La Voz en Barcelona

El 18 de septiembre del 2014 los catalanes contenían el aliento. Los escoceses celebraban su referendo sobre la independencia. Ahora desde el norte se mira al sur. Entre Cataluña y Escocia se ha tendido un puente tan invisible como real.

La fórmula electoral

Un referendo legal frente a unas elecciones autonómicas. La votación escocesa fue aprobada por el Parlamento del Reino Unido. David Cameron negoció el referendo con el Partido Nacionalista Escocés (SNP). Los soberanista catalanes lo consideran un síntoma de democracia. «Se votó y no pasó nada, no se desencadenó un drama social, aquí no nos dejan», señalan. «Si hay un referendo y no ganan, harán más hasta que ganen. Como en Quebec», dicen los que no quieren la ruptura. Lo cierto es que Westminster creía jugar sobre seguro, ya que cuando dio vía libre a las elecciones, las encuestas daban al Yes Scotland menos del 30 % de las papeletas. En Escocia hubiera bastado un voto de diferencia. Aquí los independentistas apelan a la mayoría de escaños. «Bendita Ley d?Hondt», dicen.

La visibilidad

El «sí» frente al «no». En Barcelona reinan las carpas soberanistas: Assemblea Nacional de Catalunya, Estat Català... Los voluntarios se relevan. Se reparten folletos. Se venden esteladas y pulseritas. Se imponen en número y Merchandising a estands como los de Ciutadans. Los de la unionista Societat Civil Catalana se montan en días puntuales. En Edimburgo el también Yes ganaba en cuanto a visibilidad y movilización, pero el unionismo estaba más presente en la calle que en Barcelona, incluso a veces con carpas a pocos metros de los soberanistas, situación que acaba en debates y tertulias. En Cataluña y en Escocia los frentes independentistas se venden en positivo. Yes Scotland y Junts pel Sí. Cualquier experto en márketing dice que el «sí» es más atractivo que el «no», que en las islas británicas se camufló con un «no, gracias». Los separatistas catalanes y escoceses consiguen situar bajo un paraguas común ideologías y plataformas diferentes, y logran empaquetarlo en un envoltorio festivo, optimista. Las otras opciones se ven obligadas a una guerra de guerrillas.

La economía

Los 16.000 millones y el petróleo. Los independentistas de ambas campañas aseguran que los nuevos Estados serán más ricos. Los soberanistas de Cataluña defienden que de su comunidad se van 16.000 millones al Estado español que no vuelven. La cifra es una piedra angular. Los unionistas discuten el cálculo citando incluso al consejero Andreu Mas-Colell, que situó esa aportación en 3.200 millones. En Escocia el mantra era: «Tenemos el petróleo del mar del Norte». Nadie lo ponía en duda, pero se debatía sobre cuánto quedaba en el yacimiento.

Los servicios públicos

Los recortes que no fueron y los que no serán. Desde que el SNP gobierna en Escocia ha devorado a los laboristas, que han perdido su tradicional granero de votos. Los nacionalistas defienden que ellos han frenado recortes que sí se han llevado a cabo en Inglaterra. Argumentan que es más fácil acceder a la universidad y a la sanidad pública en Escocia. Se presentan como la última barrera frente al neoliberalismo de la City. En Cataluña, el Gobierno de Artur Mas ha aplicado recortes muy duros. La reflexión independentista es que vienen provocados por el déficit fiscal y se desvanecerán con un Estado propio.

La permanencia en la UE

Clave en ambos debates. Tanto Yes Scotland como Junts pel Sí defienden que los hipotéticos nuevos Estados estarían en la UE. Los escoceses no son tan taxativos como los soberanistas catalanes, que garantizan una permanencia automática. Pero el SNP juega la baza europeísta como contrapunto al euroescepticismo inglés.

El desembarco unionista

El efecto Gordon Brown. En las dos carreras electorales, los unionistas (políticos y empresas) protagonizaron una contra reloj final, dejaron los deberes para los últimos días. Gordon Brown apeló a los sentimientos en un discurso histórico que marcó el la campaña en Escocia. En Cataluña han desembarcado en los últimos días Felipe González, Mariano Rajoy Pablo Iglesias... Y está de ruta Josep Borrell. El socialista rebate alguna de las principales afirmaciones económicas de los soberanistas. Brown apostó por el verbo apasionado. Borrell opta por las cifras con el objetivo de desmontar algunos de los principales argumentos económicos en los que se apoyan los soberanistas.

«En ambos casos ha calado que nosotros siempre gobernaremos mejor desde aquí»

El ingeniero catalán Joan Llorach, coautor del libro Las cuentas y los cuentos junto a Josep Borrell, vivió los últimos días de la campaña del referendo escocés y la jornada de votación. Llorach observa muchas similitudes entre Cataluña y Escocia. «En ambos casos el argumento que ha calado entre la gente de a pie es que nosotros siempre vamos a gobernar desde aquí mejor que alguien que esté lejos en distancia y cariño. Y también el de que nosotros damos mucho más de lo que recibimos», explica.

También considera que en las elecciones del próximo domingo habrá, como en Escocia, una correlación entre la edad y la orientación del voto. «En Escocia ganó el unionismo por el voto de la gente mayor, la que depende de las pensiones. Es una incógnita, pero aquí puede pasar lo mismo, porque este segmento de la población quizás no se arriesgue a experimentos», apunta. Sobre la promesa de Artur Mas de subir las pensiones un 10 % con la independencia, señala que eso no planta cara «al hecho de haber cobrado tu pensión religiosamente toda tu vida». Indica, además, que en Quebec la juventud «se ha cansado del tema», pero advierte de que eso en Cataluña no sucederá a corto plazo.

Llorach cree que en las dos campañas los soberanistas tienen mucha más visibilidad que las otras opciones. De hecho, recuerda que asistió a un debate en la Universidad de St. Andrews en el que todos los ponentes apoyaban el Yes Scotland. «Se explicaban el uno al otro lo buena que era la independencia. Era como un acto de la Assemblea Nacional Catalana», comenta.

Reacción tardía

En cuanto a la estrategia de los unionistas, sostiene que tanto en Cataluña como en Escocia no reaccionaron hasta la recta final. «Las empresas no se movieron hasta última hora», dice. En el caso del referendo escocés, recuerda que el acelerón vino dado por la encuesta que le dio el sí por primera vez a los separatistas. «The Guardian tituló que la oficina de Cameron había sufrido un colapso absoluto. El sondeo pilló a Cameron en Balmoral, en el fin de semana anual que pasa el primer ministro con la reina. Estuvieron debatiendo a ver si ella tenía que intervenir o no», relata.

También cree necesario que en ambos casos existe la necesidad de acciones proactivas para la reconciliación.

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Escocia y Cataluña, tan cerca tan lejos