Madrid / La Voz

Calificar el año que acaba de comenzar como un ejercicio decisivo para el futuro político del país es algo que se ha convertido en un tópico utilizado cada mes de enero. Y, sin embargo, nunca como hasta ahora en la historia reciente ha afrontado España un año con tan acusadas perspectivas de vuelco en un sistema político que se mantiene estable desde la transición. El cambio de marco que supone la irrupción de nuevas fuerzas políticas con fuerte arraigo entre el electorado, la posibilidad de que se ponga fin al bipartidismo que durante las últimas décadas ha situado al PSOE y el PP como únicas alternativas viables de Gobierno, y el hecho de que el 2015 sea un año cargado de citas electorales, algunas con fecha fija y otras por determinar, colocan a los partidos en una encrucijada decisiva para su futuro en los próximos doces meses. Así afrontan este reto las principales fuerzas políticas a nivel nacional.

Partido Popular

Todo a una carta. El PP y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se juegan en el 2015 la posibilidad de recuperar la confianza que los ciudadanos les otorgaron en el 2011, perdida después de tres años de recortes e incumplimientos del programa. Desde el comienzo de la legislatura, Rajoy se ha jugado su futuro a la carta de la recuperación económica, sabedor de que las reformas emprendidas en el inicio de su mandato le harían perder posiciones. Pero está por ver si esa recuperación y esa salida de la crisis, que según el líder del PP han comenzado ya, es percibida por los ciudadanos con el margen de tiempo suficiente como para recuperar la credibilidad ante una mayoría de españoles. De no conseguirlo, Rajoy sería el primer presidente del Gobierno que no reedita su mandato. Y, previsiblemente, el PP entraría en una fase de inestabilidad que debería conducir a una renovación profunda de los liderazgos a nivel nacional y autonómico.

PSOE

Asomado al abismo. El año que comienza es, más que decisivo, crítico para el PSOE. El único partido político que se ha mantenido como una fuerza política mayoritaria desde la transición se enfrenta por primera vez a la posibilidad de ser superado por otra fuerza de izquierda y de perder así la condición de referencia progresista para una gran parte del electorado. Asomarse a ese abismo supondría para los socialistas un grave peligro que podría llevarles a un declive de muy difícil recuperación que ya han sufrido otras fuerzas socialdemócratas en Europa. El PSOE afronta además ese reto con un nuevo liderazgo político todavía por consolidar. Pedro Sánchez deberá demostrar en el 2015 que es un secretario general con autoridad a nivel nacional y no un líder a merced de la poderosa presidenta andaluza Susana Díaz, cada vez más cerca de dar el paso de tomar el poder en Ferraz que muchos le reclaman. Un fracaso en las elecciones municipales y autonómicas de mayo dejaría a Sánchez casi sin posibilidades de cara a las generales previstas para noviembre.

Podemos

El año de la consolidación. No hay precedentes en España de un partido que en apenas un año de vida sea capaz de disputar al PSOE y el PP la posición de primera fuerza política del país. Hasta ahora, sin embargo, el auge imparable de Podemos se debe más a unas expectativas y un deseo de cambio por parte de un grupo numeroso de votantes que a unos datos contrastados en las urnas, ya que en las elecciones europeas, las únicas a las que se ha presentado hasta ahora, se quedó en cinco escaños y apenas un 7,97 % de los votos. El 2015 será el año en el que deberá demostrar que es capaz de dar el salto que anuncian las encuestas para convertirse en una alternativa de Gobierno. La decisión táctica de no presentarse con sus siglas a las elecciones municipales puede generar cierta decepción entre sus votantes. Pero la verdadera piedra de toque serán las autonómicas, a las que sí concurrirá, y tras las cuales deberá demostrar si está dispuesto a pactar o no con el PSOE parra arrebatar el poder al PP en numerosas comunidades. Algo que, de confirmarse, rompería su discurso sobre la casta. El futuro de Podemos estará seriamente influido por la evolución política y económica de Grecia en caso de que Syriza, su partido hermano, se haga con el Gobierno del país heleno. Si el caos que algunos anuncian en Grecia no se produce, la credibilidad de Podemos y sus expectativas crecerán exponencialmente.

Izquierda Unida

Renovarse o morir. El PSOE se juega buena parte de su futuro, pero IU arriesga en el 2015 su propia existencia. Si la pérdida de votos en favor de Podemos que auguran las encuestas se consolida, la coalición podría quedar en una situación de marginalidad en buena parte de España, obligada a servir de mero apoyo del partido de Pablo Iglesias sin apenas posibilidad de influencia. Consciente de ese peligro, IU renovará este año su liderazgo, que muy probablemente será asumido por Alberto Garzón. Su reto, muy difícil, será mantener un discurso propio distinto al de Podemos.

UPyD y Ciudadanos

Expectativas frenadas. El partido de Rosa Díaz ha visto frenado su progreso y sus expectativas de convertirse en bisagra, influido por el ciclón Podemos. Se enfrenta además al progreso de Ciudadanos, con unos postulados muy similares. La frustración del pacto entre ambos puede pasarles factura en las urnas, dejando a los dos como fuerzas minoritarias sin un futuro claro.

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España afronta en el 2015 un cambio histórico del actual marco político