Dedicaron aplausos a la CUP. Y fueron especialmente virulentos con Unió, al que dedicaron gritos de «colaboracionistas».

La parroquia cantó con solemnidad el himno catalán, Els Segadors. También lanzó unos tímidos «español el que no vote». Y mostró alegría contenida cuando se facilitaron los datos del sondeo a pie de urna de TV3, que daba entre 63 y 66 diputados a Junts pel Sí. Triunfo sin explosión. Quizás se soñaba con una mayoría absoluta sin necesidad de recurrir a la CUP.

A las nueve y cuarto de la noche, un nuevo murmullo. Llegaba Raül Romeva a la puerta principal para vivir su momento de gloria repartiendo besos y abrazos entre el público. Mientras, otro integrante de la lista, Eduardo Reyes, de raíces cordobesas y presidente de la plataforma de castellanohablantes por la independencia, fumaba fuera del mercado y soltaba un «pinta bien, pinta bien».

A las diez cortaron la emisión de TV3, donde se debatía si había que tomar como referencia los escaños o los votos. Los de Junts pel Sí se centraban en sí mismos, «los vencedores». Llegaron los discursos, los aplausos y más gritos de «independencia».

Romeva, Mas, Junqueras y compañía se despidieron con la canción de Junts. «Como Neil Armstrong o James Cook». Hasta Mas cantaba «invencibles, invencibles». Corrió el cava de la mano de Eduardo Reyes.

Con el escenario vacío pincharon temas setenteros y ochenteros. Hasta de los The Jackson 5. Casi nadie bailaba. Lástima de Miquel Iceta.

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