Rajoy presume de haber sacado a España de una «pesadilla»

El líder del PP apunta ya a la próxima legislatura y entra en campaña prometiendo tres millones de puestos de trabajo


Madrid / La Voz

«El estado que debatimos hoy es el de una nación que ha salido de la pesadilla, se ha rescatado a sí misma, ha recuperado la confianza económica, goza de prestigio, vuelve a ser atractiva para los inversores, ha reordenado su funcionamiento y ve cómo crecen el consumo y la inversión». En esa frase, colocada ya en el sexto folio de su larguísimo discurso, resumió ayer Rajoy su visión sobre la situación de España después de sus poco más de tres años de Gobierno. Puestos a escoger un hito en esa exitosa gestión que se atribuye, el líder del PP eligió por encima de todos el de haber salvado a España de un rescate que todos daban por inevitable, y que muchos le invitaban a solicitar. «Esa fue la gran decisión de la legislatura, esa fue la gran medida de política social de esta legislatura: evitar el rescate; la mejor», dijo.

Discurso triunfalista

Pero no se quedó ahí. En un discurso abiertamente triunfalista y sin concesión alguna a la autocrítica, vino a decir que no solo ha logrado ya curar al enfermo terminal que, según su versión, se encontró cuando llegó al Gobierno, sino que apuntó ya a la próxima legislatura en la que, con él también al mando, aquel enfermo estará para correr la maratón y ganarla. Sabedor de que antes de ello es necesario vencer de nuevo en las elecciones, y entrando directamente en campaña, Rajoy llevaba ayer en su mochila medidas de alivio fiscal y ayuda a las familias. Entre ellas, la ley de segunda oportunidad para que se puedan reestructurar las deudas; cheques de 1.200 euros al año para familias monoparentales con dos hijos; revisión a la baja de las tasas judiciales; ayuda de 500 euros para los contratos indefinidos o aprobación de una ley que facilita la dación en pago.

Desgranando como un martillo pilón una catarata de cifras económicas, Rajoy se permitió decir que él no necesita ya «traer promesas», porque dispone de «hechos sólidos» y «realidades objetivas». Su entusiasmo alcanzó por momentos un nivel de autocomplacencia que le fue reprochado luego por toda la oposición. Solo su empeño en reiterar que ha sido el esfuerzo de todos los españoles el que ha permitido salir de la crisis matizó en parte el protagonismo que se atribuyó en la recuperación.

«El dinero no crece en los árboles, tenemos que producirlo con nuestro trabajo diario», afirmó. «Para repartir hay que crear porque, en caso contrario, lo que se acaba repartiendo es desesperación y miseria», añadió.

Advertencia sobre Podemos

Pero Rajoy alertó también de que esta «fase expansiva de nuestra economía» es todavía «frágil» y está expuesta «a cambios en la situación internacional, a dificultades coyunturales y también a ventoleras ideológicas, o simplemente ventoleras de las que hemos conocido algunos ejemplos», en referencia a partidos como Podemos o al griego Syriza. Advirtió a los españoles del peligro de buscar «remedios mágicos» y de prestar atención «a esos que quieren vender esos remedios mágicos», porque, según afirmó, solo gracias a la política económica que ha llevado a cabo su Gobierno se pueden afrontar los gastos sociales.

Advirtió por ello al PSOE de estar alimentando al partido de Pablo Iglesias al cuestionar la recuperación económica y plantear como innecesarios los sacrificios que el Gobierno ha exigido a los españoles y que, a su juicio, eran «inevitables». «Decir que la mejoría actual ha venido sola, que los esfuerzos de los ciudadanos no han merecido la pena, que se podían haber evitado, es la mejor manera de preparar la tierra para que la siembren con éxito los demagogos», le dijo a Sánchez.

Enfrente tuvo Rajoy a un debutante Pedro Sánchez que, en un discurso agresivo desde el inicio, trató de debilitar ese planteamiento autocomplaciente no solo minusvalorando la influencia del presidente en la mejora de algunos datos, como la bajada de la prima de riesgo, y acusándolo de mentir por negar un rescate que a su juicio sí ha existido, sino responsabilizándolo directamente de haber causado un «destrozo descomunal» en el Estado de bienestar. Frente a los reproches del socialista por la alta tasa de desempleo, Rajoy contraatacó recordando que con el PSOE se envió al paro a otras 3,4 millones de personas.

Cara a cara muy duro

En el cara a cara, Rajoy se empleó en descalificar a su rival con extrema dureza. Le acusó de pensar más «en el señor Iglesias que en los problemas de España». Aunque en su última réplica también aprovechó para lanzarle un misil a cuenta de su cuestionado liderazgo en el PSOE. «No sé quién le preocupa más, si el señor Iglesias o la señora Díaz», en referencia a la presidenta de Andalucía. Señaló que Sánchez no da la talla, aunque dijo tomárselo más en serio que algunos en su propio partido. Para concluir con un ataque frontal de una dureza inusual. «No vuelva usted aquí a hacer ni a decir nada, ha sido patético», afirmó con desprecio.

El presidente del Gobierno reivindicó sus políticas de austeridad como la mejor garantía de los derechos sociales y consideró «muy peligroso» decir «que cabe una política social que no esté amparada por una sólida política económica» y también afirmar que el Estado de bienestar se puede levantar «sobre hipotecas o, peor aún, que se puede salir adelante con el dinero ajeno, porque eso no ha sido posible nunca en la historia, ni vamos a cambiar ahora siglos y siglos de historia». En esa línea, no olvidó recordar al Gobierno griego que es necesario cumplir las normas y los acuerdos firmados, recordando que España se juega ahí 26.000 millones de euros que el Estado tiene comprometidos en el rescate a Grecia.

Rajoy apenas dedicó cuatro párrafos de su intervención a hablar sobre corrupción y evitó en todo momento referirse a Bárcenas y los casos que afectan al PP. Se limitó a recordar las medidas de regeneración aprobadas por el Gobierno y que, según dijo, pronto darán frutos. En la réplica, evitó entrar en el cuerpo a cuerpo por las acusaciones sobre el caso del ex tesorero y recordó al líder del PSOE el caso de los ERE en Andalucía y el hecho de que Chaves y Griñán mantengan sus escaños pese a haber sido llamados a declarar ante el Supremo.

El asunto catalán

Aunque dedicó la gran mayoría de su tiempo a la economía, también aludió a Cataluña. Reiteró que nunca aceptará que «se ponga en tela de juicio la unidad de España, la soberanía nacional, la igualdad de los españoles y sus derechos fundamentales». «Y tampoco permitiré que se pretenda violar lo que dice nuestra Constitución o que se pretenda modificar por procedimientos distintos de lo que en ella se establece», añadió El portavoz de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, le reprochó su «negligencia» al no dar una sola respuesta política al problema de Cataluña, que corre riesgo de «enquistarse» si no se apuesta por el diálogo y se insiste en judicializarlo. A lo que el presidente del Gobierno respondió advirtiendo de que no cuenten con él para hablar de la unidad de España y la soberanía nacional.

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