El PSOE respira y el independentismo baja

Lo importante es escuchar en la calle y después cruzar las impresiones con los diferentes sondeos


Cada nueva encuesta confirma lo apuntado en esta crónica hace algunas semanas: aquí puede pasar de todo. Que nadie se duerma y que nadie se jacte de los buenos augurios porque el voto cambia vertiginosamente. Lo importante es escuchar en la calle y después cruzar las impresiones con los diferentes sondeos, todos, por cierto, -salvo los del CIS y el CIS catalán- con una muestra demasiado reducida, por coste económico, y con alto riesgo de error.

Y la calle lo que dice es que el PSOE respira después de sus ahogos, que el independentismo baja, que Ciudadanos crece en simpatía, que a Podemos no le saldrá gratis votar en Europa en contra de la libertad de los opositores presos en Venezuela y que el PP debería decretar una poda urgente de metepatas ante los micrófonos. Alarmados por la subida de Albert Rivera, la señora Cospedal ordenó que no se hable de Ciudadanos sino de Ciutadans y los informativos de TVE sacan siempre que pueden a Rivera hablando en catalán; al portavoz parlamentario Rafael Hernando cuando le llamó naranjito se le cayó Twitter encima, y el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, dirigente popular, portavoz de la catalanofobia más rancia, afirma que «no quiero que a Andalucía se la gobierne desde Cataluña y que su futuro lo decida un político que se llama Albert». En La Vanguardia de Barcelona ha escrito Francesc-Marc Álvaro: «Supongo que si en vez de catalán hubiera dicho gitano, judío, musulmán, mujer o gallego, el fiscal general habría actuado de oficio». No le falta razón: el PP con aquella recogida de firmas contra el Estatut «legalizó» el todo vale contra Cataluña y, no solo lo paga electoralmente, sino que tiene demasiados bocazas sueltos a los que no puede contener. Mari Luz Rodríguez, ex secretaria de Empleo en el último Gobierno socialista, y política de segunda fila que participa diariamente en actos en cualquier punto de España resume así lo que había olido en la última semana en Huesca, Guadalajara, Barcelona y Toledo: «Nos va mejor y se nota en la calle. Fue muy bien el debate del estado de la nación y la intervención en la organización de Madrid». A pesar del asedio a Pedro Sánchez, especialmente de los suyos, el líder socialista se consolida a base de serenidad, esfuerzo y cintura. Sufrió los desplantes incluso telefónicos de Susana Díaz y la «zapaterada» de la reunión con Pablo Iglesias, con Bono de mariachi, pero su olfato para aterrizar en el barro del Ebro desbordado, para plantarle cara a Rajoy en las Cortes y ponerle buena cara a Susana, a pesar de que no le deja participar más que en dos actos en esta campaña, empieza a darle frutos. A Sánchez no le importa que en el mitin de Almería Susana se reservase la última intervención porque ya se adelantó él en Madrid y dejó que Ángel Gabilondo cerrara el acto. A distancia, Felipe González lo apoya y, cuando se le pregunta, responde seguro que «estoy convencido de que Susana ganará las elecciones y se quedará en Andalucía». Lo que también podría leerse en clave de «mejor que no venga».

Donde los socialistas no remontan, según las encuestas, es en Cataluña, pese al buen trabajo de Miquel Iceta. Pero también podría suceder que los catalanes -que suelen distinguirse por repartir el voto según la elección- apoyaran al PSOE para gobernar España y no al PSC para la Generalitat. Lo que sí se percibe en la calle y confirman las encuestas es que el independentismo retrocede. Hay cansancio de la población, escepticismo creciente hacia Mas y Junqueras, acoso a Duran i Lleida y a Unió Democràtica por no rendirse a la deriva soberanista y cuentas que no salen: ni en las finanzas de la Generalitat, ni en las estimaciones de cómo viviría una Cataluña independiente, ni en la aritmética parlamentaria. Según el CIS catalán, hoy no bastaría con Convergència y Esquerra para la mayoría absoluta. Artur Mas, experto en adelantar elecciones y perder apoyos cada vez, debería pensárselo bien. De nuevo, el mismo corolario: aquí puede pasar de todo. Atentos.

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