Jordi Pujol asegura que ocultó su fortuna para no dañar su imagen

El expresidente catalán y su esposa han llegado escoltados para declarar como imputados y les han recibido con gritos de «ladrón» y con una lluvia de billetes falsos


Barcelona

El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol ha afirmado este martes ante la juez que ocultó durante años la fortuna que les legó su padre Florenci porque tenía «miedo» de la repercusión mediática negativa que ello acarrearía, y ha argumentado que confesó en julio pasado por un «propósito ético». Durante su declaración, el expresidente ha asegurado que conocía el origen de esta fortuna desde los años 60, pese a que su padre llevó el asunto con un «gran secretismo», y que desde un primer momento se desentendió totalmente de los fondos, hasta el punto de que ignoraba en qué país y en qué banco estaban ingresados.

Además, Jordi Pujol ha citado en su declaración un supuesto documento manuscrito de su padre en el que le expresa la voluntad sobre el legado que dejó a la familia del político, pero no lo ha aportado ni ha presentado ninguna documentación al respecto.

Pujol ha reiterado -a preguntas de la juez y del fiscal- que los fondos ocultos en el extranjero sin regularizar más de 30 años provinieron del legado del padre, Florenci Pujol, como ya había dicho en su carta de confesión y después ante el Parlament. En su declaración de algo más de dos horas, ha asegurado que no consta más documentación que ésa porque el padre hizo la fortuna en su momento de forma «ilegal» con el cambio de divisas; y también ha dado el nombre de la persona que ha gestionado este patrimonio en Andorra: Delfí de nombre de pila, ya fallecido.

La declaración del expresidente catalán ha comenzado a las 10.15 de la mañana y ha acabado sobre las 12.30, cuando el expresidente ha abandonado la Ciutat de la Justicia acompañado de su esposa, Marta Ferrusola, quien también estaba citada a declarar como imputada. Sin embargo, la esposa del expresidente se ha acogido a su derecho a no declarar.

Jordi Pujol y su esposa, Marta Ferrusola, llegaban esta mañana al juzgado custodiados por un amplio dispositivo integrado por agentes de paisano y de orden público de los Mossos, y entre protestas y gritos de «ladrón». El expresidente catalán, su esposa y sus hijos Marta, Mireia y Pere están citados hoy a declarar como imputados por fraude fiscal y blanqueo de capitales ante la titular del juzgado de instrucción número 31 de Barcelona, que investiga el origen de la fortuna que la familia ocultó durante más de treinta años en el extranjero.


La declaración de los Pujol en la Ciutat de la Justicia de Barcelona, edificio cuya construcción se planificó durante el mandato del expresidente de CiU al frente de la Generalitat, ha levantado una gran expectación mediática, con decenas de periodistas y cámaras apostados desde antes de las 8.00 de la mañana en ambas entradas del recinto judicial. En los dos accesos, los Mossos d'Esquadra han habilitado esta mañana un pasillo, protegido con vallas de seguridad, para facilitar la entrada de los Pujol.
Instantes antes de la llegada del matrimonio Pujol-Ferrusola, más de veinte agentes de la unidad de Recursos Operativos de los Mossos d'Esquadra (ARRO), dedicada a garantizar el orden público, han formado una barrera humana en el pasillo por el que debían entrar los imputados. Pujol y Marta Ferrusola han llegado a la entrada principal de la Ciutat de la Justicia hacia las 9.35 horas en un turismo que utilizan habitualmente cuando van escoltados, de color gris.

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Los millones de la familia Pujol La familia regularizó en julio parte de su fortuna

En cuanto ha bajado del coche, el matrimonio ha sido recibido con gritos de protestas de funcionarios y espontáneos que se habían concentrado a las puertas de la Ciutat de la Justicia, y han avanzado por el pasillo habilitado por la policía seguidos por un manifestante que enarbolaba un cartel con la frase «Váyase a la mierda, familia Pujol». La frase de ese cartel hace referencia a un comentario despectivo que Marta Ferrusola dedicó hace unos meses a los periodistas que montaban guardia a las puertas de su casa en Barcelona tras la confesión de Jordi Pujol, a los que despachó con un «váyase a la mierda» y por el que pidió disculpas al día siguiente.
En su recorrido hasta el interior de la Ciutat de la Justicia, en el que han caminado escoltados por agentes de paisano de los Mossos d'Esquadra, los Pujol han tenido que escuchar numerosos gritos de «ladrones», además de insultos, y aguantar las atronadoras bocinas que han hecho sonar algunos grupos de funcionarios.
Los improperios al matrimonio Pujol procedían no solo de funcionarios de justicia que se habían organizado para dar un recibimiento entre protestas a los imputados, sino también de usuarios de la Ciutat de la Justicia que, al toparse con ellos, reaccionaban espontáneamente abucheándoles. Los organizadores de la protesta habían imprimido, además, falsos billetes de 500 euros con el rostro sonriente de Jordi Pujol emitidos por el Banco de Andorra, y con un símbolo de «stop ladrones».
Algunos de ellos han arrojado varios de esos billetes a Cristóbal Martell, abogado de los Pujol que ha llegado a la Ciutat de la Justicia 45 minutos antes que el matrimonio. Una vez en el interior del edificio judicial, los Pujol han subido en un ascensor interno de la Ciutat de la Justicia hasta la sala de vistas de la segunda planta del edificio, en la que tendrá lugar su comparecencia. 

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