Los pactos políticos, ese campo de minas


Para su investidura, Susana Díaz habrá tenido que esperar 81 días desde las elecciones, habrá sorbido tres veces la hiel del rechazo parlamentario y necesitará del apoyo de un partido que cuando ella disolvió el Parlamento prácticamente era desconocido en Andalucía. Este proceso es un fiel reflejo tanto de la volatilidad del momento como del cambio de paradigma político en España. Ahora mismo, y a corto plazo -esto es, al menos tras las próximas elecciones-, los pactos van a ser los que distribuyan realmente el poder entre todas las fuerzas que compiten en el escenario electoral. Habrá quien los considere una forma de secuestro de la auténtica voluntad popular expresada en las urnas. Es una forma de verlo, normalmente interesada. Así lo ven suelen ser o quienes han vivido de espaldas a todos los demás y ahora se encuentran sin capacidad de interlocución o quienes apuestan por una idílica democracia directa que en la práctica suelen derivar en regímenes populistas vacíos de debate político. Aunque para todo se pueden encontrar excepciones, los pactos son un sano ejercicio democrático, siempre, eso sí, que sean políticamente coherentes, plenamente transparentes, respetuosos con la voluntad popular y en beneficio de la gobernabilidad de las instituciones.

En todo caso, quien cuestione los pactos debería promover una reforma legislativa, en lugar de quejarse y descalificarlos cuando no le son propicios. El PP ha vivido instalado en la prepotencia de su mayoría absoluta, y ahora, cuando necesita de otros, se topa en la mayor de las soledades o con unas duras exigencias que le obligarán a hacer a marchas forzadas la regeneración que ha eludido afrontar durante todos estos años. En el extremo contrario, Ciudadanos está obteniendo el máximo rendimiento de sus resultados electorales haciendo valer su centralidad. Todo un ejemplo para Podemos, que, empecinado en un nivel de exigencia que raya la soberbia, puede acabar consiguiendo mucho menos de lo que podría. En el PSOE, Susana Díaz logra un doble éxito: la presidencia y condicionar a Pedro Sánchez, quien deberá avanzar con precisión quirúrgica para modular sus pactos a izquierda y derecha sin cerrarse ninguna puerta. Los pactos son un campo de minas en el que un error puede ser mortal. En cambio, quien logre salir indemne estará en las mejores condiciones para ganar la maratón de las elecciones generales.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos

Los pactos políticos, ese campo de minas