Por si falta emoción, el circo del mandatario catalán

En el Gobierno se dio el asunto catalán poco menos que por zanjado cuando en el simulacro de referendo se vio que los independentistas no tení­an mayorí­a suficiente


Pasen, señores, pasen. Bienvenidos al circo de Artur Mas y el afamado equilibrista Oriol Junqueras, dos artistas veteranos que se superan a sí­ mismos, ahora presentando el increí­ble número de «una lista polí­tica pero sin polí­ticos». Bueno, eso es lo que se trata de que el público perciba. En realidad, el número uno de la lista es Raül Romeva, que ya fue eurodiputado por Iniciativa, después vienen «las señoras» como se denomina en Barcelona a las lideresas de ANC y Òmnium Cultural y en el cuarto aparece el propio Mas. Y detrás Junqueras. Es una mezcla de políticos que si encabezaran sus propias candidaturas obtendrían peores resultados, según las encuestas, con no polí­ticos que en realidad quieren serlo. 

El experimento resultará curioso y hasta entretenido si no fuera porque se juega a una carta algo muy importante: la segregación de Cataluña de España. En el Madrid del poder acaban de darse cuenta de que va en serio y saltan todas las alarmas. Con la escasa perspicacia habitual, en el Gobierno se dio el asunto catalán poco menos que por zanjado cuando en el simulacro de referendo del 9 de noviembre se vio que los independentistas no tení­an mayorí­a suficiente. Pero mientras se han distraí­do en Madrid, Artur Mas, personaje resistente donde los haya, ha buscado la forma de procurar una mayorí­a arrolladora sumando siglas y movimientos populares para poder declarar en el Parlamento, unilateralmente, la independencia de Cataluña. Para ello se ha unido con su adversario tradicional, Esquerra Republicana, cuyo lí­der ha aceptado porque bajaba en las encuestas tanto como Mas, y ha echado de casa a Unió Democrática, su socio de treinta años. Algunos analistas dan a los democristianos de Unió, el partido de Duran, cero diputados, pero no se descarta incluso que pueda formar grupo parlamentario. Representa la «Catalunya del seny», es decir, el catalanismo responsable, frente a la deriva de Mas empeñado en pasar a la historia como el libertador nacional, o figurar en ella como héroe de tragedia griega.

Con un PP irrelevante en Cataluña y un PSC muy debilitado ?salvo en el ámbito municipal donde gobierna en las principales ciudades excepto Barcelona, Gerona y Sabadell? el freno posible a la lista de Mas llegará básicamente desde Ciudadanos y de una coalición, todaví­a en formación, que es la que ha hecho alcaldesa a Ada Colau y ha catalanizado Podemos. Paradojas de la vida, en el Madrid polí­tico se admite a regañadientes que Pablo Iglesias puede prestar un gran servicio a España poniendo coto a la expansión independentista del dúo dinámico, Mas-Junqueras.   

El asunto es tan arriesgado que un brillante catedrático catalán nos preguntaba alarmado esta semana, «¿Qué piensa hacer el Estado para defender a tantos ciudadanos que no queremos la independencia, si esta gente siguen adelante»? Como si hubiera escuchado la pregunta, Mariano Rajoy, que por fin se ha dado cuenta de que el contencioso catalán sigue vivo y amenazante, ha declarado que «el Estado no permitirá que Cataluña salga de España ni de Europa». Pero la credibilidad de Rajoy en este campo es escasa. Como registrador de la propiedad que es y con una vicepresidenta abogada del Estado, Rajoy siempre afronta el problema catalán desde las leyes y nunca desde la polí­tica, que es lo que le reclaman desde Barcelona. Cuando un amigo suyo hace un par de años le preguntó qué pasaría con Cataluña, él le confió que eso lo arreglarían los inspectores de Hacienda. El amigo no lo entendió hasta que un año después empezó a ver cómo se descubrí­an las vergüenzas fiscales y las presuntas corrupciones de la familia Pujol, «un auténtico misil contra el catalanismo» como admitió el consejero Santi Vila, uno de los jóvenes polí­ticos de mayor solvencia. Pero no se percibe ahora mismo  en Cataluña que este desafí­o pueda resolverse solo con la actuación de algunos funcionarios del Estado. «Hay un movimiento social muy fuerte por la independencia en Cataluña y Mas quiere aprovecharlo escondiendo las siglas de su partido, la Convergencia desacreditada por la corrupción de Pujol», estima el profesor Manuel Castells.

Como hay una corriente muy fuerte en Navarra, que ya gobierna, en favor de la anexión al País Vasco y el Madrid del poder tampoco se ha enterado hasta que una consejera de Bildu se ha hecho cargo de los asuntos policiales. Ha tenido que saltar esa noticia para que Navarra reapareciera en los informativos y en las reuniones importantes cuando estaba abandonada a su suerte. Francamente, inquieta vivir en un país en la que unos montan circos peligrosos alegremente y otros solo se dan cuenta cuando el incendio ya amenaza, sin observar las mí­nimas normas de prevención de riesgos.

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