Una historia que se repite 30 años después, pero sin las prerrogativas de otros tiempos


Madrid / Colpisa

Era un dos de octubre de 1984, cuando Jordi Pujol declaró en su confortable despacho de presidente de la Generalitat ante el juez por el caso Banca Catalana. El próximo 27 de volverá a verse ante otro magistrado imputado en la causa abierta por la fortuna familiar oculta en el extranjero. Pero ahora responderá como un ciudadano de a pie, sin las prerrogativas del gobernante y tendrá que desplazarse hasta un juzgado ordinario. Treinta años largos separan ambas citaciones y las circunstancias para el padre del nacionalismo moderno de Cataluña son la cara y la cruz; en 1984, con 54 años, estaba arropado en la cumbre del poder, ahora, con 84, soporta la intemperie del apestado.

Entre ambas declaraciones planea la sombra de don Florenci Pujol. El padre de Jordi, animado por su hijo, y el tratante de piedras preciosas Moisés Tenembaum pagaron 12 millones de pesetas de las de 1959 la minúscula Banca Dorca, nueve empleados y apenas 46 millones en depósitos. Fue el embrión de Banca Catalana, una entidad que en poco más de dos décadas logró hacerse un nombre en el firmamento financiero con dos millares de empleados y 260.000 millones de pesetas depositadas en 1981. Hasta que a comienzos de los ochenta el Banco de España detectó un agujero del orden de los 130.000 millones de pesetas, 780 millones de euros.

El entonces fiscal general del Estado, Luis Burón Barba, ordenó en mayo de 1984 querellarse contra el presidente catalán pese a las reticencias de los fiscales catalanes. Como se ve, la escasa disposición del ministerio público en Cataluña a proceder contra Pujol no es una novedad. Ocurrió entonces y ahora con el 9-N.

Apropiación indebida

En el caso de Banca Catalana, Pujol fue acusado de apropiación indebida de fondos del banco en el que nada más salir de la cárcel fue gerente y llegó a vicepresidente, pero que controlaba todo el consejo de administración.

La Fiscalía y la Policía, por más que investigaron, no lograron dar con su paquete accionarial valorado en 600 millones de pesetas, 3,6 millones de euros. El entonces presidente catalán alegó que había donado las acciones a una misteriosa Fundació Catalana y llegó a presentar algún documento que pretendía ser probatorio, pero nunca pudo verificarse y siempre quedó la duda de si vendió sus participaciones en el extranjero, como sospecharon siempre los investigadores

En 1986, la Audiencia de Barcelona por 33 votos contra ocho decidió no procesar a Pujol por ausencia de indicios de criminalidad y falta de pruebas. El caso fue archivado en 1990 y del paquete accionarial nunca más se supo. Ese dinero es para algunos biógrafos del expresidente catalán el origen de su fortuna.

Tras un costoso rescate de 300.000 millones de las arcas públicas, los restos de Banca Catalana se quedaron en poder del Banco de Vizcaya, hoy BBVA, y, según Félix Martínez y Jordi Oliveres, autores de la obra ¿Quién es Jordi Pujol?, el fallecido presidente de la entidad, Pedro de Toledo, pagó ocho millones de euros con los que Marta Ferrusola y sus siete hijos habrían abierto ocho cuentas en Andorra con un millón en cada una. Es otra teoría de la procedencia del dinero.

Cónclave familiar

El 12 de julio pasado, una casa rural en la localidad francesa de Latour de Carol registraba una intensa actividad. Una veintena de personas llegadas en sus coches iban y venían. La familia Pujol-Ferrusola al completo, cónyuges incluidos, estaba reunida en la vivienda que Josep, el segundo hijo y único que no está imputado, posee en la Alta Cerdaña francesa. Cinco días antes se había publicado que la jefa del clan y tres de sus hijos habían ingresado en la Banca Privada de Andorra 3,4 millones de euros que tenían depositados en Andbank. En el cónclave, el expresidente, que ya había consultado con abogados y asesores fiscales, lleva la voz cantante. Se decide que hará una confesión pública sobre el dinero y los miembros de la familia con cuentas en Andorra regularizarán su situación con Hacienda. El 25 de julio revela que su familia, no él, recibió una herencia de su padre Florenci, un dinero indeterminado que no dijo dónde estaba depositado, se supone que en Andorra o Suiza, y que hasta ahora no había encontrado tiempo para regularizar.

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