Ana Mato, siempre perseguida por la polémica

Tras su dimisión, la ministra de Sanidad deja una larga lista de controversias a sus espaldas


La ya exministra de Sanidad Ana Mato deja su cartera después de que el juez Pablo Ruz la considerara este miércoles «partícipe a título lucrativo» de las actividades de la trama Gürtel por haber «disfrutado» o haberse «beneficiado, sola o en compañía» de su exmarido, el exalcalde de Pozuelo de Alarcón Jesús Sepúlveda (PP) y otros miembros de su familia, de «servicios turísticos, pago de eventos familiares y otros artículos de de uso particular».

La sombra de la corrupción ha perseguido a la figura de Ana Mato desde el 2009, cuando aún era Vicesecretaria general de Organización del Partido Popular. A pesar de su relación con la trama de Francisco Correa, este hecho no le impidió alcanzar el ministerio de Sanidad en el 2011. Según se iba avanzando en la investigación, se ha ido conociendo la implicación de la pareja -actualmente separados- formada por la exministra y Jesús Sepúlveda así como una serie de regalos que iban desde viajes, pasando por coches -como el polémico Jaguar-, las famosas fiestas con kilos de confeti y hasta llegar a los dos bolsos de la firma Louis Vuitton, que aparecían en la documentación con la frase «Obsequio de Ana Mato». Preguntada por estas cuestiones, la política madrileña aseguró que a ella no le «constaban». «No me consta nada, pero en todo caso Jesús Sepúlveda dará las explicaciones pertinentes sobre esa cuestión. No tengo nada más que añadir», explicó.

Si el caso Gürtel ha sido la puntilla que le ha valido su dimisión, el ébola fue el otro punto de inflexión en la carrera de Ana Mato como ministra de Sanidad. Las primeras críticas por su nefasta gestión llegaron tras la muerte de Miguel Pajares, el primer misionero trasladado a España, y su misteriosa ausencia hasta el funeral, celebrado 24 horas después. Durante las horas posteriores a su fallecimiento, Facua sugirió que Ana Mato se encontraba «desaparecida en la playa» y que lo consideraba «inaceptable» mientras la «alarma» del virus ébola se extendía por España. El Ministerio no tardó en intentar salir al paso de las acusaciones asegurando que estos rumores eran falsos. «Mato está absolutamente pendiente de todo y en permanente contacto con la Consejería de Salud madrileña, que son ellos los que tienen las competencias para tratar este caso. No obstante, la ministra ha coordinado todo el operativo para repatriar al paciente y está también en contacto con autoridades de la Organización Mundial de la Salud», han recalcado.

Pero la verdadera tormenta no llegaría hasta unos días después, cuando la ya exministra se topó de bruces con la primera infectada por ébola en Europa. Teresa Romero se convirtió en la pesadilla de Mato, quien vio menospreciado su trabajo cuando cinco días después de que se confirmara el contagio vio como Rajoy pasaba la mayor parte de las responsabilidades a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. Muchos vieron en este gesto que Ana Mato había quedado relegada. La cadena de errores, fallos y negligencias junto con la caótica gestión provocaron este cambio de rumbo. Ese mismo día, la propia exministra salía en rueda de prensa a asegurar que «no tenemos más información sobre su salud que la de los medios».

Las críticas hacia Ana Mato por su mala gestión en la crisis ébola podrían ser trasladadas directamente a cómo ha tramitado las mareas blancas de Madrid en defensa de la sanidad pública de la comunidad. Los sanitarios consideraron a la exministra como una de las principales culpables del proceso de privatización que se estaba llevando a cabo. Tijera en mano, Mato será eternamente recordada por su tesón a favor de la instauración del polémico copago sanitario, una medida que siempre ha defendido alegando que «la sanidad es absolutamente insostenible».

Pero su polémico tijeretazo a la Sanidad no ha sido el único tropiezo en el camino. Pocos meses antes de convertirse en ministra en el 2011, Ana Mato aseguraba en una rueda de prensa que «los niños andaluces impartían las clases en el suelo». Una hilarante afirmación cuyo fondo estaba sorprendentemente basado en una fotografía en la que una profesora contaba un cuento a los pequeños alumnos. Salió ilesa. Y es que la Junta andaluza le lanzó un capote al reconocer que a principios de curso faltaban pupitres en algunas aulas.

No era la primera ocasión que Ana Mato «atacaba» la educación en la comunidad autónoma del sur. En el 2008, aseguraba que «los niños andaluces son prácticamente analfabetos». Unas duras palabras tras las que rápidamente tuvo que rectificar para explicar que había usado una expresión «muy poco afortunada» para reflejar que «en España existen diferentes niveles educativos entre las Comunidades Autónomas».

De su opinión acerca de la obesidad en España, también hubo quien quiso sacar puntilla. Mientras pedía la implicación de todos los agentes sociales para prevenir y acabar con la obesidad, Mato aseguraba, en plena crisis y con cientos de ciudadanos acudiendo a los servicios sociales a por una ayuda para mejorar su alimentación, que los españoles comen «más de lo debido» y se movían «poco».

Los tratamientos de fertilidad en mujeres le sirvieron otro nutrido puñado de críticas. Preguntada sobre qué criterio puede considerar el médico para incluir o excluir a un paciente de un diagnóstico de infertilidad, a Ana Mato su discurso volvía a jugarle una mala pasada y declaraba abiertamente que «la falta de varón no es un problema médico», dejando clara así su predisposición a excluir a las mujeres solteras y a las parejas de lesbianas de la financiación pública para este tipo de tratamientos.

De poco o nada ha servido la férrea defensa de Mariano Rajoy, que por activa y por pasiva y a pesar del temporal siempre ha calificado a su fiel compañera como «una magnífica ministra».

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