MadriD / La Voz

El nuevo rey mide con pies de plomo cada una de sus intervenciones y estudia hasta el último detalle el contenido de sus discursos, su lenguaje gestual y el de su esposa. Su labor, compleja, es evidenciar cada día el nuevo tiempo que supone su ascenso a la jefatura del Estado, sin menoscabar por ello el legado de su padre ni su contribución a la democracia. Ayer, era evidente su empeño en agradar a la cúpula militar recuperando la vistosidad de los actos castrenses, sin que ello suponga un alarde de gasto difícil de justificar en tiempos de estrecheces presupuestarias.

El acto de ayer simbolizaba más que ninguno el relevo en la jefatura del Estado, después de que la celebración de la Pascua Militar el pasado año pusiera de manifiesto los problemas de salud de don Juan Carlos, que perdió el hilo durante su discurso ante la cúpula de los ejércitos y mostró claros síntomas de fatiga. Unas dificultades que, según acaba de revelar el periodista Fernando Ónega, fueron claves en la decisión del monarca emérito de abdicar la Corona.

El rey Felipe VI repasó las misiones de los militares españoles en el extranjero y destacó que en los últimos años han conseguido ganarse el respeto y reconocimiento de los ciudadanos y también de los socios y aliados de España, por su «profesionalidad, rigor y disciplina», además de «valentía, humanidad y empatía»

Don Felipe no quiso dejar de acordarse durante su intervención de las familias de los miembros de las Fuerzas Armadas que, como el resto de la población, comparten la crudeza de las consecuencias de la crisis económica. Y así, hizo extensivos sus mejores deseos de paz y de éxito personal en el año que comienza no solo para quienes forman parte de los ejércitos, sino también para sus familias, «que os alientan permanentemente y comparten los sacrificios y renuncias que nuestra vocación exige».

Estreno de doña Letizia

A quienes se encuentran en estos días cumpliendo su misión, les animó a seguir trabajando con la misma intensidad «comprometidos con el presente y optimistas sobre nuestro futuro». Concluyó don Felipe con un sentido «¡Viva España!», que fue contestado por uno de los militares presentes en el acto con un sonoro «¡Viva el rey!» al que se sumaron todos los asistentes.

También doña Letizia se estrenaba como reina de España en este tipo de actos, sabedora de que cada uno de los detalles de su comportamiento y de su vestimenta serían escrutados hasta los más profundo para ponerlos en comparación con los de doña Sofía. La reina confió una vez más en quien, desde sus tiempos como princesa, ha sido uno de sus modistos de cabecera, el diseñador Felipe Varela. Lució un traje de color verde con bordados en los laterales y en las mangas que, pese a su austeridad, dejaba traslucir su gusto por la sofisticación en la moda.

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El nuevo rey recupera el esplendor castrense sin dejar la austeridad