El «Candy Crush» de Celia Villalobos y otras distracciones de sus señorías

La vicepresidenta del Congreso no es la primera diputada sorprendida atendiendo otras tareas impropias y ajenas a las que se desarrollan en el hemiciclo


Celia Villalobos ha conseguido convertirse en protagonista del debate del Estado de la Nación; y no precisamente por sus palabras. Mientras Rajoy pronunciaba uno de sus discursos, las cámaras de los periodistas captaban a la vicepresidenta del Congreso jugando a lo que parecía ser el famoso «Candy Crush». Las imágenes rápidamente centraron todo el foco de atención de los ciudadanos, que, indignados, criticaron la actitud de la popular.

Sin embargo, Villalobos no es la primera -ni probablemente será la última- de sus señorías que es cazada en una reprobable situación en el medio de una importante cita parlamentaria. A su compañera Fátima Báñez también le jubaga una mala pasada uno de estos juegos para los dispositivos móviles. «¡Obtuve 5390 puntos en Bubble Shooter Adventures! ¿Puedes mejorarlo?», era el tuit que se publicaba de forma automática en la cuenta de Twitter de Báñez durante uno de los fines de semana más importantes para la economía española.

Al presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, también tuvo un descuido con su cuenta de Twitter, red social de la que tuvo que salir escaldado. «Obtuve 2.215 puntos en el #Doodlejump!! Supera eso!», fue el mensaje que publicó en su cuenta. Pero antes del «Candy Crash» y de otros juegos parecidos, el «Apalabrados» inició el camino. Los diputados del PP, Bartolomé González y María Isabel Redondo dedicaron su tiempo, durante la votación de la Ley de Acompañamiento que daría paso a la privatización de la sanidad madrileña en el 2012, a entrenar su lenguaje a través de esta aplicación que imita el popular juego del Scrabble.

Después de los juegos, otra de las actividades en la que más gustan invertir el tiempo de pleno los políticos españoles es en las compras online. La socialista Lola Gay era cazada por las cámaras de El Mundo durante una sesión parlamentaria, comprando lencería a través de una página web. En una situación semejante fue sorprendida la gallega Marta Cerdido, quien en pleno debate de los Presupuestos de Galicia decidió irse de tiendas sin salir del hemiciclo, conectándose a una web en la que se vendían zapatos de lujo. La escena se repitió en octubre del 2008, durante el debate del Estado de la Autonomía, cuando una cámara captó a otra diputada revisando las tendencias de moda óptica.

Bastante más escandaloso fue el caso de Miguel Ángel Pérez-Huysmans, diputado popular en la Asamblea de Madrid y presidente de Nuevas Generaciones del PP de Madrid, que fue sancionado por entrar en una web porno durante un pleno de la Asamblea regional. Y no muy higiénica fue la actividad de Luis Bernardo Díaz Alperi, diputado del PP en las cortes valencianas, quien en medio de la cámara tiró de tijeras y se puso a cortarse las uñas. Además, no es la única vez en la que Alperi ha salido en las portadas por sus actividad poco habituales en la Cámara; y es que en más de una ocasión ha sido visto echándose una cabezadita. Quien sabe de técnicas de relajación en plena sesión es el socialista Juan Soto, que fue pillado en una ocasión practicando yoga.

Y para los que lo de dormir no es tarea interesante, siempre queda lo de adelantar el trabajo que les esperaría al llegar a casa. Es el caso de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, que compartió con todos los ojos indiscretos su escueta lista de la compra: «Ocho contramuslos y cuatro pechugas». Mientras que Milagrosa Martínez, alcaldesa del PP, apartó las tareas domésticas y se centró en las educativas. En un pleno valenciano del 2013 fue fotografiada repasando una lección de francés.

Viendo el ritmo de actividad que llevan los políticos españoles durante las largas sesiones plenarias, a ver quien se atreve a decir, que esto de ser político, es tarea sencilla.

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