Después de la catarsis, la realidad


Pasado el desahogo, llega el momento de enfrentarse nuevamente a la realidad. Da la impresión de que las elecciones europeas del año pasado, la primera oportunidad que tenían los españoles de expresarse desde el 2011, fue el inicio de una gran catarsis emocional para echar fuera toda la angustia y resentimiento por tanto sufrimiento acumulado. La purga ha tenido el efecto de un movimiento sísmico para el sistema de partidos. Pasado el terremoto, el paisaje ha resultado notablemente alterado, pero no tanto como esperaban algunos que ya estaban empezando a vender la piel del oso antes de cazarlo. Como toda encuesta -y la del CIS, con cocina y sin cocina, no es una excepción-, hay que poner sus resultados en perspectiva, tomándolos como un punto más de una tendencia. Pero cada vez falta menos para las elecciones y el cuerpo electoral empieza ya a decantar su posición definitiva.

Y el dibujo que deja el CIS es el retrato de un Rajoy triunfante. Ha hecho de la resistencia un arte, y de algo tan poco valorado en estos tiempos de cambio constante ha hecho una virtud que puede llevarle al éxito. No ilusiona a nadie y a nadie convence, no aporta nada nuevo ni busca soluciones originales, se limita a aplicar las mismas viejas recetas de siempre. Pero sigue estando ahí cuando los demás fracasan, cuando los ilusionistas defraudan. Hay estrellas fugaces que refulgen durante un instante pero se van apagando sin dejar más que un bonito recuerdo. La carrera se les está haciendo demasiado larga a Podemos y Ciudadanos. Han tenido una oportunidad en los pactos poselectorales, y da la impresión de que no han sabido aprovecharla. Y el PSOE sigue a verlas venir, a la espera de saber si va o viene. Así que al final, no se sabe si por eliminación o por aburrimiento, Rajoy vuelve a ganar.

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