«Con el nuevo Código Penal dos de cada tres faltas actuales serán delito»

El mundo académico lamenta las prisas con las que se tramitó la reforma. Distintos colectivos suscribieron durísimos manifiestos contra ella. Miguel Suárez Abel, de la Facultad de Derecho de Santiago es uno de los firmantes


REDACCIÓN / LA VOZ

La última reforma del Código Penal promovida por Ruiz-Gallardón a su peso por el Ministerio de Justicia y consumada ya bajo el mandato de su sucesor, Rafael Catalá, vio la luz en el BOE y ya empezó la cuenta atrás para su aplicación porque la vacatio legis -el período que transcurre desde la publicación de una norma hasta que esta entra en vigor- será solo de tres meses, un tipo mínimo récord en una reforma de esta envergadura.

La modificación salió adelante con el único apoyo en las cámaras legislativas del Grupo Popular. El rechazo que ha suscitado en el mundo académico del Derecho ha sido incluso mayor. Distintos colectivos que lo integran, entre ellos el Grupo de Estudios de Política Criminal, que agrupa a la mayoría de los profesores de Derecho Penal y 60 catedráticos de 33 universidades públicas españolas suscribieron durísimos manifiestos contra esta reforma. Miguel Suárez Abel, de la Facultad de Derecho de Santiago es uno de los firmantes.

-¿Cómo surgió la iniciativa de unos manifiestos de rechazo tan contundentes?

- Ya había habido varios trabajos preparatorios de cuando se estaba tramitando el anteproyecto de Código Penal del 2012. Entonces hicimos una propuesta alternativa para las mejoras legislativas. Cuando se empezó a acelerar la tramitación parlamentaria y vimos que no admitían ningún tipo de enmiendas y que solo con el apoyo del grupo parlamentario del PP se iba a aprobar una legislación puramente simbólica, llena de errores técnico-legislativos nos pusimos en contacto para hacer un manifiesto en contra de esa forma de hacer las leyes.

-¿Es representativo del sentir del mundo académico del Derecho?

- Es el sentir de la mayoría. No firmaron más porque todo se hizo muy rápido porque muy rápida fue también la tramitación de la reforma del Código Penal. Detrás del nuestro vinieron otros manifiestos en la misma línea.

-¿Recoge el texto aprobado alguna de sus sugerencias?

- Nada de nada. Pero antes del manifiesto ya hicimos un estudio que recogía múltiples propuestas alternativas que publicamos en un libro ya en el año 2013. Hicimos llegar todo ese material al Congreso pero no les hicieron caso alguno.

-Una de las novedades de la reforma es la desaparición de las faltas del Código Penal.

-Mas de las dos terceras partes de lo que actualmente son faltas, pasa a ser delitos leves y las que desaparecen del ámbito penal, pasan al administrativo con multas muchísimo más graves. Hasta ahora las faltas se castigaban por un sistema que en Derecho Penal se llama días-multa. Es un sistema que adapta la cuantía de la sanción a la capacidad económica del sancionado. En el ámbito administrativo las multas son mucho mayores y no tienen las garantías del proceso penal. Con todo ello, el principio de proporcionalidad sale muy mal parado.

-Pareciera que la reforma hace prevalecer el principio de peligrosidad sobre el de culpabilidad ¿Responde eso a planteamientos ideológicos a la necesidad de adoptar las normas de la realidad actual?

-Para castigar un hecho delictivo es necesario que se lesione un bien jurídico o al menos que se ponga gravemente en peligro. Pero aquí se anticipan las barreras de protección penal y así, a todo aquel que piensa distinto al poder se le acaba criminalizando. Se cambia la seguridad de la norma por la indeterminación de los criterios personales con los que se va a administrar la peligrosidad. El Derecho Penal tiene que ser siempre un derecho que fije las normas mínimas, para garantizar la convivencia social.

-La prisión permanente revisable es el punto de la reforma que más reparos ideológicos suscita. ¿Tampoco la consideran aceptable si se aplica con las restricciones que recoge el texto aprobado?

-Estamos ante otra manifestación de la neolengua orwelliana, ante otro número de populismo punitivo, ya que en realidad, se trata de un fraude de etiquetas. Una prisión no puede ser permanente y revisable a la vez. Eso es una contradicción en sí misma. En realidad, lo que se pretende encubrir es una cadena perpetua. Se dice que ya existe en otros países de nuestro entorno. En Alemania existe nominalmente la cadena perpetua revisable, pero se revisa a los 15 años, no a los 25 como aquí.

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