Rajoy admite que en el PP ha habido «problemas serios» de corrupción

Defiende a Mato y reta al líder del PSOE a hacer dimitir a Chaves y Griñán


Madrid / La Voz

«En mi partido político ha habido problemas serios e importantes». Mariano Rajoy dio ayer en el Parlamento un paso más en el reconocimiento de la corrupción en el PP. El líder popular abandonaba así la teoría de que se trata solo de «algunas pocas cosas», para asegurar que la corrupción es algo que el Gobierno se toma «muy en serio». No podía ser de otra manera, porque ayer se plantaba en la tribuna del Congreso para hablar de corrupción con nada menos que una ministra de Sanidad recién dimitida por su implicación en la trama Gürtel como «partícipe a título lucrativo» de los presuntos delitos cometidos por su esposo.

La sombra de Ana Mato, a la que Rajoy insistió pese a todo en defender porque, según dijo, el propio juez reconoce que no cometió delito alguno, planeó durante todo el debate. Sabedor de que la imagen de unos bancos azules con un escaño de menos ponía en duda su compromiso contra la corrupción, redobló la apuesta con el anuncio de un largo paquete de medidas para la regeneración política.

Muchas de ellas fueron presentadas ya hace meses y permanecen bloqueadas en el Congreso, mientras que otras, como la de cancelar la actividad de los partidos que no presenten sus balances en el Tribunal de Cuentas, la de obligar a las fuerzas políticas a renovar cada cuatro años sus órganos de dirección o la de exigir a los cargos públicos un certificado de que están en paz con Hacienda, sí resultan novedosas.

«Los salvapatrias de la escoba»

Su principal empeño fue no hablar de los casos concretos que afectan al PP e insistir en que no se puede generalizar y hablar de una «España corrompida». Repartió culpas, pero salvó la imagen de los políticos para atraer a toda la oposición hacia un pacto para luchar contra algo que, según su tesis, existe en todos los partidos y en todos los países porque «a la corrupción le traen sin cuidado las ideas y las banderas». «Nadie puede garantizar, nadie, que la corrupción desaparezca de este planeta en el que lleva instalada desde el primer día», llegó a decir.

Un esfuerzo baldío, porque el secretario general socialista le consideró incapacitado para liderar las reformas necesarias y le adelantó que no espere de él ningún acuerdo global en esta materia. Solo en un argumento dio amparo a Rajoy: el de no generalizar. «No conviene confundir la corrupción del sistema con la corrupción en el sistema», señaló Sánchez. Buena parte de la oposición fue más lejos y exigió al presidente su propia dimisión.

Pero, además de el de Mato, por el Congreso sobrevolaba también el fantasma de Podemos, hasta el punto de que, por momentos, Rajoy daba la impresión de debatir con su líder, Pablo Iglesias. «España no está corrompida, no generalicemos. Se empieza así y se acaba atacando el sistema. Eso beneficia a los salvapatrias de la escoba», señaló, en referencia a la intención declarada por Iglesias de «barrer» de España la corrupción. «La mayoría de nuestros representantes son personas decentes», insistió Rajoy, que admitió sin embargo que en España hay corruptos «que afortunadamente están saliendo a la luz». «No añadamos a la corrupción el infundio porque es peligroso», sentenció.

El líder del PP no mencionó a Ana Mato en su discurso inicial, lo que hizo que toda la oposición se lo reprochara. Fue en el turno de réplica cuando el presidente hizo una cerrada defensa de la ministra, a la que solo unas horas antes había forzado a dimitir, amparándose en el hecho de que no figura entre las 43 personas imputadas por el juez Pablo Ruz en la trama Gürtel. Y eso le dio pie luego para, en su última intervención, reprochar a Sánchez que «su límite para luchar contra la corrupción esté en Despeñaperros» y que, al contrario de lo que ha hecho él con Mato, no exija la dimisión a Manuel Chaves y José Antonio Griñán por el caso de los ERE. «¿O es que no le deja Susana Díaz?», preguntó.

La soledad del Gobierno se puso de manifiesto después en la votación, al rechazarse con los únicos votos del PP, las enmiendas a la totalidad presentadas por el PSOE, Izquierda Plural, UPyD y el BNG a los dos proyectos de ley contra la corrupción presentados por Rajoy.

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