MAdrid/ La Voz

«Casta», «empoderamiento», «proceso constituyente», «tic-tac». No hace falta bucear demasiado en las hemerotecas para comprobar que prácticamente todas las expresiones y recursos retóricos que emplea en España Podemos son copias literales de los que utilizó en su día Hugo Chávez para hacerse con el poder en Venezuela. Pero las similitudes con el chavismo van mucho más allá de la imitación de eslóganes, hasta el punto de que se puede afirmar que Podemos sigue al pie de la letra el discurso y la estrategia utilizada en su día no solo por Chávez, sino por el resto de Gobiernos bolivarianos de América Latina, para sustituir los sistemas políticos democráticos asentados en esos países por una revolución no violenta surgida a través de las urnas.

Los círculos

Organización bolivariana. La organización en círculos, una de las ideas centrales de Podemos para superar la estructura tradicional de los partidos, es solo una réplica de los círculos bolivarianos creados por Chávez en Venezuela en el 2002. Los círculos bolivarianos son organizaciones de base, descentralizadas, dedicadas a llevar las ideas bolivarianas a la población y hacer propuestas no solo en asuntos de la política local, sino también sobre política nacional desde sus ámbitos. Una organización idéntica a los círculos de Podemos, definidos como lugares «de construcción de unidad popular».

El significante vacío

La teoría de Laclau. Íñigo Errejón, el cerebro de Podemos, tiene como filósofo político de referencia al argentino Ernesto Laclau, fallecido en el 2014, que reivindica el populismo y la «ruptura populista» de Chávez a través de la incorporación a la arena política de masas populares hasta entonces excluidas. La propuesta, seguida al pie de la letra por Podemos, es aglutinar a esas masas populares en torno a una idea ambigua, lo que Laclau llama un «significante vacío», para, solo después, llenarla de contenido. De ahí la importancia de la indefinición política de Podemos. El significante vacío de Podemos es acabar con la casta.

España no es Venezuela

Venezuela no es Cuba. Cuando se pregunta a los líderes de Podemos por la similitud de sus planteamientos con los de los inicios de Hugo Chávez, la respuesta de manual es decir que «España no es Venezuela» y que las recetas de allí no valen aquí. Exactamente eso decían los chavistas cuando se les identificaba con los castristas. «Venezuela no es Cuba», señalaban entonces para marcar unas distancias que luego desaparecieron. En una entrevista con el escritor peruano Jaime Bayly en 1998, Chávez aseguró incluso que él no era socialista y que Cuba era «una dictadura».

Proceso constituyente

Romper con lo anterior. La primera maniobra de Hugo Chávez fue plantear un proceso constituyente porque, decía, la Constitución de su país no había sido elegida por los actuales ciudadanos venezolanos y era una herencia de gobiernos vendidos a EE.UU. El cambio constitucional sirvió luego para legitimar la permanencia en el poder de Hugo Chávez. Esa maniobra fue calcada con posterioridad por los presidentes de Bolivia y Ecuador. Y ahora por Podemos, que llama a un «proceso constituyente» con idénticos argumentos para derogar la Constitución del 78, que consideran heredera del franquismo, sin aclarar en qué consistirían esos cambios.

NI derecha ni izquierda

Humanismo y transversalidad. En los albores de su llegada al poder, Chávez renegaba de las etiquetas de izquierda y derecha por considerarlas obsoletas ante las «necesidades» de América Latina. Él decía defender un proyecto «humanista». También Pablo Iglesias afirma ahora que «el debate político de izquierda y derecha es de trileros» y «una estafa», porque lo fundamental es «construir un país mejor para los ciudadanos». La estrategia es captar votos de izquierda y derecha a través de lo que se plantea como la «transversalidad».

El papel de la televisión

Control a los medios críticos. Una de las claves para la llegada y el mantenimiento en el poder de Hugo Chávez fue la utilización de los medios, en especial la televisión, para difundir unos mensajes muy básicos y comprensibles por todos los ciudadanos, algo en lo que Pablo Iglesias se ha revelado como un experto. Pero otra clave para la subsistencia del chavismo es el control de los medios de comunicación y el acoso a la prensa crítica. Pablo Iglesias ha dejado entrever ya la necesidad de controlar los medios privados e incluso ha llegado a decir que «la existencia de medios de comunicación privados ataca a la libertad de expresión».

Casta, empoderamiento y tic-tac

Si algo define a Podemos es el uso del término «casta». En su toma de posesión en el 2007, Chávez hablaba ya de una «casta» de privilegiados con la que hay que acabar y que es la misma, a su juicio, que mató a Bolívar. Con anterioridad, Chávez utilizaba en el mismo sentido el término «cúpula». El vocablo «empoderar», clave también en el discurso de Iglesias, que habla de la necesidad de un «empoderamiento popular» para conseguir más democracia, remite a su vez al «empoderamiento popular» que promovió Chávez en Venezuela como «bandera del socialismo» y que repite todavía hoy Nicolás Maduro. Hasta el teatral tic-tac empleado ahora por Iglesias fue ya utilizado por Chávez en su toma de posesión de 1999.

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Podemos sigue al pie de la letra la estrategia y el discurso de Chávez